Benamira (Soria)
La historia de Fernando, el hombre que ha vivido solo en un pueblo de Soria durante 16 años: «No lo cambio por nada»
Trabaja en conservación de carreteras, y compagina su empleo con actuaciones como monologuista
Fernando del Amo tenía 22 años cuando decidió instalarse en Benamira (Soria), el pueblo de su familia paterna. Iba a ser algo temporal, «cuatro meses como mucho», el tiempo justo para «trabajar y ahorrarse el alquiler». Años después y a punto de cumplir los 39, sigue viviendo en esta pedanía del término municipal de Medinaceli, de la que durante 16 años ha sido el único vecino con residencia permanente.
Fernando trabaja en conservación de carreteras, y compagina su empleo con actuaciones como monologuista. De hecho, se instaló en Benamira porque aceptó una oferta de trabajo a pocos kilómetros de la localidad. Vive en la casa familiar, «la que construyeron mis tatarabuelos», explica a este periódico. No tiene hipoteca ni intención de tenerla. Ha ido reformando su casa poco a poco. «Dispongo de calefacción, chimenea y he cambiado las ventanas, así que no paso frío en invierno», relata.
En Benamira no hay tiendas, ni bar, ni transporte público, por lo que «es obligatorio tener coche», dice, «mejor dos, por si uno falla». Su día a día es tranquilo. La compra la reparte entre las localidades de Medinaceli, Arcos de Jalón y otros pueblos cercanos. A veces va a Soria y otras a Guadalajara. «Todo depende del día y de lo que haga falta en casa», comenta.
En cuano a las comunicaciones, Fernando explica que «antes todo era más complicado», pero ahora la situación ha cambiado. «Tenemos muy buena cobertura móvil, 5G» gracias a la cercanía de la autovía y de la línea del AVE Madrid-Barcelona. Sin embargo, la fibra óptica sigue sin llegar. «Prometieron que a finales de este año todos los pueblos tendríamos fibra, pero no tiene pinta».
Benamira (Soria)
Pese a vivir prácticamente solo durante muchos años, Fernando asegura que nunca se ha sentido aislado. Mantiene contacto diario con amigos de Madrid y Guadalajara (donde reside su novia) y cree que, en realidad, dispone de más tiempo que muchos de ellos. «Tengo más vida social que mis amigos de Madrid. Yo en quince minutos estoy donde quiero estar». La vida social, dice, «es la que te quieras buscar». «Aquí soy feliz, no lo cambio por nada».
Cuando viaja a Madrid, suele hacerlo por trabajo, para ver a sus amigos o para disfrutar de la oferta cultural de la capital, pero siempre tiene la misma sensación al regresar. «Cada vez que voy, vuelvo más convencido de que estoy mucho mejor en el pueblo».
Los nuevos vecinos
Desde hace unas semanas, Fernando ha dejado de ser el único residente de Benamira. Ahora tiene como vecinos a una familia de Georgia, formada por un matrimonio y dos hijos pequeños. «Ya no estoy solo», dice Fernando, que desde hace varios meses también convive con su padre, al que cuida. Los nuevos vecinos no hablan castellano ni inglés, así que tienen que utilizar «el Google Translator» para entenderse. Su estancia, de momento, es temporal.
Fernando cuenta que las Navidades también son diferentes en Benamira. Desde hace 14 años, varias familias se reúnen para despedir el año en la plaza del pueblo. Cenan en las antiguas escuelas y salen a la calle para tomar las uvas. «Las campanadas las hacemos allí», explica. No son uvas, son chucherías. «Mucho mejor que ver la tele».
Benamira (Soria)
En verano, el pueblo también cambia por completo. Las casas se abren y Benamira puede llegar a reunir a unas 200 personas. El centro social, ubicado en las antiguas escuelas, vuelve a ser punto de encuentro gracias a la asociación vecinal, que cumple ahora 40 años. Allí se juega a las cartas y se reúne la gente.
El entorno del Benamira está marcado por grandes infraestructuras. La autovía, la línea del AVE y los aerogeneradores rodean el núcleo urbano. A ello se suma ahora un nuevo proyecto energético que ha generado rechazo vecinal. «No estamos en contra de las renovables, es la ubicación», subraya, ya que quieren ponerlo en la entrada del pueblo, pueblo que en invierno él se encarga de mantener, limpiado las calles y las hierbas.