Incendio Guadalajara
GUADALAJARA
Los once que nunca volvieron: 21 años de la tragedia que aún quema en España
El recuerdo del retén de Cogolludo cobra todavía más fuerza tras la tragedia de Los Gallardos y mientras 171 efectivos combaten las llamas en La Mierla
Hay fechas que no necesitan figurar en rojo en el calendario para doler. En Cogolludo, el 17 de julio es una de ellas. Han pasado 21 años, pero aquel domingo de 2005 continúa escrito en la memoria de Guadalajara como el día en que once trabajadores salieron a enfrentarse al fuego y nunca regresaron a casa.
Sus nombres eran Mercedes Vives, José Ródenas, Alberto Cemillán, Pedro Almasilla, Sergio Casado, Jesús Ángel Juberías, Manuel Manteca, Marcos Martínez, Jorge César Martínez, Julio Ramos y Luis Solano. Diez hombres y una mujer. Once vidas que quedaron unidas para siempre al retén de Cogolludo y al Valle de los Milagros -aunque no se produjera ninguno-, el lugar en el que las llamas terminaron rodeándolos.
20 años del incendio de Guadalajara
Hoy no se cumplen exactamente 21 años del inicio del incendio, sino de su momento más terrible. El fuego había comenzado un día antes, el sábado 16 de julio de 2005, cuando un grupo de excursionistas encendió una barbacoa en un área recreativa próxima a la Cueva de los Casares, en Riba de Saelices. Una pavesa alcanzó el rastrojo y, alimentada por la sequedad, el calor y el viento, convirtió una tarde de verano en una de las mayores tragedias forestales vividas en España.
Una pared de fuego sin escapatoria
Durante horas, las llamas avanzaron con una violencia desconocida. El incendio llegó a recorrer alrededor de ocho kilómetros en apenas dos horas y devoró pinares, sabinares, robledales, campos agrícolas y parajes de enorme valor ambiental. Unas 13.000 hectáreas quedaron calcinadas y cientos de vecinos tuvieron que abandonar sus pueblos mientras algunos trataban de defender sus casas con mangueras y cubos.
El retén de Cogolludo fue enviado a trabajar en la zona de Santa María del Espino. Cuando se encontraba en las inmediaciones del cerro del Otero, el comportamiento del incendio cambió repentinamente. El fuego los cercó antes de que pudieran encontrar una salida.
Jesús Abad, funcionario municipal de Arcos de Jalón que colaboraba con una autobomba, fue el único superviviente de aquel grupo. Sufrió quemaduras y varias costillas rotas después de que su vehículo se precipitara por un barranco. Dos días después describió la sensación de quienes vieron acercarse aquel frente imposible de detener: «El fuego nos vio y dijo: «Vosotros sois míos»».
Los once cuerpos fueron recuperados posteriormente en un barranco. Detrás de aquella cifra quedaron padres, madres, hijos, parejas, hermanos y amigos que esperaban una llamada o el ruido de una llave abriendo la puerta. Personas que habían acudido a proteger el monte y que terminaron entregando su vida en él.
(Foto de ARCHIVO) Homenaje en Cogolludo a los once fallecidos en el incendio de La Riba de Saelices
Por eso, en Cogolludo no se habla únicamente de once fallecidos. Se habla de Mercedes, José, Alberto, Pedro, Sergio, Jesús Ángel, Manuel, Marcos, Jorge César, Julio y Luis. Cada año, once ramos de flores vuelven a recordar que ninguna estadística puede contar por completo el vacío que dejó aquel incendio.
La tragedia que obligó a cambiar
Riba de Saelices supuso un antes y un después. El desastre dejó al descubierto carencias en la coordinación, la prevención, los medios disponibles y la preparación frente a incendios capaces de generar comportamientos extremos.
La tragedia impulsó una reorganización de los dispositivos, una mayor profesionalización del sector forestal y protocolos de coordinación más estrictos. También aceleró la creación de la Unidad Militar de Emergencias, constituida oficialmente en octubre de 2005 y convertida desde entonces en una presencia habitual en las grandes catástrofes.
El monte también ha tratado de cerrar sus propias heridas. Dos décadas después, en algunas zonas vuelven a levantarse pinos de más de diez metros. La naturaleza avanza, pero los pueblos saben que recuperar el color verde no significa olvidar lo ocurrido. El incendio destruyó recursos y formas de vida en una comarca ya castigada por la despoblación y dejó una cicatriz que no aparece en los mapas forestales.
Los Gallardos reabre una herida
El aniversario llega este año marcado por otra catástrofe. El incendio declarado en Los Gallardos, en Almería, ha causado 13 muertes y ha arrasado alrededor de 7.000 hectáreas. La velocidad de las llamas, el viento, la complicada orografía y la huida de varias víctimas por caminos alternativos convirtieron la evacuación en una trampa mortal.
La tragedia andaluza ha devuelto a muchos vecinos de Guadalajara a aquel verano de 2005. Aunque las circunstancias y el perfil de las víctimas son diferentes, ambas emergencias comparten imágenes difíciles de soportar: vehículos alcanzados por el fuego, personas sin posibilidad de escapar y familias esperando noticias mientras las llamas avanzan más rápido que cualquier respuesta humana.
Riba de Saelices dejó de ser el incendio forestal más mortífero del siglo XXI en España, pero ninguna nueva tragedia hace más pequeña la anterior. Al contrario. Cada víctima de Los Gallardos recuerda que las lecciones escritas con dolor nunca pueden darse por definitivamente aprendidas.
Guadalajara vuelve a mirar al humo
Y mientras Cogolludo recuerda a sus once, Guadalajara vuelve a contemplar una columna de humo. El incendio de La Mierla continúa activo en Nivel 2 después de calcinar aproximadamente 1.500 hectáreas. Un total de 171 efectivos y 20 medios terrestres trabajan contra las llamas, con la participación del Infocam, el Ministerio para la Transición Ecológica y la UME.
El fuego ha obligado a evacuar a alrededor de un centenar de personas, entre ellas 47 menores que se encontraban en un campamento de Umbralejo. Desde que comenzó la emergencia han participado hasta 358 profesionales en el operativo.
La presencia de la UME, los avisos a la población, las evacuaciones preventivas y el despliegue inmediato de cientos de personas muestran cuánto ha cambiado la respuesta desde 2005. Pero también recuerdan una verdad incómoda: por muchos medios, protocolos y conocimientos que existan, el fuego continúa teniendo capacidad para cambiar de dirección, multiplicar su velocidad y poner vidas en peligro en apenas unos minutos.
Veintiún años después, los once del retén de Cogolludo siguen presentes en cada brigadista que se ajusta el casco, sube a un vehículo y se dirige hacia una columna de humo. También en la preocupación de quienes esperan su regreso.
Porque, cuando comienza un incendio, la primera batalla es salvar el monte. Pero la victoria verdaderamente importante sigue siendo la misma que aquel 17 de julio de 2005 no pudo conseguirse: que todos vuelvan a casa.