Juancar Torres, piloto y bombero albaceteño en el Dakar
El albaceteño Juancar Torres sobrevive a un mar de dunas y completa el primer Dakar de su vida
El bombero albaceteño cumple el sueño creado en la infancia, superando los obstáculos del rally más duro del mundo, que incluso le obligó a dormir en el desierto
La infancia permite elaborar sueños imposibles. Todo niño ha creado una galaxia de anhelos, muchos de ellos inalcanzables, pero otros, que acompañan hasta el fin de los días. Es cierto que soñar no tiene límite y que muchas veces las metas son imposibles de abordar, pero depende de cada uno vivir para intentarlo o pasar la vida pensando que pudo ser.
Al albaceteño, el amor por las dos ruedas le llegó siendo todavía un niño. Con nueve años, su padre le hizo un regalo, que marcaría por siempre parte de su vida. Una moto ‘Puch Magnum X’ con la que empezó a trazar sus primeros recorridos, los mismos que le hicieron 'embobarse' admirando el reto de pilotos españoles atravesando el desierto sobre sus máquinas.
Hace más de veinte años marchó a Marruecos acompañado de una nueva moto, con la cual probó por primera vez la disciplina que le llevó a completar un imposible. Desde hace tiempo, el Dakar se disputa lejos de las tierras africanas y de la capital senegalesa que le sigue brindando el nombre por el que todo el mundo conoce al rally más duro del mundo. Tuvo que ser en Arabia Saudí, lo cual ni facilitaba ni modificaba el gran reto por delante.
Antes de aterrizar en Yanbu, Juan Carlos Torres se inundaba de lágrimas en la base de bomberos de Toledo, donde trabaja como responsable. Acaba de recibir una noticia perseguida durante décadas. Su nombre aparecía entre los admitidos a participar en el Dakar y desde entonces comenzó un periplo de preparación, que ha culminado tras 13 etapas y más de 8.000 kilómetros en los que se enfrentó cara a cara al sueño de toda una vida, as sus cincuenta años.
Resistir al Dakar
Superar el rally más duro del planeta es un reto para cualquiera. Acostumbrados a ver resúmenes e imágenes de los líderes de carrera, se puede caer en el error de pasar por alto un detalle esencial para poner en contexto la dificultad de la prueba. Los ganadores del Dakar cuenta con todas las facilidades posibles y tienen tiempo de descansar, pero si ha habido un reto complejo para el piloto albaceteño ha sido superar al desierto solo.
El apoyo de las instituciones ha sido prácticamente simbólico y los patrocinadores no alcanzaron para contar con un mecánico. Imaginen realizar diariamente cientos de kilómetros a través de piedras, dunas, arena blanda y demás obstáculos del rally, hacerlo por primera vez en la vida, llegando a meta con los últimos rayos de sol y ponerse a arreglar la moto para poder salir al día siguiente.
Esa ha sido la rutina del bombero, que se ha repuesto a dificultades como una noche a la intemperie en mitad de la arena, durmiendo a pleno raso, para poder reponerse físicamente y lograr seguir en carrera. El gran respaldo de Torres ha sido su propio sueño, responder a la voz del niño que se embelesaba viendo vehículos atravesando las dunas, para resistir a todas las inclemencias y colgarse una medalla que significa más de lo que cualquiera puede llegar a imaginar.
«No estoy nervioso. Estoy tranquilo y no quiero llorar. Quiero reír y disfrutar». Estas han sido las palabras con las que Juan Carlos Torres encaraba la etapa final del Dakar. Un tramo prácticamente simbólico, de Yanbu a Yanbu en un circuito cerrado de poco más de cien kilómetros con vistas al Mar Rojo, para el honor del paseo triunfal de aquellos que han logrado superar al desierto.
«Hemos llegado a la bandera. La medalla no nos la quita nadie. Es muy duro lo que hemos hecho», comentaba con la voz entrecortada nada más llegar a la meta final. Juan Carlos Torres termina su primer Dakar, solo, sin mecánico. Algo de lo que no puede presumir cualquiera. En la tabla puesto 82, pero la hazaña personal responde a años de intentos, de frustración en los que lejos de tirar la toalla, continuó para colgarse una medalla de valor incalculable.
Una merecida medalla
Juancar Torres posa con la medalla del Dakar
Más allá de los retos superados para viajar a Arabia Saudí, el bombero albaceteño encontró el mayor obstáculo de la carrera en la sexta etapa, la maratón. Juancar Torres aparecía parado en el radar que indica la posición de los pilotos durante la etapa y el paso de las horas sin noticias hizo saltar las alarmas. En el kilómetro 248 de la prueba, Torres se ve obligado a parar.
El cansancio físico y una confirmada rotura en el bíceps del brazo izquierdo, con un considerable desagarro que le obliga a operarse de urgencia, le llevó a parar en mitad del desierto. Allí pasó la noche con una manta térmica, pero sin intención de abandonar. Al día siguiente, aprovechando la jornada de descanso completo el tramo pendiente junto al conquense Fernando Domínguez, que completa de nuevo el reto del desierto tras una caída que le conllevó una reconstrucción de clavícula, con 18 tornillos y una rehabilitación de un año.
Además, el ciudadrealeño Carlos López del Pedregà Team ha superado su primer Dakar ocupando la mitad de la tabla. Por su parte, Juancar Torres concluía el rally maravillado por el país que había descubierto y que le ha acompañado a través de un sueño con sus paisajes y dificultades. Una carrera de la que se lleva a amigos para siempre y la satisfacción de quedar en paz consigo mismo, como comentaba agradecido al cruzar la meta, que significaba haber superado el rally más duro del planeta.