Estatua en honor a Jimena Blázquez, en Ávila, con las llaves de la ciudad en la mano
El ingenio español que se ayudó de las murallas de Ávila para salvar la ciudad del ataque del ejército musulmán
Cuenta la leyenda que, en 1109, Jimena Blázquez disfrazó a las mujeres y niños de soldados para simular que la ciudad no estaba indefensa
menos conocida que Santa Teresa de Jesús o Isabel la Católica, que también dejaron su impronta en Ávila, es otra mujer que vivió durante la Edad Media en la localidad castellano y leonesa y cuya historia, sin saber hasta qué punto es cierta, se ha convertido en leyenda, Jimena Blázquez.
Se cuenta que durante la época de la Reconquista, los soldados cristianos abulenses tuvieron que salir en dirección al Puerto de Menga, ubicado a unos 40 kilómetros de la ciudad, necesitando a todos los hombres en edad de luchar, posiblemente esperando sorprender a los atacantes, el ejército musulmán que acechaba la ciudad.
Las aparentemente inexpugnables murallas de Ávila, hasta ahora grandes aliadas de la ciudad, únicamente podían ser vencidas con un largo asedio o aprovechando un gran descuido de los defensores. Esta fue la ocasión que se les presentó a los batallones musulmanes cuando supieron que la ciudad había quedado sin guarniciones, ni efectivos, en un momento en el que los invasores no se detenían ante nada para luchar contra los territorios que habían sido reconquistados por los cristianos a su vez.
No existen fuentes de rigor que documenten este asedio y, como suelen suceder con estas historias, su epopeya acabó por transformarse en una fábula popular, que se repite en el tiempo como cierta.
La muralla medieval de Ávila, con 82 torres y nueve puertas monumentales
Sin embargo, antes de partir las tropas abulenses, se nombró gobernadora a Jimena Blázquez, mujer del alcalde, Fernán López Trillo, que había salido junto a sus hombres para presentar batalla a campo abierto.
Sin saber de esta circunstancia, el ejército moro decide atacar la muralla. Al notar los primeros movimientos de la tropa, formada por 9.000 soldados, Jimena reúne a todas las mujeres, niños y ancianos y les ordena 'disfrazarse' con ropajes de guerreros, disponiéndose en las zonas más visibles de la muralla con teas encendidas, gritando y tocando las trompetas de guerra. De este modo hicieron creer al enemigo que aún quedaban miles de defensores dispuestos a dejarse la sangre en aquella batalla.
Azulejo dedicado a Jimena Blázquez en la Plaza de España de Sevilla
Ante la aparente circunstancia de que Ávila se encontraba bien defendida, los batallones musulmanes que estaban dirigidos por Abdalla Alhazen, al servicio del califa de Córdoba, ni siquiera intentan el asedio y se retiran. Jimena había salvado a la ciudad.
Cuando el verdadero ejército regresó a Ávila y se conoció lo que había sucedido, se decidió recompensar la valentía de Jimena y a partir de este momento, las mujeres abulenses tuvieron el privilegio de participar en las reuniones del Ayuntamiento.