Botarga de los Casados

Botarga de los CasadosAyuntamiento de Robledillo de Mohernando

Cuando el año nuevo empieza con campanillas: la tradición más inquietante de Guadalajara

Cada 1 de enero, una figura enmascarada recorre las calles de este pueblo, llama a las puertas y despierta una tradición que lleva siglos resistiendo al tiempo

En la provincia de Guadalajara, las botargas no son un recuerdo folclórico encerrado en un museo ni una postal congelada en el tiempo. Son presencia, movimiento y ruido. Figuras enmascaradas que recorren las calles con un lenguaje propio, heredado de siglos, donde cada gesto tiene un significado y cada sonido anuncia que algo ancestral sigue latiendo.

Entre todas ellas, destaca la Botarga de los Casados, que aparece cada 1 de enero en Robledillo de Mohernando. No es casualidad la fecha. El primer día del año marca el inicio, el renacer, la frontera simbólica entre lo que fue y lo que empieza. Y en ese tránsito, la botarga toma las calles.

Campanillas, máscaras y un ritual que atraviesa generaciones

Vestida con un traje llamativo, cargada de campanillas y con el rostro cubierto por una máscara que borra identidades, la botarga recorre el pueblo llamando a puertas, pidiendo limosna y persiguiendo a niños y mozas. No hay violencia en el gesto, sino juego, ruido y una teatralidad que transforma lo cotidiano en ceremonia.

El sonido metálico que acompaña su paso no es casual. Anuncia, despierta, incomoda y recuerda que el pueblo sigue siendo comunidad. Durante unas horas, las calles dejan de ser simples vías de paso para convertirse en escenario. Los vecinos no solo observan: participan, reconocen los códigos, sonríen porque saben lo que viene después.

De los rituales de invierno a una tradición que resiste

Históricamente, las botargas estuvieron ligadas al ciclo invernal, a rituales de protección, fertilidad y renovación. Con el paso del tiempo, muchas de estas celebraciones se han adaptado al calendario, integrándose en fiestas religiosas o incluso en verano. Sin embargo, la Botarga de los Casados conserva esa conexión directa con el invierno y el inicio del año, como si se negara a perder su sentido original.

No es una representación para turistas, aunque quien llega se siente inmediatamente atrapado. Es una tradición que se mantiene porque el pueblo la reconoce como suya, porque cada generación ha entendido que dejarla morir sería romper un hilo invisible con su propia historia.

Guadalajara, tierra de botargas y memoria viva

La Botarga de los Casados es solo una pieza de un mosaico mucho más amplio que define a la provincia de Guadalajara. Decenas de pueblos conservan figuras similares, cada una con sus matices, sus fechas y sus rituales. Todas comparten algo esencial: no han sido domesticadas por el tiempo.

Visitar Guadalajara en Navidad o en los primeros días de enero no es solo hacer turismo rural. Es asomarse a un patrimonio vivo, donde la cultura popular no se exhibe, sino que se practica. Donde el visitante no consume tradición, sino que la observa desde el respeto.

Un sonido que anuncia que el año empieza de verdad

Cuando la Botarga de los Casados termina su recorrido y el ruido se apaga, algo queda flotando en el ambiente. La sensación de haber asistido a algo auténtico, sin filtros ni artificios. Porque en Robledillo de Mohernando, el año no empieza con fuegos artificiales, sino con campanillas, máscaras y memoria. Feliz año nuevo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas