León XIV durante un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes pastorales en la catedral de Santa Ana
León XIV recupera un bellísimo símil de San Agustín y señala: «Los santos experimentaron la nostalgia de Dios»
«Un corazón sensible está dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir con los brazos abiertos a los que llegan», ha subrayado
No es grande la catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria. No lo es, ciertamente, como la de Sevilla, Burgos, Toledo o Mallorca. Tampoco es pequeña, como la de Orihuela o Zamora. Se trata de un templo de medianas proporciones, que se abre paso entre las rectilíneas calles del casco histórico y descuella sobre las achatadas casas de vivos colores, con esbeltas columnas de piedra volcánica y bóvedas de crucería góticas.
Desde varias horas antes de que comenzara el Encuentro con el clero y agentes de pastoral en el templo catedralicio, las calles aledañas se fueron llenando de personas que portaban su invitación para acceder a los escasísimos puestos disponibles. «Pobre Papa. Ha terminado hace nada en Arguineguín y le traen para aquí corriendo. No sé cuándo va a comer», comentan unas señoras. Efectivamente: poco después de concluir en el evento del puerto, León XIV ha sido trasladado en coche a Las Palmas de Gran Canaria, donde la alcaldesa, la ex ministra socialista Carolina Darias, le ha recibido en el Teatro Pérez Galdós y le ha entregado las llaves de oro de la ciudad.
Desde allí se ha subido al papamóvil para recorrer un tramo hasta la catedral de Santa Ana, adonde llegaba a las 14:00 horas -media hora después de lo previsto- para el encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral. Como ya ocurriera en Madrid y Barcelona, miles de personas le han aclamado durante el trayecto.
Centrado en la eucaristía
El Santo Padre fue recibido en el interior del templo con aplausos, realizó un momento de adoración ante el Santísimo Sacramento, se revistió con la muceta y la estola y ocupó su lugar. El acto comenzó con la bienvenida de monseñor José Mazuelos, obispo de Canarias, seguida de la lectura de un fragmento de la carta de San Pablo a los Efesios e intercaló cantos y testimonios de algunos fieles.
La catedral de Santa Ana destaca por su mezcla arquitectónica, fruto de los siglos que duró su construcción. Sus estilos principales son el gótico tardío (en el interior) y el neoclásico (en su imponente fachada exterior)
El Santo Padre volvió a recurrir a San Agustín durante las palabras que dirigió a los presentes: «Si alguien divisara desde lejos su patria, pero un mar se interpusiera entre los dos: ve a dónde ir, pero ignora el camino. Así nos ocurre a nosotros: anhelamos alcanzar nuestra condición estable, […] pero está por medio el mar de este mundo […] para enseñarnos el camino, vino el mismo a quien queríamos ir. ¿Y qué hizo? Nos puso el leño con el que poder atravesar el mar. Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo». «Los santos experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor», ha dicho León XIV.
El discurso del Santo Padre ha sido íntimo, cercano y espiritual. Se ha referido al «venerable Antonio Vicente González, sacerdote diocesano, también conocido como 'el buen pastor canario'. Su vida, transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la cruz de Cristo y a seguirlo (cf. Mt 16,24), siendo testigos fieles del Evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida».
León XIV ha transmitido mensajes de unidad y acogida
Todas las palabras del Papa apuntaban a la vida eterna: los canarios «tienen el privilegio de gozar cada día de la presencia majestuosa del mar. Dicen que en los ojos de un isleño esa imagen —que tiene sabor a patria y a hogar— permanece grabada en sus pupilas de manera perenne, y que se echa mucho de menos al estar lejos, 'tierra adentro'». «Este sentimiento corresponde a una sana nostalgia de inmensidad, de cielo y de mar abiertos que se extienden en el horizonte, sin límites ni fronteras; y a un corazón sensible dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir con los brazos abiertos a los que llegan», ha afirmado poéticamente.
«Querida Iglesia que peregrina en Canarias, siguiendo la estela de santidad de tantos hombres y mujeres que los han precedido, que han ofrecido sus vidas en comunión con el sacrificio de Cristo en la cruz y en el altar, les animo a seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia», ha concluido el Santo Padre.