Pablo Picasso retratado en 1971GTRES

Robadas del Louvre y directas a las manos de Picasso: las cabezas íberas del Cerro de los Santos de Albacete

El hallazgo del yacimiento del Cerro de los Santos, en Montealegre del Castillo, Albacete, abrió la puerta a una reinterpretación de la historia íbera, que llamó la atención de arqueólogos franceses para adquirir piezas destinadas al Museo del Louvre

En un día cualquiera, en la localidad de Montealegre del Castillo, Albacete, un hallazgo cambiaría por siempre la crónica histórica de la Península Ibérica. Aferrados al relato de la antigüedad, guiado por el paso de griegos, fenicios, cartagineses y romanos, la presencia de pueblos como celtas e íberos quedaba relegada a un segundo plano, como leyenda o misterio por descifrar.

Aquel día de 1860, el pequeño lugar alejado del gran bullicio urbano, alzaría la voz para dar cuenta de un descubrimiento sin precedentes. El terreno resguardaba del paso del tiempo al santuario ibérico del Cerro de los Santos, que a su regreso a la vida propició el comienzo de un proceso de estudio sobre el pueblo íbero, palpable y amparado en vestigios significantes.

Autores de época clásica daban cuenta de pueblos presentes en la Península, pero su antigüedad en la cronología del tiempo complicó la aparición de manifestaciones rigurosas, como las figuras artísticas del yacimiento. Un reflejo de la cultura ibérica que daba luz al pasado de la actual España y que supuso uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de todo el siglo XIX.

Esculturas, ánforas o monedas, que atestiguaban también el paso de romanos, aparecieron en el cerro, provocando un rápido interés ligado, por desgracia, a la mala praxis de algunos que trataron de lucrarse con la historia. Investigadores albaceteños dieron importancia a la excavación y su fama llegó a oídos franceses, que llegaron a llevarse varias piezas al Museo del Louvre. Allí permanece todavía una pequeña muestra, que ahora se reúne con el resto (hasta el 26 de mayo) en el Museo Arqueológico Nacional.

Un yacimiento para cambiar la historia

Fundación Ibercaja, el MAN y el Museo del Louvre presentan nueva exposición: un diálogo entre escultura ibéricaLUIS GARCIA CRAUS

Dentro del proceso de deforestación de la zona, el Cerro de los Santos ya recibía tal nombre, como fundamentan relatos del siglo XIV. Aquel lugar tranquilo guardaba un gran secreto, que fruto de un incendio en 1830 comenzaría a desvelarlo poco a poco, hasta su gran colofón con los hallazgos producidos treinta años más tarde.

Concretamente, el 28 de junio de 1860, un vecino de Corral-Rubio, informó del descubrimiento que llegó pronto a oídos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por desgracia, las primeras excavaciones estuvieron alejadas del protocolo oficial de expertos. El interés por objetos de relevancia histórica, codiciados por coleccionistas, llevó hasta el lugar al joyero y relojero Vicente Juan y Amat, residente en Yecla (Murcia). No tardó en encontrar rédito a los vestigios, vendiendo algunos de ellos y falsificando otros cuantos, actividad que cesó por la actuación del conde de Montealegre.

La primera actuación oficial sobre el yacimiento destapó el templo y entre todas las piezas, una escultura de valor incalculable, conocida desde entonces como la Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos. Pronto llegarían investigaciones y nuevas excavaciones por parte del MAN y del Museo de Albacete, a las que se sumó la presencia de arqueólogos franceses que lograron la adquisición de algunas piezas para exponer en el Museo del Louvre.

El Louvre, un robo y Picasso

Cabezas íberas halladas en el Cerro de los Santos de Montealegre del Castillo (Albacete)

Lo que cabría catalogar como caprichos del destino, casi siempre termina por tener una explicación. ¿Cómo dos cabezas íberas halladas en Albacete y robadas en el Louvre acabaron en manos del pintor malagueño, Pablo Picasso? La historia comienza con la llegada de las piezas procedentes directamente del yacimiento, gracias a los arqueólogos franceses. Como vestigios de gran valor, fueron expuestas en el Museo del Louvre, pero en 1907 desaparecieron.

Un nuevo robo en el Louvre, uno de tantos. En 1911, sería turno para la Mona Lisa y recientemente, en pleno 2025, el ya mundialmente famoso robo de las joyas de la Corona francesa. En cuanto a las cabezas, tiempo después se supo que el autor de su desaparición fue Géry Piéret, secretario de Guillaume Apollinaire, afamado poeta y crítico de arte de origen italiano. Tal confesión, señalaría al dramaturgo como sospechoso del robo de La Gioconda cuatro años después, suceso que le llevaría a prisión durante cuatro días.

Demostrada su inocencia, Apollinaire sí que había mediado para que las cabezas acabaran siendo vendidas a su buen amigo, el pintor, Pablo Picasso. «Picasso no sabía que fueron robadas, pero estaba muy interesado en las piezas por lo bien representadas que estaban las orejas. El español, en cuanto supo que eran robadas, las devolvió a un periódico francés que las dio al Louvre», ha señalado la comisaria de la exposición temporal 'Diálogos de escultura ibérica’.

Las dos cabezas protagonistas del robo vuelven a España, para la exposición que acogerá el Museo Arqueológico Nacional, hasta el 26 de mayo. En ella se reúne por primera vez el conjunto de obras expuestas en París hasta 1936, lo que permite reflexionar sobre el proceso de monumentalización de la escultura en el mundo ibérico. Los arqueólogos franceses Arthus Engel y Pierre Paris adquirieron esculturas emblemáticas procedentes del Llano de la Consolación (Montelalegre del Castillo, Albacete) y el Cerro de los Santos (Albacete), entre otros.