Edificio en la cabecera este del Foro (fotografía Equipo Arqueológico Caraca)

Edificio en la cabecera este del Foro, CARACAEquipo Arqueológico Caraca

La ciudad romana que nadie ve y que hoy puede desaparecer bajo la Alcarria

A solo unos centímetros de la superficie, duerme una ciudad romana casi intacta. Se llama Caraca. Y hoy, dos mil años después, vuelve a jugarse su futuro.

No es una metáfora. Es literal. Caraca, una de las ciudades romanas mejor conservadas del interior peninsular, corre el riesgo de quedar de nuevo sepultada, no por la tierra, sino por la falta de recursos. El Ayuntamiento de Driebes (Guadalajara), un pequeño municipio de la Alcarria con apenas 331 habitantes, ha iniciado una carrera contrarreloj para evitarlo.

La historia ha vuelto a colocar a Caraca en el centro del mapa. Y esta vez no por un hallazgo arqueológico, sino por una pregunta incómoda: ¿puede una ciudad romana sobrevivir al siglo XXI sin apoyo ciudadano?

La ciudad romana que emerge bajo los pies

Caraca no es un asentamiento menor ni un conjunto de ruinas dispersas. Es una ciudad en toda regla. Una civitas romana con trazado urbano completo, foro, termas, templos, acueducto, calles perfectamente alineadas y una ocupación continuada que se extiende desde la Edad del Bronce hasta época visigoda.

Reconstrucción de cómo pudo ser la ciudad romana de Caraca. Obra de Miguel Zorita para la exposición "Caraca, la ciudad perdida" (Museo de Guadalajara)

Reconstrucción de cómo pudo ser la ciudad romana de CaracaMiguel Zorita

Todo ello se concentra en el cerro de la Virgen de la Muela, un enclave estratégico donde el río Tajo dibuja un gran meandro y desde el que se dominaba una de las vías más importantes del centro peninsular: la que unía Cartago Nova con Complutum. Las fuentes clásicas no mienten. Plutarco, Ptolomeo y el Anónimo de Rávena ya la citaban. Durante siglos fue solo un nombre. Hoy, es una realidad que aflora a escasos centímetros del suelo.

Las investigaciones científicas iniciadas en 2016 han confirmado lo que durante décadas fue una intuición. Bajo los campos de cultivo se conserva la trama urbana de Caraca con una integridad excepcional. Las prospecciones geofísicas han permitido «ver» la ciudad sin levantar la tierra, dibujando sus 27 manzanas, el foro en el centro, el cardo y el decumano, las termas públicas de casi 900 metros cuadrados y un complejo sistema hidráulico que abastecía de agua potable a la población.

Interpretación de los resultados de las prospecciones con georradar en Caraca

Interpretación de los resultados de las prospecciones con georradar en CaracaCAI de Arqueometría y Análisis Arqueológico de la UCM

Una ciudad que fue rica, poderosa y estratégica

En su momento de máximo esplendor, entre los siglos I y II después de Cristo, Caraca alcanzó una extensión de unas ocho hectáreas. No era una ciudad marginal. Fue la primera ciudad romana promocionada jurídicamente de la actual provincia de Guadalajara. Tenía estatus, infraestructuras y una posición clave en el territorio carpetano.

El hallazgo del llamado Tesoro de Driebes en 1945, una ocultación de plata del siglo III a.C. conservada hoy en el Museo Arqueológico Nacional, ya apuntaba a la importancia económica y estratégica del enclave. Lo que ha llegado después ha confirmado que Caraca fue un nodo fundamental del interior peninsular, un lugar donde Roma dejó huella profunda y duradera.

Monedas del Tesoro de Driebes

Monedas del Tesoro de DriebesMiguel Ángel Camón Cisneros

Las termas, construidas en la segunda mitad del siglo I y destruidas por un incendio a mediados del II, muestran un uso continuado incluso en épocas de decadencia. El acueducto, una obra de ingeniería de tres kilómetros, demuestra un dominio técnico y una inversión solo al alcance de ciudades relevantes. Y la necrópolis tardoantigua, con centenares de enterramientos de los siglos VI y VII, habla de una comunidad que siguió viviendo aquí cuando Roma ya era recuerdo.

El problema no está bajo tierra, sino sobre ella

Paradójicamente, el mayor obstáculo para salvar Caraca no es arqueológico. Es administrativo. El núcleo urbano de la ciudad romana se encuentra en cinco hectáreas de suelo privado. Mientras esa situación no se resuelva, las excavaciones no pueden avanzar.

Ruinas de las termas de Caraca

Ruinas de las termas de CaracaPortal de Cultura de Castilla-La Mancha

Durante años se intentó negociar. No hubo acuerdo. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha fijó finalmente un justiprecio de 73.000 euros para la expropiación, una cifra ajustada al valor real del terreno, pero completamente inasumible para un ayuntamiento con un presupuesto anual de 470.000 euros.

Sin expropiación no hay excavación. Y sin excavación, Caraca corre el riesgo de convertirse en lo que fue durante siglos: una ciudad invisible.

Una llamada a la ciudadanía para salvar la historia

Ante este escenario, el Ayuntamiento de Driebes ha lanzado una campaña de micromecenazgo a través de la plataforma Hispania Nostra con un mensaje claro: o se consigue el dinero o el proyecto se paraliza. No hay plan B.

La campaña se presenta oficialmente en el Museo de Guadalajara, pero el llamamiento es global. Porque Caraca no pertenece solo a Driebes. Pertenece a la Alcarria, a Guadalajara y al patrimonio común.

Trabajador durante las excavaciones de Caraca

Trabajador durante las excavaciones de CaracaJosé Luis Solano

Las aportaciones no son solo donaciones. Son una forma de implicación. Visitas guiadas, experiencias arqueológicas y deducciones fiscales de hasta el 80% convierten el gesto en algo más que simbólico. Es una inversión en memoria, identidad y futuro.

Cuando el patrimonio es una cuestión de supervivencia

En Driebes, Caraca ya no es solo un yacimiento. Es el eje sobre el que gira el presente y el porvenir del municipio. Hay un Centro de Interpretación, un museo local, rutas señalizadas y una comunidad que ha entendido que su historia puede ser también su salvación frente a la despoblación.

Salvar Caraca no es solo rescatar piedras antiguas. Es apostar por un modelo cultural y turístico sostenible. Es demostrar que el patrimonio rural importa. Y es lanzar una pregunta incómoda a nuestro tiempo: ¿Qué hacemos con las ciudades que nos precedieron?

Caraca esperó dos mil años bajo tierra. Hoy, apenas unos centímetros la separan del olvido o del futuro. La historia ya ha hablado. Ahora le toca responder al presente.

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