(Foto de ARCHIVO)
Victoria Federica de Marichalar asite a la alfombra roja de la gala de presentación de carteles para la próxima Feria de San Isidro que se celebra en la Plaza de Toros de las Ventas, a 6 de febrero de 2025, en Madrid (España)

Francisco Guerra / Europa Press
TOROS;PLAZA;GENTE;TOREROS
06/2/2025

Victoria Federica de MarichalarEuropa Press

Este es el restaurante que ha enamorado a Victoria Federica (y no está donde imaginas)

Lejos de los focos de Madrid, Ibiza o Marbella, Victoria Federica ha caído rendida ante los sabores manchegos de Pepe Rodríguez en El Bohío

Ni Marbella, ni Madrid, ni Ibiza. El nuevo rincón favorito de Victoria Federica está en Illescas, un pueblo toledano donde la calma huele a vino, tradición y brasas. Allí, entre las calles silenciosas y los recuerdos familiares, Pepe Rodríguez ha construido un templo del sabor que lleva décadas conquistando paladares: El Bohío.

Fue allí donde la hija de la infanta Elena se sentó a disfrutar del Menú Degustación que ha convertido este restaurante en una parada obligada para los amantes de la alta cocina manchega. Una experiencia de doce pases que cuesta 290 euros por persona (160 sin maridaje) y que resume lo que es Pepe Rodríguez: un chef capaz de transformar la cocina tradicional en un relato contemporáneo lleno de emoción, humor y memoria.

«Cuida cada detalle al milímetro, se nota el cariño que le pone a todo», confesaba Victoria en una entrevista con Elle. Y en esa frase está, quizá, la clave de todo: la perfección de lo sencillo.

El alma de un pueblo en una mesa

A tan solo media hora de Madrid, Illescas no suele aparecer en las guías de escapadas glamurosas. Pero desde que El Bohío obtuvo su estrella Michelin en 1999, este rincón de Toledo se convirtió en un destino de peregrinación gastronómica. Lo curioso es que, pese a la fama, el restaurante no ha perdido su esencia familiar.

Pepe Rodríguez, que heredó el local fundado por su abuela en 1934, ha sabido mantener viva la historia de su familia mientras reinventaba su legado. Aquí, los guisos de la abuela dialogan con técnicas de alta cocina; el pasado y el presente se sientan a la misma mesa. Todo respira respeto, raíces y emoción.

El comedor es sobrio, luminoso, sin artificios. No busca impresionar: busca emocionar. Cada plato parece tener una historia detrás, y cada bocado invita a recordar que Castilla-La Mancha no solo se cuenta en los libros del Quijote, sino también en sus fogones.

Un menú que cuenta una historia

El Menú Degustación de El Bohío es un viaje a través del paisaje manchego sin moverse del plato. Desde los primeros bocados, se intuye que no se trata solo de comer, sino de entender una forma de mirar la cocina.

Los sabores son reconocibles —el pichón, la pringá, el escabeche, el queso azul, la manzana—, pero aparecen transformados por la imaginación del chef. Un escabeche de perdiz con foie gras que roza la perfección; un estofado de jabalí que combina fuerza y sutileza; un muslo de pichón con ajopringue que resume la esencia de su tierra.

El menú se cierra con tres postres que son casi un epílogo dulce: un bizcocho de leche con yogur y cereales, una tarta de manzana caliente con sorbete de frutos rojos y una leche quemada con hierbas y cacao que deja en el paladar la sensación de estar volviendo a casa después de un largo viaje.

En El Bohío, cada plato tiene alma. Es cocina de raíz, pero con la mirada puesta en el futuro. Pepe Rodríguez no se limita a cocinar: interpreta Castilla-La Mancha.

El secreto que ha conquistado a Victoria Federica

Mientras los restaurantes virales de moda se multiplican entre Ibiza y Madrid, Victoria Federica ha elegido un lugar con historia, calma y verdad. Un refugio donde nada es impostado y donde el lujo no está en el mármol ni en los focos, sino en la honestidad del sabor.

En su entrevista con Elle, lo resumió con delicadeza: «Desde la presentación hasta los sabores, se nota el cariño que hay detrás de todo». Y lo cierto es que en El Bohío todo parece fluir con la naturalidad de quien domina el tiempo. El servicio avanza sin prisas, los platos llegan con ritmo preciso y, de vez en cuando, el propio Pepe Rodríguez se asoma para saludar a los comensales.

Es alta cocina, sí, pero sin pretensiones. Técnica y emoción en partes iguales. La calidez de una casa de pueblo con la precisión de un laboratorio culinario. Esa mezcla de corazón y perfección que solo unos pocos saben equilibrar.

Un rincón de Castilla-La Mancha que late con estrella

Puede que Illescas no aparezca en los mapas del glamour, pero guarda algo que muchos lugares de moda han perdido: autenticidad. Y eso, en tiempos de postureo gastronómico, es un lujo escaso.

Victoria Federica lo ha entendido antes que nadie. Por eso, su escapada a El Bohío no es solo una elección gastronómica: es una declaración de intenciones. Un gesto que dice que, a veces, la verdadera exquisitez está en volver al origen. Que aproveche.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas