Ercávica, Cuenca

Ercávica, CuencaPortal Cultura Castilla-La Mancha

La ciudad romana de Cuenca que acuñó su propia moneda resurge junto al embalse de Buendía

Castilla-La Mancha invierte cerca de 460.000 euros en consolidar la Domus Aterrazada y mejorar la accesibilidad, la seguridad y el recorrido por el yacimiento de Ercávica

Hay lugares en los que el paisaje parece empeñado en guardar la memoria. A cinco kilómetros de Cañaveruelas, sobre una meseta de La Alcarria conquense rodeada en gran parte por las aguas del embalse de Buendía, todavía se puede caminar por las calles de una ciudad que fue noble, poderosa y plenamente romana.

Se llama Ercávica y no fue un simple asentamiento perdido en los confines del Imperio. Tuvo murallas, foro, basílica, comercios, grandes casas privadas, cisternas y edificios públicos. Alcanzó el rango de municipio y llegó a acuñar su propia moneda. Dos mil años después, sus restos vuelven a ganar protagonismo gracias a una inversión destinada a proteger uno de los yacimientos más sorprendentes —y todavía desconocidos para muchos— de Castilla-La Mancha.

El Gobierno regional ha destinado alrededor de 460.000 euros a actuaciones de mejora y consolidación del enclave, según ha anunciado este lunes el consejero de Educación, Cultura y Deportes, Amador Pastor, durante una visita a Cañaveruelas. Los trabajos se han financiado con fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

La intervención se divide en dos grandes líneas. Más de 268.000 euros se han dirigido a la consolidación de la Domus Aterrazada, una de las viviendas más singulares de la ciudad. Otros cerca de 190.000 euros han permitido instalar zonas de sombra a lo largo del itinerario, incorporar placas fotovoltaicas, mejorar los sistemas de climatización y aislamiento, crear una red de rutas, reforzar la videovigilancia y la seguridad y facilitar la accesibilidad física.

Las actuaciones forman parte del Plan de Sostenibilidad, Cambio Climático y Accesibilidad de la Red de Parques y Yacimientos Visitables de Castilla-La Mancha, dotado con ocho millones de euros en toda la comunidad autónoma. La gestión turística y de ocio de Ercávica corresponde a la Diputación de Cuenca y, desde comienzos de 2026, cerca de 1.200 personas han pasado ya por el recinto.

Una ciudad «noble y poderosa»

La primera referencia histórica de Ercávica conduce hasta el año 179 antes de Cristo. En plena conquista romana de Hispania, la ciudad celtibérica se rindió ante las tropas de Tiberio Sempronio Graco. Tito Livio la describió como una nobilis et potens civitas, es decir, una ciudad noble y poderosa.

La Ercávica romana que hoy se visita fue fundada de nueva planta y diseñada conforme a los cánones urbanísticos de Roma. Sus calles seguían una cuadrícula ordenada, con el cardo maximus como gran eje de norte a sur y los decumani atravesando la ciudad de este a oeste. Muchas vías estaban empedradas y contaban con soportales.

El gran salto llegó en tiempos de Augusto, en los últimos años del siglo I antes de Cristo. Ercávica obtuvo el estatuto de municipio y comenzó a acuñar moneda propia, un privilegio reservado a un grupo selecto de comunidades hispanas. Aquellas piezas llevaron el nombre de la ciudad y los retratos de emperadores como Augusto y Tiberio, una señal inequívoca de su peso político y administrativo.

Su etapa de mayor esplendor se concentró durante los siglos I y II después de Cristo. El declive comenzó a sentirse en el siglo III, al compás de la crisis del Imperio, y se aceleró durante el IV. El abandono progresivo de la ciudad culminó en el siglo V.

Una urbe que todavía puede leerse sobre el terreno

Ercávica conserva un trazado excepcionalmente reconocible. Su muralla recorría unos 2,8 kilómetros alrededor de la altiplanicie, situada entre los 780 y los 815 metros de altura. La Puerta Sur estaba protegida por torres monumentales y no solo cumplía una función defensiva: era también una demostración de poder ante quien entraba en la ciudad.

En el centro se levantaba el foro, una gran plaza rectangular porticada y pavimentada con losas. Allí se encontraban la curia, sede del Senado municipal; las tabernae o locales comerciales; un criptopórtico construido para salvar el desnivel del terreno y una basílica de tres naves destinada, entre otros usos, a la actividad judicial. Las excavaciones recuperaron incluso retratos en mármol de miembros de la familia imperial, hoy custodiados en el Museo de Cuenca.

Las casas revelan cómo vivían las familias más acomodadas. La llamada Casa del Médico se articulaba en torno a un atrio con impluvium y columnas, mientras que otras viviendas, como las Domus 3 y 4 y la propia Domus Aterrazada, disponían de patios porticados. En sus interiores hubo pinturas murales y mosaicos, buena parte de ellos expoliados ya en época tardorromana.

También el agua condicionó la vida de la ciudad. En la ínsula de las cisternas se han documentado depósitos, un pozo y una estructura subterránea abovedada a la que todavía se accede por su escalera original. Es otra prueba de hasta qué punto Ercávica fue una urbe planificada para resistir y prosperar.

La inversión busca que ese legado se conserve y se entienda mejor. Ercávica no necesita reconstrucciones grandilocuentes: basta con recorrer sus calles y mirar al embalse para comprender que, en este rincón de Cuenca, Roma no ha desaparecido del todo.

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