El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page
Page clama contra la cesión a Cataluña y los diputados socialistas castellano manchegos votan a favor de ella
PP, Vox, Podemos y UPN, con la misma posición que el presidente regional, impidieron la tramitación del traspaso de competencias de inmigración que los ocho diputados de Castilla-La Mancha apoyaron
El equilibrismo político del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, tuvo el pasado martes el penúltimo episodio. Page se mostró contundente como suele en sus palabras en contra de la cesión de las competencias de inmigración a Cataluña.
Dijo que esperaba, antes de la votación en el Congreso, que no se jugara «frívolamente con ceder competencias en política migratoria», lo que «significa segregar y poder elegir al que entra en función de que quien entre lo haga por la puerta identitaria». También se refirió a que «separar a los ciudadanos del mundo por cuestiones identitarias, es racismo».
Sentidas palabras en un sentido, valga la casi redundancia, sobre las que caía un silencioso, pese al estruendo real, convenientemente reservado, y enorme cubo de agua con el voto a favor de la cesión a Cataluña de los diputados socialistas castellanomanchegos en la Cámara Baja, con Sergio Gutiérrez, hombre de confianza de Page, al frente.
Dice el refrán que «A Dios rogando y con el mazo dando». El que ruega es Page y el del mazo es Gutiérrez. O «Sobre Cataluña despotricando y con el voto aprobando», en una variación política a vuelapluma. No es la primera vez que sucede ni a buen seguro la última.
Las palabras de Page se contradicen con los hechos que se justifican en que él no tiene responsabilidad porque lo suyo es la política regional que nada tiene que ver con las votaciones en el Congreso: el equilibrismo perfecto del discurso rebelde cuyas acciones acaban en sumisión perfectamente camuflada en la dialéctica regional con la que el presidente hoy, además, ha celebrado «literalmente» la pérdida de la votación.