Librería Hijos de Santiago Rodríguez, en riesgo de cierre tras 175 años

Librería Hijos de Santiago Rodríguez, en riesgo de cierre tras 175 añosRicardo Ordóñez / Ical

Cuando una librería histórica baja la persiana: el síntoma de un sector que vive al límite

Tomamos el pulso al librero tradicional, que reconoce que la sensación de fragilidad es constante. «Si te funciona mal una campaña de Navidad o un Día del Libro, las cosas se ponen feas», lamenta

El posible cierre de la librería más antigua de España, en Burgos, no es solo una noticia local: es un aviso. Un síntoma claro de que el ecosistema librero español, pese a la aparente buena salud que reflejan las cifras de facturación, vive en un equilibrio tan frágil que cualquier sacudida puede resultar fatal. Lo que ocurre entre estanterías, mostradores y escaparates es la historia de un oficio que resiste, pero que cada vez lo hace con menos margen.

En los últimos años, la tendencia se ha repetido en ciudades muy distintas. En Madrid bajó la persiana Tipos Infames, una librería de referencia que no pudo soportar la presión inmobiliaria. En Salamanca, una histórica como La Galatea siguió el mismo camino. Y ahora, en Burgos, la librería Hijos de Santiago Rodríguez, la más antigua de España con 176 años, ha pedido socorro para salvarse con una campaña de micromecenazgo. Una lista que crece en silencio. El patrón se repite: alquileres al alza, locales cada vez más inaccesibles y un modelo de negocio que exige facturar mucho para ganar muy poco.

Porque el margen del libro es el que es: alrededor del 30% del precio de venta. Si un libro cuesta 20 euros, la librería se queda con 6, así lo lamenta uno de los libreros castellanos y leoneses que aún sobrevive y que prefiere no dar su nombre para evitar precisamente ‘miradas de pena’. De esos seis euros, reconoce a El Debate, deben salir sueldos, luz, calefacción, impuestos y, sobre todo, el alquiler. «Incluso funcionando bien, las cuentas están justas», reconoce. «La sensación de fragilidad es constante. Si te funciona mal una campaña de Navidad o un Día del Libro, las cosas se ponen feas».

Lucia (d), de la librería Hijos de Santiago Rodríguez, junto a su equipo

Lucia (d), de la librería Hijos de Santiago Rodríguez, junto a su equipoRicardo Ordóñez / Ical

Y sí, es cierto que se factura más, pero es que «desde la crisis del papel de hace 4 ó 5 años, los libros son más caros, entonces no se venda más», asegura.

La estacionalidad es otro enemigo silencioso. La Navidad y el día 23 de abril concentran nada menos que un tercio de la facturación anual. Dos fechas que pueden salvar un año… o hundirlo. A eso se suma la necesidad de diversificar: material escolar, libros de texto, actividades culturales, clubes de lectura, presentaciones, talleres. «Depende del modelo de librería, pero hoy hay que hacer muchas cosas para traer gente al local», explica. La apreciación social hacia las librerías creció tras la pandemia, sí, pero no lo suficiente como para blindar un negocio que, con plantillas amplias, se vuelve casi imposible de sostener.

El golpe de las grandes superficies

En este contexto, la competencia también pesa. No tanto el libro electrónico —que no ha despegado en España— ni la piratería, que se ve mitigada por la oferta gratuita de las bibliotecas. El verdadero golpe llega del comercio electrónico y de las grandes superficies. Amazon y Casa del Libro, por ejemplo, con músculo financiero suficiente como para ofrecer un 5% de descuento permanente, condicionan hábitos de compra y erosionan al comercio local. La Ley del Precio Fijo protege, pero no compensa la diferencia de escala.

Aun así, hay espacios para la esperanza. Muchas librerías han encontrado un salvavidas inesperado en la literatura juvenil y fantástica, en las ediciones especiales, en los cantos tintados que arrasan en redes sociales. «Hemos visto crecer a una generación que valora el libro como objeto y que siente la lectura como parte de su identidad», cuenta el librero. «Espero que no sea una moda pasajera».

Librería Hijos de Santiago Rodríguez

Librería Hijos de Santiago RodríguezRicardo Ordóñez / Ical

El Ministerio de Cultura y la asociación Segal trabajan ya en un programa para facilitar el relevo generacional: apoyo jurídico, asesoramiento y herramientas para que quienes se jubilan puedan traspasar sus negocios sin que desaparezcan. Porque el mapa librero se está polarizando entre las pequeñas librerías que se basan en el autoempleo, o grandes superficies con respaldo financiero. El término medio, el que históricamente ha sostenido el tejido cultural de los barrios, es el que más riesgo corre.

El cierre, si finalmente sucede, de una librería histórica como Hijos de Santiago Rodríguez no es solo la pérdida de un comercio. Es la desaparición de un lugar donde se recomiendan historias, se forman lectores y se construye comunidad, como ha subrayado nuestro confidente que, sin embargo, resalta que, aunque el libro resista, las librerías viven al límite.

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