Daniel Martín

Villalar, muy poco que celebrar

Nadie sabe muy bien qué relación puede haber entre la realidad que vivieron Bravo, Padilla y Maldonado hace medio milenio con las actuales preocupaciones de los castellanos y leoneses, pero la izquierda se ha apropiado de una fiesta con la connivencia de una derecha que, con razón, se muestra muy incómoda en ella

Un año más, el Día de Castilla y León ha vuelto a evidenciar que la Comunidad está fragmentada, desunida, sin un sentimiento de pertenencia generalizado. Celebramos «una ficción», que dirían los leonesistas, a los que quizás no les falte razón. En León, en vez de festejar, se llevó a cabo una marcha para reivindicar la creación de la 18ª comunidad autónoma de España, la Región Leonesa. Y con el alcalde de la capital, el socialista José Antonio Diez, como una de sus caras visibles. Sus jefes y compañeros de filas, con dos ministros de Pedro Sánchez a la cabeza, acudían por su parte a Villalar de los Comuneros, que a punto debe estar de tener que ser rebautizado a la fuerza como «Villalar de los Comunistas»; al menos una vez al año.

Nadie sabe muy bien qué relación puede haber entre la realidad que vivieron Bravo, Padilla y Maldonado hace medio milenio con las actuales preocupaciones de los castellanos y leoneses, pero la izquierda se ha apropiado de una fiesta con la connivencia de una derecha que, con razón, se muestra muy incómoda en ella. El presidente de la Junta en funciones, Alfonso Fernández Mañueco, hizo acto de presencia en la localidad vallisoletana a primera hora de la mañana, con el pueblo aun casi vacío, para entregar unos premios de música folclórica.

Allí apuntaba a que quería cada 23 de abril es una «fiesta de todos» y que la debemos disfrutar «en cada rincón de esta tierra». «Estamos trabajando para conseguirlo», añadía. De Vox ni hubo noticias. En cambio, en la campa se pudo ver a Óscar Puente o a Ana Redondo –y hasta al vasco Patxi López, portavoz parlamentario del PSOE– echando pestes del PP y Vox y promocionando la regularización masiva de inmigrantes ilegales promovida por Sánchez.

También se vio a dirigentes de izquierdas de partidos sin representación en las Cortes, líderes sindicales y hasta una desconocida actriz erigidos en protagonistas al leer el «manifiesto» de Villalar; cómo no centrado en buena parte en advertir de los peligros de «la ultraderecha». Todo ello en un mar de banderas palestinas, comunistas, castellanistas, republicanas… y hasta de Irán, mezcladas con las castellanoleonesas –qué menos–. Un batiburrillo, en definitiva, de símbolos y reivindicaciones de parte que poco o nada tienen que ver con esta tierra enorme surgida del Estado de las Autonomías del 'café para todos'.

Esa herencia territorial surgida de la Transición se plasma de manera muy dispar a nivel político. En el PP no quieren oír hablar de mover una coma del Estatuto de Autonomía; tampoco el PSOE, que tiene a un líder autonómico que no deja de repetir «Castilla-León». Vox quiere acabar con el Estado autonómico a la vez que intenta gobernar en las comunidades y en las Cortes tienen representación partidos que no miran demasiado más allá de sus límites provinciales más que para criticar el inexistente centralismo con el que, denuncian, se gobierna la Comunidad, con Valladolid siempre como chivo expiatorio.

Y con estos mimbres se llegaba al 50º aniversario de la primera celebración de Villalar, que reunía a media tarde a unas 20.000 personas. Algunas, en un ambiente festivo, aprovechaban para protestar sobre todo por la situación que se vive actualmente en otras latitudes y siempre bajo el tamiz izquierdista. Como la denuncia del «bloqueo» a Cuba por parte de Estados Unidos, con el embajador del régimen cubano en España presente y al que se concedió el 'Premio Villalar'. Un despropósito.

No tenemos capital, no tenemos himno y buena parte de los castellanoleoneses –como dice la RAE, que no el Estatuto– no tiene un sentimiento de pertenencia demasiado marcado hacia la Comunidad. Pero no todo son malas noticias: la víspera, los conciertos organizados por la Junta congregaban en 12 ciudades a unas 125.000 personas, muchos de ellos jóvenes que ya han nacido con Castilla y León constituida y que son quienes pueden cohesionarla en el futuro, o «recuperar la conciencia histórica como pueblo», a la que aludía Mañueco. Por ahora, muy poco que celebrar.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas