Molinos de Viento de Alcázar de San Juan, Ciudad Real

Molinos de Viento de Alcázar de San Juan, Ciudad RealJuan Mena

Pocos saben que Cervantes fue bautizado aquí… y que este pueblo es ahora un paraíso para viajar todo el año

Alcázar de San Juan se consolida como el gran icono turístico del corazón de Castilla-La Mancha, con una oferta que une patrimonio, vino, gastronomía y tradición durante todo el año

En el corazón de Castilla-La Mancha, Alcázar de San Juan continúa tejiendo su historia como un tapiz donde se entrelazan el vino, la cultura y el patrimonio. Ya no es sólo una parada en la Ruta del Quijote: es un destino en sí mismo, un emblema de la Mancha que ha aprendido a reinventarse sin perder su esencia.

La alcaldesa, Rosa Melchor, lo resume con orgullo: Alcázar de San Juan ha sabido convertir su legado en una experiencia viva. La iglesia de Santa María la Mayor, erigida sobre una antigua mezquita, es el mejor ejemplo. En ella se custodia la pila bautismal donde —según defienden los estudios locales— fue bautizado Miguel de Cervantes. Un templo que mezcla siglos y estilos, desde el ábside románico hasta los muros con huellas visigodas, la capilla mudéjar con yeserías policromadas y el barroco que domina el altar mayor. En 2026 cumplirá ochocientos años como parroquia, y la ciudad ya se prepara para celebrarlo «por todo lo alto».

Iglesia de Santa María la Mayor, Alcázar de San Juan

Iglesia de Santa María la Mayor, Alcázar de San JuanPortal Cultura Castilla-La Mancha

A pocos pasos, la Posada de Santo Domingo —una casa noble del siglo XVI con una ermita adosada— acoge hoy el Museo Municipal, un espacio que guarda la memoria pictórica y arqueológica de la ciudad. El Palacio del Gran Prior y su torre almohade del siglo XIII completan el recorrido monumental, junto con los molinos que coronan el cerro de San Antón y que siguen girando al ritmo del viento manchego.

Incluso los hallazgos más recientes, como el Pozo de los Deseos descubierto en la plaza de Santa María, se han convertido en nuevos símbolos. «Es un lugar donde los visitantes lanzan su moneda y su ilusión, y estoy segura de que muchos deseos se cumplen», confiesa Melchor.

El tren, la memoria y el porvenir

Si el pasado ha dejado su huella en piedra y cal, el futuro de Alcázar se mueve sobre raíles. La alcaldesa mantiene viva una vieja aspiración: que el Tren de Cervantes, procedente de Madrid, amplíe su frecuencia y haga de la capital de La Mancha una parada habitual. Para lograrlo, la ciudad trabaja en la rehabilitación de las antiguas naves ferroviarias del siglo XIX, joyas industriales que acogerán el futuro Museo del Ferrocarril.

El proyecto, en colaboración con la Fundación de Ferrocarriles Españoles, está listo para despegar en cuanto llegue la financiación necesaria. «En cuanto tengamos los fondos, comenzaremos la restauración», asegura Melchor. «Solo las naves, por sí mismas, ya son un museo digno de visitar».

Un calendario sin estaciones

La gran fortaleza de Alcázar de San Juan es su capacidad para ofrecer turismo todo el año. En marzo, el vino protagoniza una de las citas más singulares de Castilla-La Mancha: la cata multitudinaria Mil no se equivocan, donde un millar de personas se convierten en jurado de los mejores vinos de la comarca. Un mes después, la primavera estalla en la Feria de los Sabores, que reúne vino, queso, miel, berenjenas, encurtidos y gachas en una fiesta de gastronomía y música.

El verano llega con los Moros y Cristianos, una celebración nacida en el barrio de Santa María que hoy ostenta el título de Fiesta de Interés Turístico Regional. Y cuando septiembre se despide, la Feria y la festividad de la Virgen del Rosario llenan las calles de devoción, flores y música.

En otoño, el calendario se vuelve cervantino. Cada noviembre, la ciudad conmemora el bautismo de Miguel de Cervantes con una recreación teatral, lecturas del Quijote y catas de vino que maridan literatura y tradición. En esas mismas fechas se celebra la fiesta del guiso de las Bodas de Camacho, que ya es todo un clásico en los bares y restaurantes locales.

Y mientras el resto del país guarda los trajes de fiesta, Alcázar los saca para su Carnaval, el único en el mundo que se celebra dos veces: antes y después de Navidad. Una tradición que convierte diciembre en otro mes de bullicio, color y turismo.

Patrimonio vivo y noches mágicas

En verano, la ciudad se viste de luz con la Noche del Patrimonio, una jornada en la que los monumentos abren sus puertas gratuitamente bajo las estrellas. También brilla la Fiesta de la Molienda Nocturna, un espectáculo sensorial que reúne los sonidos del molino, el olor del grano convertido en harina y la emoción de revivir un oficio ancestral.

Con seiscientas plazas hoteleras y varios «overbookings» a lo largo del año, Alcázar de San Juan demuestra que su atractivo ya no depende del calendario. La mezcla de patrimonio, vino, gastronomía y cultura ha hecho de esta localidad un imán para el viajero que busca autenticidad.

La alcaldesa lo vive de cerca: «A veces cruzo la plaza y algún turista me pide que les haga una foto. Me presento y se sorprenden. Les hace ilusión que sea la alcaldesa quien capture ese recuerdo», cuenta entre risas. Son escenas cotidianas de una ciudad que ha aprendido a mirar al futuro sin renunciar a su alma manchega.

Hoy, Alcázar de San Juan es mucho más que un punto en el mapa: es una forma de entender La Mancha, un territorio donde la historia se respira, el vino se comparte y el tiempo parece detenerse solo para disfrutar.

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