Laura Heredero

Laura Heredero

La toledana que revolucionó el aceite y abrió una puerta que ninguna mujer había cruzado

Laura Heredero convirtió una almazara de Argés en una instalación pionera y fue la primera mujer en entrar en el Pleno de la Cámara de Comercio de Toledo

Cuando Laura Heredero Largo entró en el Pleno de la Cámara de Comercio de Toledo, las miradas que recibió dejaron claro que no era una presencia habitual. Ninguna mujer había ocupado antes aquel espacio reservado durante décadas a los hombres.

Pero su llegada no fue un gesto simbólico. Detrás se encontraba una empresaria que dirigía explotaciones agrícolas, comercios, una ganadería y una almazara que acabaría situándose entre las más modernas de España.

Heredero murió en Toledo el 28 de septiembre de 1990. Su trayectoria, prácticamente desconocida fuera del ámbito empresarial de la provincia, permite reconstruir la vida de una mujer que modernizó el campo toledano y abrió camino a otras empresarias.

De las ferias ganaderas a las cuentas familiares

Laura Heredero nació en Noez en 1918. Era la mayor de cinco hermanos y desde niña acompañaba a su padre a ferias ganaderas como las de Trujillo y Zafra.

Su formación comenzó en la escuela pública, donde destacó como alumna. Muy pronto aprendió a llevar las cuentas de la actividad agraria familiar y adquirió conocimientos de mecanografía y enfermería. También cultivó una gran afición por la literatura, la poesía y la declamación.

En 1946 se casó con Jesús Santolaya Marín, comerciante de alimentación que disponía de varios establecimientos y de una almazara en Argés. El matrimonio se instaló en Toledo, aunque Laura nunca abandonó su relación con el campo y los negocios.

Al frente de una finca de 600 hectáreas

La muerte de su padre en 1957 la colocó al frente de Torre Cervatos, una explotación agrícola de 600 hectáreas y una cabaña de 400 ovejas.

Laura Heredero modernizó las instalaciones, sustituyó cuadras antiguas por naves más funcionales y apostó por la selección de ovejas de raza manchega. También introdujo técnicas entonces innovadoras, como la inseminación artificial.

En el olivar pasó de ocho a 48 hectáreas mediante nuevos sistemas de plantación. Aquella capacidad para detectar los cambios que llegaban al campo marcaría después su proyecto más ambicioso.

Tras la muerte de su marido en 1970, asumió igualmente la dirección de los comercios de alimentación, el almacén mayorista, la almazara y diferentes propiedades familiares. La actividad daba empleo a encargados, dependientes, conductores y trabajadores agrícolas.

La almazara que multiplicó su producción

En 1987 fundó junto a sus cinco hijos la sociedad Aceites Argés para garantizar la continuidad de la antigua almazara familiar.

Dos años después promovió una transformación que rompió con la forma tradicional de producir aceite. Los antiguos capachos fueron sustituidos por un sistema continuo de elaboración en acero inoxidable.

La nueva instalación fue la primera de estas características implantada en Castilla-La Mancha y la segunda de España. Los trabajadores vestían batas blancas y la fábrica comenzó a recibir visitas de empresarios y técnicos interesados en conocer el nuevo proceso.

La capacidad de molturación pasó de 750 a 5.000 toneladas de aceituna al año. En apenas una reforma, la producción se había multiplicado por más de seis. La almazara llegó incluso a utilizarse como centro experimental por laboratorios farmacéuticos.

La primera mujer en la Cámara de Comercio

Su actividad no se limitó a los negocios familiares. Laura Heredero participó en la Federación Empresarial Toledana desde su fundación en 1977. Fue tesorera y posteriormente vicepresidenta de la organización.

También ayudó a crear la Asociación de Mujeres Empresarias de Toledo, ocupó responsabilidades en la Confederación Nacional de Mujeres Empresarias e impulsó la Asociación de Almazaras.

Su entrada como primera mujer en el Pleno de la Cámara de Comercio de Toledo rompió otra barrera. Tras su muerte, la institución le concedió en 1991 su Medalla de Oro y creó un premio con su nombre para reconocer la trayectoria de empresarios hechos a sí mismos.

Laura Heredero no heredó únicamente tierras y negocios. Los transformó, introdujo nuevas tecnologías y convirtió una almazara familiar en un referente. Lo hizo mientras ocupaba lugares en los que hasta entonces ninguna mujer había sido admitida.

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