Huesos de humanos que forman parte del osario
El inquietante osario con más de 1.000 calaveras humanas que alberga un pequeño pueblo castellano
En el corazón de Valladolid se encuentra una iglesia mozárabe que exalta la muerte tal y como la entendían en la Edad Media
Enclavado entre los campos dorados de Castilla y León, a poco más de 20 kilómetros de Valladolid, se encuentra un pequeño pueblo cuyo nombre resuena con ecos del pasado: Wamba. Apenas supera los 300 habitantes, pero su historia y patrimonio lo convierten en una joya silenciosa para los viajeros que buscan algo más que paisajes. Wamba es el único municipio de España que conserva un nombre visigodo, y esa rareza lingüística es solo el comienzo de su singularidad.
Un templo con siglos de historia
La iglesia de Santa María de Wamba que como templo mozárabe se encuadra en el siglo X, de origen visigodo y transformada en iglesia románica en el siglo XII, es el alma del pueblo. Su arquitectura, mezcla de estilos y épocas, representa el paso de culturas y credos por estas tierras: desde los visigodos hasta los cristianos repobladores, pasando por los musulmanes. Declarada Bien de Interés Cultural, esta iglesia no solo es una rareza por su antigüedad, sino también por lo que guarda en su interior: un osario escalofriante y fascinante que ocupa parte del antiguo claustro.
El osario: un diálogo de calaveras
Entrar al osario de Wamba es una experiencia desconcertante. Apiladas ordenadamente, más de 1.000 calaveras humanas miran al visitante con sus cuencas vacías, acompañadas por miles de fémures, tibias y otros huesos. Este inquietante rincón no fue diseñado para infundir miedo, sino como un memento mori: un recordatorio visual y brutal de que la muerte es el destino inevitable de todos los seres humanos.
Una de las muchas calaveras que componen el osario
Este concepto era habitual en la Edad Media, donde la peste, las guerras y la precariedad hacían de la muerte una presencia cotidiana, de esta forma reza una inscripción a sus puertas: «Como te ves, yo me vi, como me ves te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás». No es casualidad que en este contexto surgieran obras literarias como las 'Coplas por la muerte de su padre' de Jorge Manrique, conocido autor del período de transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Cuya visión lúcida y resignada de la muerte parece escrita a la sombra de osarios como el de Wamba:
"Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir...".
Como los ríos que, sin distinción, van a morir al mar, las calaveras del osario no distinguen entre nobles, campesinos o soldados. Allí reposan todos, recordándonos que, ante la muerte, todos los hombres son iguales.
Vista general del osario
La iglesia de Santa María: algo más
El templo no solo alberga huesos. Su estructura cuenta con valiosos elementos arquitectónicos mozárabes, visigodos y románicos. El ábside, con sus arcos de herradura y columnas originales, es una muestra excepcional de la arquitectura de repoblación. Además, en el interior se conserva una imagen románica de la Virgen y restos de pinturas murales.
Fachada de la iglesia de Santa María de Wamba
Está compuesta por tres naves, y dos capillas donde la que más destaca es la del Osario. Sin embargo, la capilla de Doña Urraca también está, de alguna forma, relacionada directamente con la muerte. Ya que allí, descansan los restos de la Reina Urraca de Portugal, esposa del Rey Fernando II de León. Aunque debido a que ambos eran primos, su matrimonio fue anulado por el Papa. Finalmente, Urraca pasó el resto de sus días retirada en el monasterio de Santa María de Wamba.
Un dato curioso es que la iglesia fue en su día priorato de la Orden de San Juan de Jerusalén, lo que le confiere una historia ligada a los monjes-soldados y al legado de las cruzadas.
Curiosidades de Wamba
Se cree que el nombre del pueblo proviene del Rey visigodo de nombre Wamba, al parecer, nombrado Rey en este mismo lugar hacia el año 672.
Siguiendo la línea de la importancia que tuvo la época medieval para este pequeño pueblo, se encuentran las Jornadas Medievales, que se celebran cada año, perfectas para ambientar una visita al osario –solo para los más atrevidos–, cuentan con recreaciones históricas y mercadillos.
Forma parte de uno de los tramos del Camino de Santiago de Madrid. Si este pueblo despierta la curiosidad del lector, es mejor recordar que aunque el municipio se escribe Wamba, su pronunciación es «Vamba». Y los residentes de Wamba, son conocidos como wambeños.
Señalización del Camino de Santiago en su paso por Wamba
Una última mirada
Wamba no es solo un pueblo detenido en el tiempo: es un espejo donde el visitante puede encontrarse con su propia finitud. Su osario no pretende causar terror, sino ofrecer una meditación silenciosa sobre la fugacidad de la vida. Tal como escribió Manrique, los ríos de nuestras vidas terminan irremediablemente en el mar de la muerte. Y en ese mar, Wamba se convierte en puerto, recordándonos que, pese a la brevedad de la vida, hay belleza también en la memoria de quienes ya no están.