Pallozas en la localidad berciana de Balboa

Pallozas en la localidad berciana de BalboaTurisleón

Los siete pueblos del Bierzo que tienen las pallozas mejor conservadas: un legado único en Europa

Estas viviendas prerromanas de planta circular, muros de piedra y techumbre de paja, han sobrevivido durante siglos al clima, al aislamiento y a los cambios de la vida rural

En las montañas occidentales de León, el Bierzo guarda uno de los tesoros etnográficos más singulares de la Península Ibérica: las pallozas, viviendas prerromanas de planta circular u ovalada, muros de piedra y techumbre de paja de centeno que han sobrevivido durante siglos al clima, al aislamiento y a los cambios de la vida rural. Aunque su imagen más conocida se asocia a O Cebreiro, lo cierto es que varios pueblos bercianos conservan conjuntos excepcionales, algunos de ellos poco conocidos incluso para los propios leoneses.

Hay siete localidades en este enclave tan especial que es el Bierzo donde las pallozas siguen en pie, restauradas o habitadas, convertidas en museos o integradas en el paisaje cotidiano. Siete paradas que permiten comprender cómo vivían los antiguos pobladores de la montaña y por qué este tipo de arquitectura, tan humilde como resistente, se ha convertido en un símbolo de identidad.

El excepcional conjunto de Balboa

En pleno valle de Balboa, rodeado de castaños centenarios, se encuentra uno de los conjuntos mejor conservados de la comarca. En el pueblo de Balboa, varias pallozas restauradas mantienen su estructura original y se utilizan como espacios culturales, restaurantes o centros de reunión vecinal. La más emblemática es la Palloza de Balboa, sede de festivales tradicionales y punto de encuentro para viajeros que buscan autenticidad. Aquí la arquitectura tradicional no es un decorado: forma parte de la vida diaria.

Palloza en Campo del Agua, en El Bierzo

Palloza en Campo del Agua, en el BierzoTurisleón

A más de 1.000 metros de altitud, Cantejeira conserva un pequeño pero valioso conjunto de pallozas que se integran en un caserío de piedra oscura y tejados de pizarra. El aislamiento del pueblo, accesible por una carretera estrecha y serpenteante, ha permitido que su arquitectura tradicional llegue hasta hoy sin grandes alteraciones. Pasear por sus calles es viajar atrás en el tiempo, con la sensación de que la vida rural se ha detenido.

Si hay un lugar donde las pallozas alcanzan su máxima expresión, ese es Campo del Agua, en la vertiente berciana de los Montes de León. Declarado Bien de Interés Cultural, este conjunto etnográfico llegó a contar con más de una treintena de pallozas, muchas de ellas arrasadas por un incendio en 1989. Aun así, varias han sido restauradas con rigor, convirtiendo el pueblo en un auténtico museo al aire libre. Su ubicación, en un valle remoto y silencioso, multiplica la sensación de estar ante un paisaje ancestral.

Muy cerca de Campo del Agua se encuentra Aira da Pedra, otro núcleo donde las pallozas han sobrevivido gracias al esfuerzo vecinal y a proyectos de recuperación impulsados en las últimas décadas. Aunque el número es reducido, su estado de conservación es notable y permite comprender cómo se distribuían los espacios domésticos: el fuego central, la zona para el ganado, los útiles agrícolas y la vida familiar compartiendo un mismo techo vegetal.

Palloza en Paradaseca, en el valle del río Burbia, perteneciente a Villafranca del Bierzo

Palloza en Paradaseca, en el valle del río Burbia, perteneciente a Villafranca del BierzoDavid Nax / Wikimedia Commons

En el municipio de Villafranca del Bierzo, Paradaseca conserva varias construcciones tradicionales, entre ellas pallozas que han sido rehabilitadas respetando su estructura original. El pueblo, rodeado de montes y prados, es un ejemplo perfecto de cómo la arquitectura popular se adaptaba al clima extremo y a la economía de subsistencia. Sus pallozas, de muros gruesos y cubiertas inclinadas, hablan de inviernos duros y de una vida marcada por el ritmo de la naturaleza.

Menos conocida que otras localidades, Villasumil guarda un pequeño conjunto de pallozas que sorprende por su autenticidad. No son edificios musealizados, sino construcciones que han permanecido en pie gracias al uso continuado y a la transmisión generacional de técnicas tradicionales. Su visita permite descubrir un Bierzo más íntimo, alejado de las rutas habituales.

En el extremo occidental de la comarca, casi en la frontera con Galicia, Oencia conserva ejemplos de arquitectura tradicional que incluyen pallozas y hórreos de influencia gallega. Su ubicación, entre montañas y ríos, explica la mezcla cultural que caracteriza a esta zona. Las pallozas de Oencia, algunas restauradas recientemente, muestran cómo este tipo de vivienda se extendió por todo el noroeste peninsular.

La conservación de las pallozas no es solo una cuestión estética o turística: es un acto de memoria. Hoy, gracias a proyectos de recuperación y al creciente interés por el turismo rural, estos pueblos del Bierzo se han convertido en guardianes de un legado único en Europa.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas