Puente árabe sobre el río Henares
El puente árabe de más de mil años en Guadalajara, símbolo de la ciudad y al que nadie cuida, pese a ser BIC
La declaración de Bien de Interés Cultural no protege únicamente la estructura del puente, también sus zonas adyacentes que corresponden al Ayuntamiento y que presentan un estado lamentable
El cuidado y puesta en valor del patrimonio histórico se ha asentado en la conciencia colectiva de la mayoría de las personas. Mantener con vida los vestigios del pasado permite mirar a través de la historia del lugar por el que uno camina. Sin conocer de dónde se viene y la idiosincrasia del lugar habitado o visitado, la forja de la identidad se puede ver truncada, pero el ejercicio del saber solo augura resultados enriquecedores.
El legado histórico de España, amplio y plural culturalmente ha necesitado de un esfuerzo extendido en décadas para lograr la presencia de los que hoy son emblemas de orgullo de la cultura nacional. Pese a ello persisten lugares que, alejados de los focos de las rutas turísticas, experimentan el deterioro del paso del tiempo, que no es de un día a otro y que se va erosionando poco a poco.
Lo más preocupante se advierte cuando esas huellas del pasado no están alejadas del público e incluso desarrollan papeles protagonistas en la rutina diaria de las ciudades. Sin que nadie advierta en su verdadero valor patrimonial, construcciones como el puente árabe de Guadalajara comienzan a advertir un pasotismo institucional del que nadie asume responsabilidades.
El puente árabe data del siglo X, por lo que ha servido durante más de mil años a los habitantes del lugar para lograr salvar el paso del río Henares. Desde 1931, su existencia está declarada como Monumento histórico-artístico, por lo que llega a la actualidad protegido como Bien de Interés Cultural, aunque sus propias instituciones no muestren la responsabilidad precisa para guardar el vestigio de mayor antigüedad de Guadalajara.
Una batalla contra el tiempo
Ilustración de como sería el puente árabe en el siglo XVI
Las primeras investigaciones sobre el origen del conocido como ‘puente árabe’ durante el siglo XVIII señalaban la cultura romana como fruto de su construcción, pero los estudios más recientes concluyen su origen andalusí, situado en días del siglo X. De hecho, el puente que lleva un milenio haciendo posible el paso sobre el río Henares es uno de los pocos conservados erigidos por los andalusíes.
La obra fue mandada dentro de los planos de construcción elaborados por Abd al-Rahman III y el de Guadalajara consta de cuatro ojos idénticos, más uno de menores dimensiones. Realizado en piedras de sillar definidas finalmente como árabes por Leopoldo Torres Balbás en 1940, por la idiosincrasia del mismo.
El mayor enemigo del puente, por encima del paso del tiempo, ha sido la repetida crecida del río, que poco a poco hizo mella hasta a obligar a su reparación y modernización con las primeras obras recogidas en los siglos XVI y XVII. Ya en el siglo XVIII, las crecidas del Henares aumentaron su asiduidad y el puente quedó maltrecho, por lo que durante el reinado de Carlos III fue obligada su reconstrucción.
Durante los siglos queda plasmada una conciencia por el mantenimiento del puente, lo que ha permitido que se mantenga con vida desde el siglo X, como construcción más antigua presente en la ciudad. Ahora, pese a su declaración como Bien de Interés Cultural, el puente presenta signos de abandono en sus alrededores, los cuales forman también parte del patrimonio, aunque nadie asume responsabilidades.
El Ayuntamiento señalado
La evidente dejadez institucional local ha llevado a los delegados de Educación, Cultura y Deportes, Ángel Fernández-Montes y el de Fomento, Javier del Molino, a explicar a quien compete la responsabilidad de cada tarea de mantenimiento y preservación. Por ello, han desarrollado que el puente en sí corresponde al Gobierno regional, pero han hecho hincapié en las que competen al Ayuntamiento de la capital, reclamando al equipo de Gobierno de Ana Guarinos, que asuma su responsabilidad.
Según informa el Ejecutivo, la Delegación de Fomento realiza periódicamente tareas de mantenimiento en la estructura, al ser titular de la carretera que discurre sobre él y de la propia estructura del mismo. La declaración de BIC afecta a su entorno más cercano. En este caso las dos fincas adyacentes a ambos márgenes del río son propiedad del Ayuntamiento de Guadalajara, según ha puntualizado el delegado de Educación, Cultura y Deportes, Ángel Fernández-Montes.
Por ello, desde la Delegación se han enviado este mismo año dos requerimientos al Ayuntamiento, con fecha 24 de enero y 9 de septiembre, para que lleve a cabo en sus fincas las acciones necesarias para preservar este BIC.
En concreto, se le ha requerido al Consistorio que, en la margen izquierda del río, actúe sobre la barbacana (muro que sujeta la finca al situarse esta en altura) eliminando totalmente los tocones de árboles que han ido naciendo y que dañan las piedras de este elemento constructivo que se encuentra en riesgo y con daños visibles en su estructura.
El puente precisa de actuaciones
Asimismo, se les ha requerido para que asuman un mantenimiento periódico de la vegetación en su finca para evitar más daños futuros. En cuanto a la margen derecha, el Ejecutivo regional dice haber solicitado al Consistorio que realice un proyecto integral para la puesta en valor de la casa de compuertas del Molino del Duque.
En los requerimientos se le pide también al Ayuntamiento que se haga cargo de la instalación de un sistema de desagüe con una válvula antirretorno en la zona más próxima a los arcos recuperados (SUE-30) para evitar los encharcamientos que se producen en momentos de fuertes lluvias.
Confederación Hidrográfica
Puente árabe sobre el río Henares
El tercer organismo con responsabilidad en la zona es la Confederación Hidrográfica del Tajo, a quien desde la Delegación de Educación, Cultura y Deportes se le solicitó un informe técnico sobre la viabilidad de desplazar la mota situada en la margen derecha del río ante la solicitud de abrir los últimos ojos del puente, que permanecen cerrados.
Según el Ejecutivo, la Confederación ha contestado que no es viable modificar dicha mota, ya que cumple una función esencial como defensa contra posibles inundaciones, ya que esta infraestructura protege frente a riadas y su alteración incrementaría el riesgo para personas, bienes y patrimonio.
Lucha contra el vandalismo
Asimismo, desde el Gobierno regional advierten que en los últimos meses se ha retirado la vegetación que cubría los tajamares del puente y se han ido eliminando las pintadas que han aparecido en dos ocasiones en algunos de los ojos.
En este sentido el delegado de Fomento, Javier del Molino, ha lamentado que a día de hoy se produzcan este tipo de actos vandálicos y ha recordado que para llevar a cabo su limpieza es necesario contar un proyecto de actuación y encomendar la tarea a empresas especializadas en el tratamiento de BICs, lo que encarece y retrasa el procedimiento.
Por todo ello, el delegado de Educación, Cultura y Deportes ha hecho un llamamiento a todas las partes implicadas en la preservación del puente árabe para que asuman sus responsabilidades en la preservación de «uno de los elementos arquitectónicos más antiguos de la ciudad y que debemos mantener por su propio valor histórico y patrimonial».