Patio del Palacio del Marqués de Malpica, Toledo

Patio del Palacio del Marqués de Malpica, ToledoPortal de Cultura de Castilla-La Mancha

El palacio renacentista de Toledo que despierta tras siglos oculto con una inversión de 11 millones

Una rehabilitación sostenible sacará a la luz patios históricos, bóvedas y elementos ocultos de uno de los grandes palacios de la ciudad

En la plaza de Santa Clara, junto al silencio del convento de las clarisas franciscanas, se alza uno de esos edificios que parecen observar la ciudad desde otra época. El Palacio del Marqués de Malpica, también conocido como Palacio de Malpica, inicia ahora una nueva vida gracias a una ambiciosa rehabilitación sostenible que movilizará más de once millones de euros. No es solo una obra pública. Es una operación quirúrgica sobre la memoria de Toledo.

El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha licitado por 11.066.503,70 euros las obras para recuperar este Bien de Interés Cultural, declarado monumento en 1998, dentro del Programa de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico. Una intervención que mira al futuro sin romper el delicado hilo que une al edificio con su pasado.

Un palacio que nació para ser mirado

El palacio perteneció al Marqués de Malpica y Valdepusa y es una de las piezas más refinadas del Toledo renacentista. De planta cuadrada y dos alturas, el edificio se articula en torno a un patio central que ha marcado su identidad durante siglos, al que se fueron sumando construcciones anexas con el paso del tiempo.

Su fachada principal, abierta a la plaza de Santa Clara, ha sufrido transformaciones, pero conserva todavía una torre-mirador en uno de sus extremos, como un ojo que vigila la ciudad. Los muros combinan cajones de sillarejo encintado y paños de ladrillo, mientras que la puerta principal, de piedra y adintelada, se presenta flanqueada por ménsulas que sostienen un balcón superior, discreto y elegante.

Fachada principal del Palacio del Marqués de Malpica

Fachada principal del Palacio del Marqués de Malpica© ROSA ZABA

Bajo el edificio, los sótanos —de enormes dimensiones— conservan intactas sus bóvedas, uno de esos espacios invisibles que sostienen la historia desde abajo.

El patio que delata a un gran maestro

El corazón del palacio late en su interior. Un patio cuadrado, con cuatro columnas por lado y dos pisos superpuestos, ambos de orden jónico, adintelados con zapatas y dinteles de piedra. En el nivel inferior, las zapatas están decoradas con tondos de rosáceas y el entablamento alterna esa misma decoración con los escudos familiares, mientras que las esquinas se resuelven con columnas de zapata doblada, una solución tan técnica como estética.

En el piso superior, las columnas descansan sobre pedestales rectangulares y la decoración cambia sin romper la armonía: aparecen veneras en las zapatas y las conocidas cabezas covarrubiescas sustituyen a los antiguos escudos. Una cornisa final, sostenida por fuertes ménsulas alternadas con flores de cuatro hojas, cierra el conjunto con solemnidad.

Aunque no existe documentación definitiva, la autoría del patio se atribuye con fuerza a Alonso de Covarrubias, por su clara semejanza con otras obras suyas. Su ejecución se situaría a finales de la tercera década del siglo XVI, en pleno esplendor del Renacimiento toledano.

La escalera que ordena el espacio y el tiempo

A la izquierda del patio se desarrolla una gran escalera claustral, uno de los elementos más singulares del edificio. No se abre directamente al patio, sino que queda protegida por una crujía perimetral que aún conserva columnas y dinteles decorados con las mismas rosetas que el patio principal.

La escalera, de caja abierta, arranca desde dos huecos adintelados separados por una columna y flanqueados por pilastras. El dintel continuo, nuevamente decorado con rosáceas, refuerza la sensación de unidad arquitectónica. Todo en el palacio parece responder a un mismo pulso, a una idea clara de orden y proporción.

Una rehabilitación para revelar lo que estaba oculto

El proyecto de rehabilitación, redactado por el estudio PAZ+CAL tras el concurso convocado en 2021, mantiene el uso administrativo actual del edificio —sede de la Demarcación de Carreteras del Estado en Castilla-La Mancha—, pero lo hace compatible con una recuperación profunda de sus valores patrimoniales.

PALACIO DEL MARQUES DE MALPICA Y VALDEPUSA

PALACIO DEL MARQUES DE MALPICA Y VALDEPUSA© ROSA ZABA

La intervención permitirá sacar a la luz elementos ocultos, mejorar las condiciones estructurales y renovar por completo las instalaciones de agua, electricidad, climatización, ventilación, protección contra incendios y sistemas de comunicación. Todo ello con criterios de sostenibilidad, eficiencia energética y mejora del confort, sin traicionar la esencia histórica del conjunto.

Se actuará también sobre las cubiertas, las fachadas y las carpinterías históricas, recuperando madera tradicional y consolidando volúmenes que el tiempo había ido diluyendo.

Un calendario largo para una obra que lo merece

El plazo para presentar ofertas estará abierto hasta el 2 de marzo de 2026. Las obras tendrán una duración estimada de 30 meses, con previsión de finalización en 2029. Un proceso largo, medido, casi artesanal, acorde con la importancia del edificio.

El Palacio del Marqués de Malpica no será solo un inmueble rehabilitado. Será un palacio reinterpretado, un espacio donde el Toledo islámico, renacentista y contemporáneo vuelven a dialogar. Porque hay edificios que no se restauran para lucir, sino para seguir contando historias.

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