Chillida con sus hijos en Castrillo de la Reina, Burgos

Chillida con sus hijos en Castrillo de la Reina, BurgosArchivo Chillida - Fundación Eduardo Chillida y Pilar Belzunce vía Instagram

El rincón de Burgos donde Chillida encontró refugio para crear entre naturaleza y espiritualidad

La familia adquirió en los años 70 un antiguo molino a las afueras de Castrillo de la Reina que se convirtió en «hogar, pausa e inspiración»

Burgos ocupó durante años un lugar especial en la vida del escultor y grabador guipuzcoano, Eduardo Chillida (1924-2002). A las afueras de la pequeña localidad de Castrillo de la Reina, en plena Sierra de la Demanda, el artista vasco adquirió en los años 70 una casa-molino, el Molino de los Vados, donde pasaba largas temporadas de verano. Ese lugar se convirtió en un espacio para inspirarse y trabajar, pero también para descansar y disfrutar de su familia.

La naturaleza desempeñó un papel fundamental en la relación de Chillida con la provincia burgalesa, según explica Chillida Leku, la institución dedicada a preservar y difundir su legado. El artista encontró allí, junto a su mujer, Pilar Belzunce, un refugio que acabaría convirtiéndose «en hogar, en pausa y en inspiración».

En el molino Chillida trabajó y dejó muestras de la espiritualidad que también impregnó su obra. Como ejemplo, fue allí donde esculpió una pieza de arenisca tallada desde el interior que alberga una cruz.

Chillida en Castrillo de la Reina, Burgos

Chillida en Castrillo de la Reina, BurgosArchivo Eduardo Chillida -Fundación Eduardo Chillida y Pilar Belzunce vía Facebook

La historia de su llegada a este rincón burgalés la relata con mayor detalle el historiador Abilio Abad Izquierdo, en un artículo publicado en la página web del Ayuntamiento de Castrillo de la Reina con motivo del centenario del nacimiento del artista. A comienzos de los años 70 Chillida buscaba un lugar apartado del «mundanal ruido» donde hallar «sosiego del alma para pensar y recrear su obra».

La elección de Castrillo de la Reina estaría vinculada con la amistad que mantenía con el crítico de arte José María Moreno Galván, que tenía otro molino en la cercana Palacios de la Sierra. Chillida comenzó a frecuentar aquel entorno y sus estancias fueron haciéndose cada vez más prolongadas, especialmente durante los meses de verano.

«Recreó el molino cual si fuera una de sus obras de arte», relata Abad, quien explica que el escultor recorría los alrededores de Castrillo en busca de piedras antiguas para acondicionar su casa. «Le dedicaron mucho tiempo, trabajo, esfuerzo e ilusión para hacer del molino una estancia acorde con la belleza y el encanto del entorno. Para llevar a cabo esta recreación recorren los derroteros de Castrillo buscando piedras viejas, sobre todo las vierteaguas», dice el historiador.

«Un vecino más»

La ausencia de teléfono obligaba al artista a desplazarse hasta Castrillo de la Reina, a cuatro kilómetros del molino, cuando necesitaba comunicarse, lo que contribuyó a estrechar poco a poco su relación con los habitantes de la localidad. El autor recuerda su trato cercano con vecinos y pastores, así como su asistencia a la iglesia cada domingo y en las fiestas de guardar, y asegura que Chillida llegó a comportarse como «un vecino más de Castrillo».

Placa homenaje a Chillida en Castrillo de la Reina, Burgos

Placa homenaje a Chillida en Castrillo de la Reina, BurgosAyuntamiento Castrillo de la Reina

Prueba de ese estrecho vínculo es que, después de que un incendio arrasara el edificio del Ayuntamiento en 1976, el escultor colaboró económicamente en su reconstrucción. Años después, el Consistorio colocó una placa en reconocimiento al artista. El molino de la familia Chillida desapareció tras la construcción de la presa de Castrovido.

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