Presentación de la Fiesta de San Antón de Gálvez.

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15/1/2026

Presentación de la Fiesta de San Antón de GálvezAYUNTAMIENTO

Cada enero, este pueblo de Toledo se cubre de fuego y nadie puede reconocer a nadie

Hogueras, máscaras y silencio: así es la noche en la que Gálvez convierte el invierno en un ritual de fuego compartido

Este fin de semana, Gálvez vuelve a convertirse en un mapa de hogueras, máscaras y cencerros con la celebración de Las Hogueras de San Antón, una de las fiestas más singulares y mejor conservadas del calendario invernal de la región, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.

No es solo una fiesta. Es un ritual de fuego. Un eco campesino que ha sobrevivido a los siglos. Y, sobre todo, una experiencia colectiva que transforma las calles en un escenario vivo donde tradición, misterio y participación popular se dan la mano.

El pueblo que arde para proteger su memoria

Cuando cae la tarde y las primeras llamas empiezan a levantarse, Gálvez deja de ser un pueblo cualquiera. Las hogueras —las luminarias— brotan en plazas, calles y solares como si el fuego tuviera memoria propia. No hay una sola, ni dos: son decenas, encendidas por vecinos que repiten un gesto heredado durante generaciones.

El fuego aquí no es decorado. Es símbolo. Es purificación. Es reunión. Y también es cocina: alrededor de las llamas se asan productos del cerdo, se fríen chorizos, se preparan migas y puches, mientras el humo se mezcla con risas, charlas y coplas antiguas.

San Antón: mucho más que una fecha en el calendario

La noche grande es la del sábado 17 de enero. Entonces sucede lo que hace única a esta fiesta: «correr el San Antón». Cientos de vecinos se disfrazan ocultando por completo su identidad. Ropas viejas, trapos, caretas, corchos quemados en la cara y cencerros colgados a la espalda. Nadie puede hablar. Nadie puede tocar. Nadie debe ser reconocido.

Así nacen los sanantones, figuras anónimas que recorren el pueblo de hoguera en hoguera, envueltas en misterio. Una tradición ancestral cuyo origen está ligado a la protección del ganado, al ahuyento de pestes y malos augurios, y que convierte la noche en algo casi mágico.

Un carnaval primitivo que sigue vivo

Antes de que existieran los focos, las redes o los programas oficiales, ya estaba el fuego. Las crónicas medievales hablan de estas lumbres encendidas en huertas y corrales. De campesinos que se tiznaban el rostro y hacían sonar cencerros como si el invierno pudiera ser vencido a base de ruido, humo y comunidad.

La fiesta evolucionó, pero no se perdió. Hoy conviven la misa, la procesión y la bendición de animales —a las 13.00 horas del sábado— con charangas, orquesta nocturna y degustaciones populares en la plaza del pueblo.

«San Antón es una forma de entender la convivencia»

Durante la presentación oficial de la programación, el alcalde Manuel Fernández lo resumió con una frase que define bien el espíritu de la fiesta: «San Antón es mucho más que una celebración: es una expresión viva de nuestra historia y del orgullo de un pueblo que ha sabido mantener una tradición única en Castilla-La Mancha».

Junto a él, el vicepresidente de la Diputación, Joaquín Romera, subrayó el carácter participativo de una fiesta capaz de reunir a cientos —y miles— de personas en torno al fuego, el anonimato y la emoción compartida.

Tradición que también sabe ser solidaria

La programación de este año ha tenido un prólogo especial: el San Antón Solidario, organizado por la Asociación de Mujeres Amanecer, cuya recaudación se ha destinado a apoyar a enfermos de ELA. Un gesto que demuestra que esta fiesta no solo mira al pasado, sino que también se implica con el presente.

Un fin de semana para vivirlo, no para contarlo

San Antón en Gálvez no se entiende desde fuera. Hay que caminar entre hogueras. Escuchar el tintineo de los cencerros. Sentir el calor en la cara en mitad de enero. Preguntarse quién se esconde tras una careta que no responde.

Por eso, este fin de semana, Gálvez no invita a mirar. Invita a participar. A dejarse llevar por una tradición que ha resistido al tiempo, al olvido y a la modernidad sin perder su esencia.

Cuando el fuego se apague, quedará el recuerdo. Y la certeza de que, en pleno invierno, hay pueblos que siguen ardiendo para no desaparecer.

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