Caballos Enjaezados de Carpio de TajoJCCM

Más de 440 años cabalgando en un abrazo por Santiago Apóstol: los 'caballos enjaezados' de El Carpio de Tajo

La tradición en honor al santo ha sido reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional, poniendo en valor una costumbre nacida de una catástrofe

La gran extensión territorial de Castilla-La Mancha y su papel como frontera móvil durante la Reconquista, propició una gran proliferación de poblaciones. Muchas localidades miran sus orígenes en tiempos medievales, sirviendo tal periodo para su fundación o para recibir el impulso final hasta establecerse como enclave definitivo.

Grandes tradiciones extendidas más allá de los términos de los pueblos, beben de sucesos o hechos históricos que ocurrieron en tiempos lejanos. El Carpio de Tajo (Toledo) fue uno de esos lugares que atestiguan el paso de celtas y romanos. El asentamiento original fue reconquistado por Alfonso VI y años más tarde, concretamente en 1188, sería Alfonso VIII quien cedería los terrenos a la Orden de Trujillo.

Sería ya en siglo XII cuando el actual pueblo empezaría a tomar forma y con el paso de los siglos, no tardaría en consolidarse una tradición única y perenne. La fe de la época era palpable en cualquier aspecto de la vida cotidiana. De las cosechas y el cielo dependía llevarse algo al estómago el resto del año. En el siglo XVI, un año protagonizado por las inclemencias meteorológicas llevaría al pueblo a pedir por sus tierras a Santiago Apóstol.

Desde entonces los ‘caballos enjaezados’ recorren las calles de El Carpio de Tajo en una tradición que acaba de recibir la distinción de Fiesta de Interés Turístico Regional. Una celebración que sirve de ventana al pasado para descubrir la fe y costumbres de los antepasados vecinos.

Un santo a sorteo

Participantes en las carreras de caballos enjaezadosManu Reino

Trabajando la tierra y pendientes al cielo, El Carpio de Tajo peleaba por sacar su población adelante. Pensando en el devenir de las cosechas, un día, el mundo caería encima de la manera más dañina posible. Unas fuertes tormentas acompañadas de pedrisco arrasaron por completo los proyectos de cosecha que debían alimentar al pueblo durante una buena temporada.

En tiempo donde el propio comer era para muchos lo más cercano al lujo, las mesas quedaron vacías y El Carpio de Tajo no podía quedarse parado. Al año siguiente llegaron preparados y en 1584 se sorteó el nombre del santo que velaría por el próspero devenir del campo. El nombre resultante fue el de Santiago Apóstol y por ello cada 25 de julio se celebran los ‘caballos enjaezados’.

Enseguida quedaría constituida la Hermandad de Santiago, que desde entonces y hasta hoy, se encarga de organizar y llevar a cabo su emblemática tradición. La jornada comienza yendo a por el hermano mayor, que lidera el desfile inicial portando el pendón del santo antes del comienzo de las carreras.

A modo de presentación, los participantes dan tres vueltas a la plaza tras el pendón y seguidamente el hermano mayor se lanza a la carrera dando inicio al espectáculo. La gran curiosidad resulta de la manera de cabalgar. Dos jinetes se cogen por los hombros y el objetivo es correr lo más pegados posible con sus animales y a la máxima velocidad. Para ello los caballos son especialmente engalanados y los protagonistas deben entrenar desde meses antes, por la gran habilidad requerida en la tradición y para que los caballos se acostumbren.

Fiesta de Interés Turístico Regional

Participantes en las carreras de caballos enjaezadosManu Reino

Más de 400 años bien merecen la distinción otorgada, para dotarla de medios que hagan perdurar su tradición. El Carpio de Tajo cuenta con casi dos mil habitantes, que esperan el 25 de julio como uno de los días más especiales del año. Una muestra del legado ancestral presente en la villa, que pide a Santiago Apóstol por el bien de sus cosechas, como hicieron los antepasados locales allá por 1584.

La respuesta a las tremendas granizadas acontecidas condicionaron que el santo pasara a ser protector del pueblo y se le honra con las reconocidas carreras de caballos. Su popularidad es un hecho y cada año más visitantes se acercan para sentir en primera persona la adrenalina del ‘galope enjaezado’.

La tradición marca que se debe empezar con tres vueltas a modo de desfile en la plaza, para posteriormente dar comienzo a las carreras con jinetes y caballos lo más unidos posible. En la última edición de este 2025, participaron 24 personas en 12 parejas para las tres carreras programadas, como marca la tradición. A la cabeza el hermano mayor con el pendón de Santiago Apóstol, que desde hace más de cuatro siglos, vela por las cosechas carpeñas.