Sopapo a Sánchez y aviso al PP hipercentrista
«Autonómicas y generales son dos mundos», dicen los propagandistas del régimen, pero no es cierto: el PSOE paga en todas partes el desastre del Gobierno
Antes de que se abriesen las urnas en Andalucía, el aparato de propaganda del régimen ya estaba colocando la tirita sobre la herida: «‘Autonómicas y generales son dos mundos’, dicen en la Moncloa», eso escribía en el periódico pro sanchista un apologista receptor directo de las consignas de Palacio. Una rueda de molino con la que no se debe comulgar. La verdad de esta historia es que las elecciones andaluzas han sido un doloroso sopapo a Sánchez en la antipática cara de Montero. El peor resultado histórico del PSOE en Andalucía lo ha firmado quien ejercía hasta ayer mismo como vicepresidenta primera del Gobierno, con dos escaños menos que Espadas hace cuatro años. Un desastre.
Uno de los hitos de jeta suprema de Sánchez se produjo cuando aclaró que en realidad no conocía demasiado al truhan Ábalos. Así que no resulta descartable que acabe desdeñando a la histriónica Marisu de Triana como una tía a la que solo vio un día diez minutos en una caseta del PSOE en la Feria de Sevilla. Por eso se vuelve necesario recordar lo evidente: Sánchez le dio la importantísima cartera de Hacienda a esta nerviosa e incompetente señora, la promocionó a vicepresidenta primera y sigue siendo la vicesecretaria general del partido sanchista, antaño PSOE. Por último, la eligió como candidata para competir en la región más poblada de España, que además constituía el granero histórico del PSOE.
El titular más importante de estas elecciones andaluzas no es que Moreno gane quedándose a dos escaños de la mayoría absoluta, sino que el PSOE encadena un costalazo tras otro y los votantes han vapuleado a una eminente figura del sanchismo. Ya no rascan pelota ni siquiera en lo que fue históricamente su feudo inexpugnable. ¿Y cuál es la razón de este hundimiento? Pedro Sánchez. Siempre ha sido un flojo candidato, pero además con su radicalismo populista ha acabado arruinando las posibilidades electorales de sus barones. El PSOE hoy solo funciona en Cataluña, con un partido que en la práctica es una franquicia nacionalista, y en Castilla-La Mancha, con un barón que se ha significado por sus pellizcos constantes al líder supremo.
El resultado de Andalucía es extrapolable a toda España, porque atiende a que el personal está saturado del largo experimento sanchista, un hartazgo que se suma a un patente giro a la derecha de la sociedad española, como ocurre en toda Europa (aunque a Moreno Bonilla no era un candidato derechas). En el presente ciclo electoral el PP le ha metido un 4-0 al PSOE.
En cuanto a la victoria corta de Moreno Bonilla, el PP tiene que espabilar y darse cuenta de una vez de que con el híper centrismo y la renuncia a presentar la batalla de las ideas está descuidando al votante de derechas. Génova nunca debió aceptar peticiones absurdas del candidato Moreno como no hablar de la corrupción durante la campaña, cuando es hoy el talón de Aquiles que desangra al sanchismo, o no aceptar mítines conjuntos con Feijóo, como si fuesen a mancillar la siempre sonriente figura del candidato andaluz. Moreno, que se hacía ilusiones sucesorias en Madrid, queda tocado para esa carrera, sobre todo si Ayuso logra revalidar su mayoría absoluta. El PP no ha querido sacar punta a la golfada de Montero con el presidente del Tribunal Económico-Administrativo, denunciada con pelos y señales por El Debate, y ha dejado pasar hasta el escándalo de desviar fondos europeos para el pago de las pensiones. Quisieron ser tan aseados que han resbalado en el jabón. De todas formas, puede que el astuto Feijóo se esté sonriendo muy para sus adentros con esta bajada de humos al ambicioso Bonilla, que le aporta tranquilidad interna.
Sobre Vox, muchos señalarán que se ha estancado. Pero de los tres grandes partidos es el único que sube, aunque sea solo un 0.4 por ciento, y se cobrará su precio en la ventanilla de Moreno (claro que viendo el delirante programa especial de Pepa Bueno en TVE parecía que el que había ganado era Adelante Andalucía, cuando obtuvo 7 escaños menos que Vox).
Por lo demás, España está perdiendo miserablemente el tiempo con un Gobierno de cartón piedra, a la espera de que el aprendiz de autócrata derrotado en todos los frentes tenga a bien devolver la palabra al pueblo. En 1990, el PSOE ganaba las elecciones andaluzas con 62 escaños. Hoy se queda en 28. Huelgan comentarios. La historia de un hundimiento, con un iluminado encerrado en su búnker monclovita.