Casa de la Tercia en Campo de Criptana
CIUDAD REAL
La Casa de la Tercia, el tesoro renacentista de Campo de Criptana que acaba de ser declarado BIC
El Gobierno de Castilla-La Mancha otorga la máxima protección patrimonial a este antiguo granero real del siglo XVI, vinculado al cobro de impuestos de la Corona
Campo de Criptana suma un nuevo reconocimiento a su memoria de piedra. El Gobierno de Castilla-La Mancha ha acordado declarar Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, la Casa de la Tercia, uno de esos edificios que pasan inadvertidos para muchos visitantes, pero que conservan en sus muros una parte esencial de la historia económica, agrícola y social de La Mancha.
Con esta declaración, el inmueble obtiene el máximo reconocimiento patrimonial y queda blindado legalmente como una pieza singular del legado histórico de Campo de Criptana y de Castilla-La Mancha.
Un almacén de cereal con historia de Corona
La Casa de la Tercia no nació como palacio ni como templo, sino como un edificio práctico, robusto y necesario. Fue levantada en el siglo XVI para almacenar cereales y otros productos agropecuarios procedentes del cobro de las Tercias Reales, un impuesto vinculado al diezmo eclesiástico que acababa en manos de la Corona.
En otras palabras: entre sus paredes se guardó durante siglos parte de la riqueza agrícola de la comarca. Trigo, grano, tributos y administración se dieron cita en este granero real, testigo de una época en la que la economía dependía de la tierra y de la capacidad de conservar sus frutos.
Su arquitectura todavía habla de aquella función. La planta rectangular, los gruesos muros de mampostería, los amplios espacios interiores, los arcos de medio punto, las grandes vigas de madera y los sistemas pensados para favorecer la ventilación recuerdan que el edificio fue concebido para resistir, almacenar y proteger.
Un monumento que sobrevivió al paso de los siglos
Aunque la Casa de la Tercia ha sufrido reformas a lo largo del tiempo, conserva los valores que justifican su protección: su importancia histórica, su singularidad arquitectónica y su relación directa con la administración de la Corona en la Edad Moderna.
La declaración como BIC implica que cualquier intervención, obra o cambio de uso deberá contar con la autorización de la Consejería competente en materia de Patrimonio Cultural. Además, la protección no se limita al edificio, sino que alcanza también a su entorno, con el objetivo de preservar la imagen y el valor del conjunto.
Este reconocimiento abre también la puerta a una mayor puesta en valor del inmueble. La Casa de la Tercia deja de ser solo un vestigio del pasado para convertirse en un recurso cultural con vocación de futuro, llamado a integrarse con más fuerza en el relato turístico y patrimonial de Campo de Criptana.
En una localidad marcada por la silueta universal de sus molinos, este antiguo granero real recuerda que la historia de La Mancha no solo se escribió en lo alto de los cerros, sino también en los edificios donde se guardaba el cereal, se cobraban impuestos y se organizaba la vida económica de toda una época.