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Uno de los manuscritos del siglo XII con un sermón inédito de san Agustín

Uno de los manuscritos del siglo XII con un sermón inédito de san AgustínGaudium Press

Aparecen dos textos inéditos de san Agustín sobre uno de los pasajes más inquietantes de la Biblia

Los textos han aparecido en Polonia entre unos manuscritos del siglo XII y han sido acreditados por una veintena de especialistas

Justo cuando por primera vez en la historia de la Iglesia un agustino se sienta en la Silla de Pedro, el gran santo de Hipona vuelve a dar al mundo «un nuevo sermón». O dos, para ser más precisos.

Porque esos son los textos inéditos que acaban de aparecer en Polonia, en un códice latino del siglo XII, escritos por san Agustín, doctor de la Iglesia y una de las inteligencias más relevantes y decisivas de la Filosofía universal.

El descubrimiento ha sido realizado por Christian Tornau, profesor de latín en la Universidad de Würzburg, en Alemania, dentro de un documento medieval conservado en la Biblioteca Diocesana de Pelplin, al norte de Polonia.

En 2024, la Asociación del Monasterio de Bad Doberan le encargó estudiar un manuscrito que había pertenecido a aquella abadía cisterciense alemana y que hoy se conserva en un monasterio filial polaco.

Dos textos desconocidos hasta hoy

Además, el hallazgo contiene una sorpresa aún mayor, pues ambos sermones versan sobre uno de los episodios más extraños y hasta perturbadores de la Biblia: el de la nigromante de Endor.

El códice estudiado por Tornau contenía seis sermones atribuidos a san Agustín. Cuatro ya eran conocidos por los investigadores, pero los otros dos, sin embargo, no figuraban en el corpus agustiniano.

Es decir: la Iglesia y el mundo académico estaban ante textos desconocidos de un autor que murió en el año 430 y cuya obra ha marcado durante siglos la teología, la filosofía, la espiritualidad y la cultura europea.

La extraña nigromante de Endor

Los dos «nuevos» sermones giran en torno a uno de los pasajes más inquietantes y desconcertantes del Antiguo Testamento: la historia de la nigromante de Endor, narrada en el capítulo 28 del primer libro de Samuel.

En síntesis, el pasaje cuenta cómo el rey Saúl, desesperado ante la batalla contra los filisteos y al no recibir respuesta de Dios, se disfraza y consulta a una mujer capaz de invocar a los muertos. Algo que él mismo había prohibido.

Ella hace aparecer al espíritu del profeta Samuel, que reprende a Saúl por haber acudido a esos ardides espiritistas, anuncia al rey su derrota y le alerta de su muerte inminente.

El episodio siempre ha resultado difícil para la interpretación cristiana, porque parece sugerir que la invocación de los muertos, aunque prohibida, podría tener eficacia real. Así, no es extraño que algunos de los grandes autores de la Antigüedad cristiana, como Orígenes, Eustacio de Antioquía o Gregorio de Nisa, se ocuparan de la cuestión.

Hasta ahora, se sabía que también san Agustín había abordado el pasaje en otras obras, como De diversis quaestionibus ad Simplicianum y De octo Dulcitii quaestionibus. Pero la novedad es que ahora aparecen dos sermones específicos en los que el obispo de Hipona aborda el asunto ante sus fieles.

Dos sermones para hacer pensar

Según los más de veinte especialistas internacionales que han avalado la autoría de los manuscritos, los textos muestran a un Agustín muy reconocible: pedagógico, retórico, atento a la inteligencia de sus oyentes y dispuesto a presentar distintas interpretaciones sin cerrar en falso una cuestión difícil.

Así, el primero de los sermones habría sido predicado un domingo y concluye planteando el problema de la «teodicea» (una rama de la filosofía que busca demostrar la existencia de Dios utilizando sólo la razón humana) y las posibles lecturas del pasaje.

El segundo, pronunciado el miércoles siguiente, profundiza en la explicación. Y ese intervalo entre ambas predicaciones revela algo característico del método agustiniano: no desprecia la capacidad de los fieles para pensar, razonar y entrar en cuestiones complejas de la fe.

Estudio profundo y consenso unánime

No obstante, la autenticidad de los manuscritos no se ha dado por supuesta desde el principio, y como ha reconocido el propio Tornau, consciente de los numerosos textos atribuidos erróneamente a san Agustín a lo largo de la historia, la identificación ha sido formulada con enorme prudencia. Él mismo ha estudiado los sermones junto a su colega Clemens Weidmann y llegó a organizar en Viena, en el verano de 2025, un curso monográfico con una veintena de especialistas en latín.

El resultado fue un consenso unánime: el estilo, el contenido, incluso el humor y el llamado usus scribendi (algo así como el estilo literario habitual) corresponden al Agustín auténtico.

Un tesoro para la patrística

El manuscrito del siglo XII es tardío para transmitir un texto agustiniano, pero los investigadores creen que pudo copiarse de un ejemplar anterior custodiado en la Abadía de Amelungsborn, en Baja Sajonia.

Aquella biblioteca fue destruida durante la Guerra de los Treinta Años (librada entre 1618 y 1648), lo que explicaría que la tradición textual se hubiera perdido durante siglos.

Ahora, está previsto que la edición crítica de los dos sermones, preparada en colaboración con el Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL), vea la luz a finales de este 2026.

Un predicador prodigioso

Los historiadores calculan que san Agustín llegó a predicar unos 8.000 sermones durante su ministerio como obispo de Hipona, en la actual Argelia. De ellos se conservan alrededor de 500 en todo el mundo.

Por eso, cada nuevo texto recuperado permite entrar un poco más en su pensamiento, hoy más relevante que nunca al tener como nuevo Papa a un hijo de Agustín, que no es sólo el gran autor de las Confesiones o La ciudad de Dios, sino también un pastor que explicaba la Escritura a su pueblo sin esquivar los pasajes más incómodos.

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