Fachada Teatro Circo de Albacete 1924
Saqueado, incendiado y resucitado: el camaleónico teatro de Albacete único en el mundo
Inaugurado en 1887, es uno de los seis teatros-circo del siglo XIX que quedan en pie y el único que conserva operativas sus dos almas escénicas
Hay edificios que sobreviven al tiempo y otros que parecen capaces de desafiarlo. El Teatro Circo de Albacete pertenece a esta segunda categoría. Estuvo abandonado, sufrió saqueos y un incendio y llegó a temerse por su desaparición. Sin embargo, consiguió resucitar para recuperar aquello que lo convierte en una rareza mundial: su capacidad para transformarse de teatro en circo.
Cuando las butacas de la parte central desaparecen, el espacio vuelve a ser la pista circular para la que fue concebido hace casi 140 años. Una metamorfosis que permite que una noche acoja una obra teatral, una ópera o un concierto y, poco después, trapecistas, acróbatas y equilibristas ocupen el corazón de la sala.
Este 30 de julio se cumplen trece años de la publicación en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha del acuerdo que declaró el edificio Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Era el reconocimiento oficial para una joya que Albacete había estado a punto de perder.
El sueño de doce albaceteños
La historia comenzó en 1886, cuando doce vecinos constituyeron la Sociedad del Teatro Circo con el propósito de levantar un gran espacio cultural. Albacete todavía no alcanzaba los 30.000 habitantes, pero aspiraba a contar con un coliseo de vocación europea.
El edificio se levantó a una velocidad extraordinaria para aquella época. Las obras comenzaron el 26 de enero de 1887 y el teatro fue inaugurado el 7 de septiembre del mismo año, coincidiendo con la Feria de Albacete.
El proyecto fue diseñado por Emilio Vergara y dirigido por el arquitecto municipal Juan Peyronnet. El resultado combinaba la arquitectura teatral circense europea con una llamativa decoración neoárabe. Su estructura y cubierta descansan sobre doce pilastras de hierro coronadas por capiteles de inspiración nazarí.
En sus seis arquerías se repite incluso la inscripción de la Alhambra: Wa-la galib illa Allah, que significa «No hay más vencedor que Dios». Una decoración que convierte el interior del teatro en uno de los ejemplos más sorprendentes de la arquitectura neoárabe civil española.
Pero su verdadera revolución estaba en la sala. Los espectadores podían mirar hacia el escenario tradicional o hacia el patio central, que se transformaba en pista para las funciones circenses. Teatro, zarzuela, música, cine y circo podían convivir bajo la misma cubierta.
La transformación que ocultó su circo
En 1919, el recinto sufrió una profunda remodelación para adaptarlo al modelo de teatro a la italiana. La pista quedó convertida en una platea permanente y una bóveda ocultó parte de su estructura de hierro y sus arquerías originales.
Teatro Circo
Durante décadas, el cine fue ganando terreno a las representaciones escénicas. El deterioro culminó en 1985, cuando el Teatro Circo cerró sus puertas. En los años siguientes fue víctima de saqueos y del fuego, mientras crecía el temor a que uno de los grandes símbolos culturales de Albacete terminara desapareciendo.
El Ayuntamiento adquirió el inmueble en 1993 y comenzó entonces una larga batalla para devolverlo a la vida. El proyecto de los arquitectos Juan Caballero, Emilio Sánchez y Carlos Campos recuperó su estética original y, sobre todo, la pista central que le devolvía su doble naturaleza.
El Teatro Circo reabrió el 9 de septiembre de 2002, con la presencia de la Reina Sofía y una representación de Fuenteovejuna a cargo del Ballet Nacional de España. Después de diecisiete años cerrado, Albacete volvía a entrar en su gran templo de las artes escénicas.
Una rareza que continúa viva
El Teatro Circo de Albacete está considerado uno de los seis teatros-circo del siglo XIX que permanecen en pie en el mundo. Su singularidad es todavía mayor: es el más antiguo que mantiene operativas la caja escénica, el escenario teatral y la pista circense.
Esta última vuelve a cobrar protagonismo cada año durante el Festival Internacional de Circo de Albacete. El resto de la temporada, el edificio acoge teatro, danza, ópera, conciertos y grandes producciones.
No es, por tanto, una pieza de museo ni un monumento congelado en el tiempo. Es un edificio vivo que continúa haciendo aquello para lo que fue levantado en 1887. Casi 140 años después, basta con retirar sus butacas para que el teatro vuelva a transformarse y comience el circo.