Un jinete atraviesa una de las hogueras a lomos de su caballo

Un jinete atraviesa una de las hogueras a lomos de su caballo, en una imagen de archivo

El rito ancestral que une a un pueblo de Ávila en torno al fuego: «No solo es una fiesta, es nuestro corazón»

San Bartolomé de Pinares mantiene vivo cada enero un ritual ligado a San Antón, el caballo y la identidad de un municipio

Cada mes de enero, la localidad abulense de de San Bartolomé de Pinares se convierte en el epicentro de una de las celebraciones más reconocidas y singulares de Castilla y León. Se trata de las luminarias de San Antón, vinculadas a la festividad del patrón de los animales, que congrega a vecinos, jinetes y miles de visitantes en torno a un ritual que ha sobrevivido al paso del tiempo. Grandes hogueras se encienden en las calles del pueblo para purificar a los animales y personas a través de su humo.

«No solo es una fiesta, es el corazón de nuestro pueblo», dice a este periódico María Jesús Martín Gómez, alcaldesa de la localidad. Vecinos y forasteros ya se han preparado para la noche de este viernes recogiendo leña y otros restos vegetales (escobas, piornos y ramos) con los que se han levantado las hogueras.

La ubicación y el tamaño de las luminarias responde a una organización tradicional que se repite cada año y que conocen bien los vecinos. Cuando cae la noche, tras los actos religiosos en honor a San Antón, se encienden las hogueras y comienza el momento más característico de la fiesta. «Este año habrá 20 hogueras, aproximadamente», detalla la alcaldesa.

Los jinetes, montados a caballo, recorren las calles y, después de la bendición a los animales, atraviesan o saltan las luminarias encendidas. El gesto tiene un significado simbólico profundamente arraigado en la tradición popular, el de proteger a los animales y preservarlos de enfermedades y adversidades durante el año que comienza.

Las «luminarias» de San Bartolomé de Pinares

Las luminarias de San Bartolomé de Pinares, Ávila

La organización de la fiesta mantiene también figuras tradicionales propias. El desarrollo de las luminarias recae en el mayordomo de San Antón, acompañado por dos jurados, encargados de velar por el correcto desarrollo de los actos y el cumplimiento de la tradición. Durante la celebración portan la conocida Vara del Santo, uno de los símbolos más reconocibles de la festividad y elemento que representa la autoridad ritual de la jornada.

La relación de San Bartolomé de Pinares con el caballo y con la ganadería explica este arraigado ritual. Durante generaciones, la economía local ha estado ligada al mundo rural y al cuidado de los animales, lo que ha dado sentido a una celebración que combina devoción religiosa y costumbre popular. El fuego actúa como elemento purificador dentro de un rito que se ha transmitido de padres a hijos.

Aunque el salto de los caballos sobre las hogueras es la imagen más conocida, las luminarias forman parte de un programa más amplio. El día 17, festividad de San Antón, la celebración continúa con otros actos tradicionales, como la bendición de los animales y distintos juegos ecuestres, entre ellos el conocido juego de las cintas, que refuerzan el carácter festivo y comunitario de la jornada.

Origen incierto

El origen exacto de las luminarias no está documentado con precisión, pero las fuentes locales y la tradición oral sitúan su nacimiento en antiguas prácticas de protección del ganado, posteriormente integradas en el calendario cristiano. Con el paso del tiempo, la fiesta ha sabido adaptarse a las nuevas normas de seguridad y bienestar animal sin perder su esencia.

En los últimos años, las luminarias de San Antón han ganado proyección más allá del ámbito local, y ya se ha consolidado como un reclamo turístico para el municipio en pleno invierno. Desde el Ayuntamiento de la localidad anticipan una afluencia masiva de visitantes en esta edición (con más de 100 jinetes) y piden prudencia para disfrutar de esta tradición ancestral.

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