La fuente de La Cascada, en el encendido de su reinauguración
La Granja de San Ildefonso recupera uno de sus grandes símbolos con la restauración de la Fuente de la Cascada
El diseño en escalera de La Cascada permite conectar el nivel superior de los jardines con la zona inferior, próxima a la propia arquitectura palaciega
La Fuente de la Cascada, situada en los Jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso (Segovia), está otra vez en funcionamiento tras un proceso de restauración que se ha prolongado durante prácticamente dos años y un presupuesto de 5,2 millones de euros de fondos europeos.
La reapertura ha permitido recuperar uno de los elementos más emblemáticos del conjunto monumental, tanto por su valor patrimonial como por su relevancia dentro del diseño de los jardines. Unas 1.500 personas se congregaron el jueves para presenciar la puesta en marcha de los chorros de la fuente.
El director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional, Luis Pérez de Prada, señaló que la Fuente de la Cascada constituye uno de los elementos más emblemáticos del conjunto. Según explicó, su relevancia radica en su ubicación, justo en el eje principal de la fachada del Palacio Real, frente a los cuartos de dormir de los reyes.
Al acto asistieron la presidenta de Patrimonio Nacional, Ana de la Cueva; el presidente de la Diputación de Segovia, Miguel Ángel de Vicente; el alcalde de La Granja de San Ildefonso, Samuel Alonso, así como representantes de los estamentos civiles y militares de la provincia, según recoge Europa Press.
El diseño en escalera de La Cascada permite conectar el nivel superior de los jardines con la zona inferior, próxima a la propia arquitectura palaciega. Pérez de Prada destacó que los trabajos han permitido recuperar la mayor parte de los elementos de piedra que revisten la fuente, así como el sistema hidráulico original, uno de los rasgos que Patrimonio Nacional considera más singulares del conjunto de fuentes de La Granja, al conservarse prácticamente intacto desde su construcción en el siglo XVIII.
El directivo subrayó que este resultado ha sido posible gracias al trabajo del personal técnico propio de la institución, especializado en el mantenimiento de piezas de fundición, plomería y los grupos escultóricos que componen la fuente.
6.200 piezas de mármol
La arquitecta del Departamento de Arquitectura y Jardines de Patrimonio Nacional responsable de la restauración, María Corzo, detalló la magnitud de la intervención. La fuente ocupa una superficie de 1.500 metros cuadrados, mientras que el área total de actuación, incluyendo el ajardinamiento próximo, alcanzó los 4.500 metros cuadrados. La estructura cuenta con 6.200 piezas de mármol, de las que se desmontaron unas 4.300 para su restauración en dos talleres simultáneos, uno instalado en la propia obra y otro en las instalaciones de la empresa constructora.
Corzo explicó que se lograron recuperar piezas que en un principio se consideraban irrecuperables por su deterioro, tanto las de mármol blanco como las de oficalcita, de tono rojizo, especialmente dañadas. Únicamente fue necesario reponer alrededor de 300 piezas nuevas, para las que se recurrió a mármoles procedentes de Carrara (Italia), con el objetivo de mantener la máxima similitud con el material original. La restauración, añadió Corzo, despertó el interés de otras instituciones europeas, entre ellas los servicios técnicos hidráulicos del Palacio de Versalles, que visitaron las obras.
Respecto al simbolismo del conjunto, Pérez de Prada recordó que la fuente incorpora la figura de Anfítrite, en alusión a los monarcas que impulsaron la construcción de los Jardines de La Granja, Felipe V e Isabel de Farnesio, cuya residencia de retiro se inspiró en los modelos franceses de la época.
El directivo también se refirió a la gestión sostenible del agua, un aspecto que, según indicó, Patrimonio Nacional ha incorporado a su filosofía de conservación ante el contexto de cambio climático. En este sentido, explicó que el funcionamiento continuado de las fuentes se reserva actualmente para fechas señaladas, como las festividades de Santiago, San Luis y San Fernando, con el fin de compatibilizar el disfrute cultural del recinto con la administración de un recurso considerado escaso.