César García Marirrodriga, ingeniero aeronáutico de la ESA con una extensa trayectoria en misiones como LISA Pathfinder y Solar Orbiter

César García Marirrodriga, ingeniero aeronáutico de la ESA con una extensa trayectoria en misiones como LISA Pathfinder y Solar OrbiterNASA-KSC

Entrevista | César García Marirrodriga

El palentino que pasó de diseñar telescopios a dirigir misiones espaciales europeas: «El eclipse es un aperitivo»

Ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y con másteres por universidades holandesas, lleva más de tres décadas en la Agencia Espacial Europea, donde ha liderado misiones de primer nivel mundial

Hay palentinos que se van y vuelven con el mundo en las manos. César García Marirrodriga, ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y con másteres por universidades holandesas, lleva más de tres décadas en la Agencia Espacial Europea (ESA), donde ha liderado misiones de primer nivel mundial como LISA Pathfinder y Solar Orbiter. Pero Palencia nunca le ha quedado lejos. Fue él quien propuso retransmitir el lanzamiento de LISA Pathfinder desde San Pedro Cultural de Becerril de Campos, y quien consiguió exponer después en esa misma sala una pieza original de la misión, hecha de zafiro y recubierta de oro, que sigue allí guardada como una pequeña reliquia del cosmos. Ahora regresa para ser uno de los motores del Simposio Internacional del Sol y los Eclipses (SOLPÉ), que se celebra este lunes en el Centro Cultural Provincial de Palencia, cita que aprovecha la Agencia Ical para realizarle esta entrevista.

–Fue usted quien propuso este simposio a la Diputación. ¿Cómo surgió la idea?

–En septiembre pasado, como he trabajado con estos tres científicos solares durante muchos años, le propuse a la presidenta, Ángeles Armisén, que qué le parecía si, para hacer de bocado o de aperitivo del eclipse, invitaba a algunos de mis compañeros para que vinieran a contarnos algo del Sol y de los eclipses. La Diputación la acogió con entusiasmo y con mucha profesionalidad y la hemos ido elaborando. Me parece muy valioso que se potencie la cultura y el turismo científico. En Palencia hay muchísima historia y muchísimo arte, pero esta es una iniciativa que mira al futuro, y eso me parece muy importante.

–Es ingeniero aeronáutico, especializado en motores. ¿Cómo acaba trabajando en telescopios y luego en satélites?

–Uno estudia donde estudia y yo estaba en Madrid. Tuve la oportunidad de ir al Instituto de Astrofísica de Canarias y aquello supuso para mí un cambio importante de carrera, fue mi primer trabajo. Había estudiado la especialidad de motores de avión y pasar a diseñar y trabajar en telescopios terrestres es un salto, pero en el fondo los conocimientos son similares. Y más adelante la vida dio otra vuelta: tuve la oportunidad de empezar a trabajar en la Agencia Espacial Europea, en los Países Bajos, trabajando en el equivalente espacial de lo que yo hacía en Tenerife, que eran mecanismos. De ahí pude dar el paso a hacer algo parecido pero ya embarcado en satélites.

No mucha gente sabe que cuando la NASA empezó a volar vehículos a la superficie de Marte, los únicos instrumentos científicos a bordo estaban hechos en Europa

–¿Cómo fue el salto de ingeniero a director de misión?

–Es una evolución gradual. Cuando estás trabajando muchos años puedes seguir haciendo lo mismo que estabas haciendo, pero hay un componente de ambición personal y también de oportunidad. Hay ocasiones en que hay un hueco vacante y puedes dar un paso adelante. Y en el fondo el día a día te va llevando a asumir responsabilidades sin darles mayor importancia: donde antes preguntabas, ahora te toca dar la respuesta, y lo vas haciendo así.

César García Marirrodriga, que lleva más de tres décadas en la Agencia Espacial Europea

César García Marirrodriga, que lleva más de tres décadas en la Agencia Espacial EuropeaESA

–Ha dirigido misiones como LISA Pathfinder o Solar Orbiter. ¿Con cuál se queda?

–LISA Pathfinder fue muy especial porque demostró que podemos detectar ondas gravitacionales desde el espacio, algo que abrirá una ventana completamente nueva al universo. Solar Orbiter tiene para mí un componente personal enorme, porque he trabajado durante años con los científicos que ahora vendrán a Palencia. Además, en Solar Orbiter la aportación española ha sido excepcional. No mucha gente sabe que cuando la NASA empezó a volar vehículos a la superficie de Marte, los únicos instrumentos científicos a bordo estaban hechos en Europa. Tenemos menores presupuestos, pero hacemos cosas muy importantes.

–¿Cómo valora el nivel científico español en este campo?

–En la ESA, como en otros organismos internacionales, la gente que llega de casi todos los países está muy motivada y muy preparada, y los españoles no son una excepción. No diría que somos los mejores del mundo, pero sí que somos muy competitivos. Siendo un poco crítico, también ocurre que las condiciones laborales y de carrera en los países del sur de Europa quizá no son tan buenas como en el norte, y eso a veces se convierte en un incentivo adicional para quien quiere seguir adelante en la profesión.

Es palentino y siempre ha llevado Palencia con usted. La pieza de LISA Pathfinder que sigue en Becerril de Campos es un ejemplo de ello…

–Tengo relación con la Agrupación Astronómica Palentina desde hace muchos años y la primera vez que me llevaron a San Pedro Cultural estaba todavía en obras. Me llamó mucho la atención y se me quedó en la cabeza la idea de ver si podía contribuir de alguna manera. Después del lanzamiento de LISA Pathfinder había un componente clave de la misión que no había volado, un componente equivalente, y pensé que el sitio perfecto para exponer ese trocito —esa joya, porque está hecha de zafiro y recubierta de oro— era San Pedro Cultural. Lo propuse y de ahí surgió la exposición, que lleva ya unos diez años allí.

–¿Qué significado científico tiene el eclipse del 12 de agosto para los investigadores?

–Varios de los ponentes explicarán cómo los eclipses han contribuido al conocimiento humano a lo largo de la historia. Lo que ocurre en el siglo XXI es que el interés científico estricto de los eclipses ha decrecido, porque la corona solar se estudia mucho mejor desde los satélites que orbitan el Sol o la Tierra, sin atmósfera que impida el paso de las longitudes de onda ultravioleta. Ahora se concentra sobre todo en aspectos educativos, como el proyecto que uno de los ponentes, el doctor Romoli, tiene previsto con estudiantes cerca de Valencia el día 12. Pero por encima de todo está el aspecto humano de observar un fenómeno de la naturaleza que es excepcional. La oscuridad total dura dos minutos, sí, pero esos dos minutos van a ser fantásticos porque la naturaleza se altera y se nos van a poner los pelos de punta.

García Marirrodriga, con el astronauta y exministro Pedro Duque

García Marirrodriga, con el astronauta y exministro Pedro DuqueCésar Manso

–¿Qué podrá ver alguien que esté en Palencia ese día y nunca haya visto un eclipse total?

–Va a ver la corona solar en toda su gloria y en toda su magnificencia. Pero también va a ver cómo la naturaleza se altera: los pájaros se callan, la temperatura baja, el horizonte se tiñe de colores que no existen en ningún otro momento. Es una experiencia que no se puede reproducir de ninguna otra manera. Y hay que remontarse más de cien años para que desde Palencia se pudiera observar un eclipse total de Sol, de modo que no va a repetirse en toda nuestra vida.

Una de las primeras memorias que tengo de algo medianamente técnico fue la misión Apolo 8, en 1968, imágenes en blanco y negro que recuerdo vagamente. No me podía imaginar entonces que algún día trabajaría con gente que participó en aquel programa

–¿Qué esperas de la mesa redonda sobre el aspecto humano de la ciencia que moderarás por la tarde?

–Que cada uno de los ponentes, incluidos los estudiantes universitarios, explique qué les ha llevado a hacer lo que hacen, qué momentos buenos han tenido, qué momentos menos buenos. Queremos que el mensaje que pase sea que somos gente normal, que lo que hemos hecho es dedicarnos a lo que se nos daba bien y lo que nos gustaba. Yo mismo ya he contado por qué me fui y cómo me vine. Siempre hay un elemento de suerte, uno de trabajo y uno de educación. Queremos animar a la gente joven a que tome decisiones y apueste por lo que le gusta. Todos los que vendremos el lunes estamos enamorados de lo que hemos hecho durante treinta o cuarenta años. Eso, al final, se nota.

–La misión Artemis II ha vuelto a poner la luna en el centro de la actualidad. ¿Qué le ha supuesto verlo?

–Para mí ha sido muy especial. Una de las primeras memorias que tengo de algo medianamente técnico fue la misión Apolo 8, en 1968, imágenes en blanco y negro que recuerdo vagamente. No me podía imaginar entonces que algún día trabajaría con gente que participó en aquel programa. Artemis II ha sido una misión muy similar al Apolo 8: una nave con personas que no aterriza en la luna, simplemente da una vuelta y vuelve. Verlo ahora, al final de mi carrera, es de alguna manera cerrar un ciclo. Y es otro aperitivo para viajes más lejanos.

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