Damasquinado de Toledo
El secreto de oro de Toledo que Castilla-La Mancha acaba de proteger para siempre
El damasquinado de Toledo ya es Bien de Interés Cultural: un arte milenario que protege la identidad, la memoria colectiva y el futuro de la ciudad
Hay artes que no solo se miran: se heredan. Gestos repetidos durante siglos, manos que aprenden observando a otras manos, hilos invisibles que unen pasado y presente. Toledo acaba de blindar uno de esos tesoros que explican la ciudad sin necesidad de palabras. El damasquinado ya es Bien de Interés Cultural en la categoría de Bien Inmaterial, un reconocimiento que va mucho más allá de una declaración administrativa.
Castilla-La Mancha ha decidido proteger para siempre un arte que forma parte de la piel de Toledo, de su memoria colectiva y de su identidad más profunda. Un arte que brilla en escaparates, pero también en la historia íntima de generaciones enteras.
Un reconocimiento que protege la memoria… y también el futuro
La decisión fue aprobada en el primer Consejo de Gobierno del año. Desde allí, la portavoz del Ejecutivo regional, Esther Padilla, lo explicó con palabras que miran al ayer y al mañana al mismo tiempo: proteger el damasquinado es proteger la identidad de Toledo, su memoria colectiva y el futuro de un oficio que ha sobrevivido al paso de los siglos.
Porque el damasquinado no es solo una técnica artesanal. Es cultura transmitida, conocimiento compartido, tradición viva. Un lenguaje hecho de oro y acero que identifica a la capital regional dentro y fuera de España.
Un año de trabajo para blindar un arte único
La declaración de Bien de Interés Cultural no ha sido un gesto improvisado. Llega tras un año de trabajo conjunto entre el Gobierno regional y la comunidad que sostiene este oficio desde hace siglos. Un camino en el que han participado las consejerías de Educación, Cultura y Deportes y de Economía, pero también quienes llevan décadas defendiendo el valor real del damasquinado.
Entre ellos, la Fundación Damasquinado de Toledo, impulsora clave de esta iniciativa, y la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, que ha aportado una valoración rigurosa de su importancia histórica y artística. Un respaldo que confirma lo que Toledo siempre ha sabido: que este arte es único.
Las manos que sostienen el oro de Toledo
Detrás de cada pieza damasquinada hay tiempo, paciencia y saber hacer. Maestros artesanos que han mantenido viva la técnica, talleres que han resistido modas y crisis, comercios que han llevado el nombre de Toledo por todo el mundo. Todos forman parte de una obra colectiva que no pertenece a una sola persona, sino a toda una ciudad.
El damasquinado vive porque Toledo lo siente como propio. Porque forma parte de su orgullo, de su relato y de su manera de entender el patrimonio. No es una reliquia del pasado: es una tradición en movimiento.
Enseñar el oficio para que no se apague
La declaración como Bien de Interés Cultural también mira al futuro con hechos concretos. Junto a este reconocimiento, el Gobierno regional ha impulsado el certificado de profesionalidad en damasquinado dentro de la Oferta Integrada de Formación Profesional. Un paso decisivo para garantizar la transmisión del oficio a nuevas generaciones.
El ciclo arrancará el próximo 26 de enero en la Escuela de Artes de Toledo, con el plazo de inscripción aún abierto. Investigación, documentación, protección y enseñanza se dan la mano para que el secreto de oro de Toledo no se pierda con el tiempo.
Cuando el patrimonio se protege, la ciudad se reconoce
Declarar BIC el damasquinado es reconocer que la cultura no solo se conserva en museos. Vive en los talleres, en las calles, en la memoria compartida de una ciudad que ha sabido cuidar lo que la hace única.
Toledo ha blindado uno de sus símbolos más reconocibles. Y con ello, Castilla-La Mancha lanza un mensaje claro: hay tradiciones que no se tocan, porque en ellas late la historia, la identidad y el futuro de todo un territorio.