Miguel de CervantesGetty Images/FierceAbin

El pueblo donde Cervantes cambió su vida para siempre vuelve a viajar al Siglo de Oro

Las XLVI Jornadas Cervantinas transforman Esquivias en un viaje al Siglo de Oro, el mismo escenario donde Cervantes halló inspiración, hogar y el comienzo de su destino literario

A medio camino entre Toledo y Madrid, donde el paisaje se abre como un libro dispuesto a ser leído, Esquivias vuelve a transformarse en el escenario que Miguel de Cervantes eligió —o quizá fue elegido por él— para cambiar el rumbo de su vida. Entre el 6 y el 14 de diciembre, el municipio celebra sus XLVI Jornadas Cervantinas, una cita declarada de Interés Turístico Regional que este año adquiere un significado especial: no solo revive la boda entre Cervantes y Catalina de Salazar, sino que se integra en un ambicioso proyecto provincial destinado a contar la historia de España a través de sus pueblos.

El anuncio lo hizo Joaquín Romera, vicepresidente de la Diputación de Toledo, durante la presentación oficial en la Casa Museo Cervantes, un lugar que aún conserva el eco de pasos que parecen no querer desvanecerse. Romera habló de tradición, de orgullo, de identidad, pero también del papel que estos pueblos silenciosos desempeñan en la memoria cultural del país. «Son días en los que la historia cobra vida», afirmó, mientras recordaba que Esquivias es mucho más que una escenografía del Siglo de Oro: es un territorio donde la literatura sucede.

El pueblo donde Cervantes encontró calma, amor… y origen

Para entender la fuerza de estas jornadas hay que volver a 1584, cuando Cervantes llegó a Esquivias para resolver un asunto literario y, casi sin saberlo, encontró allí el punto de inflexión de su biografía. Venía a entrevistarse con Juana Gaitán para gestionar la publicación del Cancionero de su amigo Pedro Laínez. Pero ese viaje le llevó a conocer a Catalina de Palacios, la joven que se convertiría en su esposa el 12 de diciembre de aquel mismo año, en una boda íntima en la que ni los padres del escritor ni la madre de ella pudieron estar presentes.

Lo que sí quedó, y aún permanece custodiado, es la inscripción del matrimonio en los libros parroquiales. También queda el eco de aquella casa donde vivieron algunos meses, propiedad de Alonso Quijada de Salazar, pariente de Catalina y figura que muchos estudiosos señalan como inspiración directa para la creación de Don Quijote. Allí, entre paredes encaladas y vigas centenarias, se fraguaron conversaciones, anécdotas y nombres que más tarde aparecerían en el Quijote: Diego Ricote, Sansón Carrasco, Juana Gutiérrez, Teresa Cascajo… Esquivias era entonces un microcosmos donde la literatura se mezclaba con la vida real.

La escritora Emilia Pardo Bazán lo definió como «el oasis» de Cervantes. El lugar donde encontró —aunque fuera brevemente— un respiro. «Si Cervantes no hubiera venido a Esquivias, no existiría el Quijote», sentenció el cervantista Luis Astrana Marín. Y quizá por eso este pueblo conserva la sensación íntima de ser origen, semilla, raíz.

Una semana para caminar dentro de la historia

Con este legado como telón de fondo, las Jornadas Cervantinas vuelven a desplegarse con un programa que combina tradición y novedades. Este año, Esquivias se propone convertirse —aún más— en un auténtico escenario del Siglo de Oro, donde gigantes y cabezudos recorren la Plaza de España, la escultura Entre Versos… Amor rinde homenaje a Cervantes y Catalina, y las recreaciones históricas estrenan vestuario para envolver de verosimilitud cada gesto, cada palabra, cada paso.

Las calles se llenan de música, de teatro participativo, de olores que mezclan migas recién hechas con chocolate caliente para una chocolatada solidaria. El Mercado Cervantino, la exposición de artistas locales, la cata de aceite y vino o las visitas teatralizadas convierten el municipio en una suerte de viaje temporal donde la historia no se observa, sino que se pisa.

Pero el corazón de la semana late en la escenificación de la Boda de Cervantes y Catalina, uno de los momentos más esperados, cuando el pueblo entero se convierte en un escenario vivo donde la ficción se funde con el archivo histórico. La directora de la Casa Museo, Susana García, recuerda que todo esto sucede en un lugar donde realmente vivieron Cervantes y Catalina, un espacio «profundamente ligado» a la literatura universal.

Un legado que traspasa fronteras

Esquivias no solo celebra a Cervantes: lo proyecta al mundo. Desde hace quince años, acoge la Lectura Universal del Quijote, un encuentro único donde diplomáticos y embajadores leen fragmentos de la obra en sus lenguas natales. Este año han resonado voces en guaraní, turco, albanés, francés, maltés, portugués, sueco o serbio. Cada idioma abre un sendero nuevo hacia el mismo libro, como si el Quijote se reinventara en cada pronunciación.

En la Casa Museo se custodian ediciones en múltiples lenguas —incluida una inglesa del siglo XVII— junto a documentos originales que prueban la existencia de los personajes reales que inspiraron al escritor. También se conserva una carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús, escrita en 1576, como si la historia tuviera el capricho de confluir en este mismo punto del mapa.

Esquivias, un relato que sigue vivo

Estos días, Esquivias vuelve a recordarse y recordarnos que la literatura no pertenece solo a los libros: pertenece a los lugares que la hicieron posible.

En 2026 se cumplirá el 400 aniversario de la muerte de Catalina de Palacios, y el Ayuntamiento ya prepara un año repleto de homenajes. Quizá porque, en el fondo, la historia de este pueblo es también la historia de un amor, de una obra inmortal y de un legado que sigue creciendo.

Y cuando las jornadas terminen y vuelva el silencio, Esquivias seguirá ahí, guardando ese rincón donde Cervantes encontró, por un instante, la calma suficiente para imaginar al hidalgo más famoso de la literatura. Un rincón que hoy vuelve a cobrar vida para que los visitantes sientan —como él sintió— que aquí comienza algo.