Joven vapeando

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Ni 14 años y ya vapean: el retrato que estremece a Castilla-La Mancha

El vapeo arrasa entre los menores de Castilla-La Mancha: empiezan a fumar antes de los 14 años y muchos ya combinan nicotina con alcohol y cannabis

Por las calles, en los recreos, en las esquinas de los institutos. Entre mochilas y móviles, una nube blanca se disuelve rápido, como un secreto compartido. Es vapor, no humo. Sabe a mango, a chicle, a frutos rojos. Y aunque parezca inocente, no lo es.

La última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes) 2025, presentada por el Ministerio de Sanidad, ha puesto cifras a una realidad que ya se intuía: el 38,4 % de los jóvenes de entre 14 y 18 años de Castilla-La Mancha ha usado cigarrillos electrónicos en el último año. Casi la mitad —el 48,9 %— los ha probado alguna vez.

Un dato que no sorprende a los profesores ni a los padres, pero que asusta por lo temprano que empieza todo.

13 años y un mechero imaginario

Según el estudio, la edad media de inicio en el tabaco en Castilla-La Mancha es de apenas 13,9 años. En el alcohol, la primera copa llega incluso antes: a los 13,8 años.

Son edades que no cuadran con la infancia, pero tampoco con la adolescencia. Son años en los que aún se coleccionan pegatinas, pero también se empiezan a coleccionar excusas.

La encuesta revela que el consumo diario de tabaco comienza, de media, a los 14,3 años, y que el cannabis aparece en sus vidas apenas unos meses después, a los 14,7.

Fumar sigue ahí, aunque cambie de forma

El vapeo ha ganado terreno, sí, pero el tabaco no ha desaparecido. En Castilla-La Mancha, el 27,8 % de los adolescentes ha fumado alguna vez, el 21,7 % en el último año y el 15,9 % en el último mes.

Ellas fuman más que ellos: el 18,3 % de las chicas lo ha hecho en los últimos 30 días, frente al 13,5 % de los chicos. Una diferencia que rompe estereotipos y añade una nueva capa a un problema antiguo.

Alcohol: la costumbre que se normalizó

El alcohol sigue ocupando el primer puesto del consumo adolescente. El 73,5 % de los jóvenes castellanomanchegos ha bebido alguna vez, el 70,2 % en el último año y casi la mitad (48,4 %) en el último mes.

Las chicas vuelven a liderar las cifras: el 75,7 % frente al 71,5 % de los chicos.

Más de cuatro de cada diez adolescentes (43,1 %) reconoce haberse emborrachado al menos una vez, y uno de cada tres (36,6 %) lo ha hecho en los últimos doce meses. Detrás de cada cifra, un vaso de colores, una noche larga, un «no pasa nada».

Cannabis: el humo que también seduce

El 20,7 % de los estudiantes de Castilla-La Mancha ha probado el cannabis alguna vez. El 10,9 % lo ha hecho en el último mes. Los porcentajes no son los más altos del país, pero revelan una tendencia que sigue ahí, silenciosa, pegada a los grupos de WhatsApp y las fiestas de fin de semana.

Una generación demasiado precoz

Los datos hablan de una generación que ha cambiado las cajetillas por dispositivos brillantes y los cigarrillos por sabores tropicales. Pero el fondo sigue siendo el mismo: la necesidad de parecer mayores antes de tiempo, de jugar con lo prohibido, de sentir que se controla lo incontrolable.

Mientras el Ministerio celebra que España alcanza mínimos históricos en el consumo de alcohol y tabaco, Castilla-La Mancha deja un retrato inquietante: una tierra donde la infancia se acorta y las primeras veces llegan demasiado pronto.

La pregunta, ahora, no es solo qué están fumando los adolescentes. La verdadera pregunta es por qué necesitan hacerlo tan pronto.

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