Grajal de Campos con su curiosa torre
El pueblo leonés de apenas 200 habitantes que presume de tener dos monumentos nacionales
En plena Tierra de Campos conviven un imponente castillo artillero del siglo XVI y un palacio renacentista junto a una curiosa iglesia parroquial
Con poco más de 200 vecinos, Grajal de Campos aparece como un punto para detenerse en la llanura cerealista de Tierra de Campos, en la provincia de León. Y es que este pequeño pueblo leonés conserva un imponente castillo artillero del siglo XVI y un palacio renacentista junto a una iglesia parroquial, piezas que convierten a la localidad en un sorprendente museo al aire libre.
La Tierra de Campos que rodean este pueblo leonés está compuesta por grandes llanuras onduladas que se alternan con cerros y pequeños ríos. Considerado el ‘granero de España’, fue un área cerealista de la Hispania romana.
Grajal de Campos, en la provincia de León
Ya en Grajal llama la atención su castillo, erigido sobre restos medievales y reconstruido entre 1517 y 1521, es considerado uno de los primeros castillos artilleros de España: planta cuadrada con cuatro torreones preparados para emplazar cañones y muros de gran espesor. Fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931.
Su silueta baja y robusta, más ancha que alta, rompe la monotonía de los campos y recuerda la transición de la guerra medieval a la guerra de pólvora; hoy el foso y el talud permiten imaginar su antigua función defensiva.
Junto al castillo se alza el Palacio de los Condes de Grajal, un edificio renacentista del siglo XVI que contrasta con la severidad militar del castillo: fachadas con escudos, ventanas geminadas y espacios que hablaban de poder y vida señorial.
Una torre cortada 'a cuchillo'
Pero hay otro monumento que destaca no tanto por su valor artística, sino por lo extraño de su torre. Esa es la iglesia de San Miguel, cuyo campanario de 40 metros de altura parece como si hubiera sido cortado a cuchillo como una tarta y retirado una de las porciones.
Panorámica de Grajal de Campos
No se conoce exactamente si su construcción con esta extraña forma se debió a que se encontraba adosada a otro edificio o si invadía algún terreno. Sea como sea los vecinos tienen un dicho sobre ella: «Tiene cinco esquinas, pero le falta una para tener cuatro».
Grajal no está montado como un parque temático: sus calles, su vida cotidiana y su patrimonio conviven con la actividad agrícola de la comarca. El visitante encuentra rutas históricas, visitas guiadas y una gastronomía ligada a productos locales como el lechazo y la lenteja de Tierra de Campos.
La visita a este pequeño pueblo leonés merece la pena precisamente por el contraste sorprendente de un castillo artillero y un palacio renacentista en un núcleo de apenas doscientas personas.
En síntesis, Grajal de Campos es un ejemplo de cómo la historia monumental puede sobrevivir en la escala más pequeña. Un pueblo leonés que guarda en sus muros la memoria de la guerra de artillería, la vida señorial renacentista y la religiosidad rural, todo ello a tiro de paseo por la llanura de Tierra de Campos.