Unai Simón, con el premio a mejor portero del mundo y la plaza del pueblo zamorano de su padre, San Marcial

Unai Simón, con el premio a mejor portero del mundo y la plaza del pueblo zamorano de su padre, San MarcialEFE / Google Maps

Unai Simón, el mejor portero del mundo que no olvida sus raíces zamoranas

El pequeño pueblo de San Marcial, donde nació su padre y viven sus abuelos, vibra con cada partido del niño que cada verano jugaba en sus calles

El reciente galardón recibido por Unai Simón como Mejor Portero del Mundo en la gala del Balón de Oro 2026 celebrada en Londres el lunes 26 no solo consagra al guardameta del Athletic Club y de la Selección Española en la élite internacional, también ilumina un rincón discreto de la Tierra del Vino zamorana, el pequeño pueblo de San Marcial, donde se hunden las raíces familiares paternas que han acompañado silenciosamente su trayectoria.

El portero, nacido en Álava y formado en Lezama, ha firmado un año histórico al lograr ser campeón del mundo con España, Guante de Oro de la FIFA y récord absoluto de imbatibilidad en un Mundial con 650 minutos sin encajar gol, superando la marca de Walter Zenga de 1990.

Ese rendimiento excepcional le ha valido el Trofeo Yashin 2026, el premio que desde el año 2019 entrega la revista deportiva francesa France Football cada temporada al mejor portero del año.

Pero detrás del brillo de Londres hay un paisaje más humilde, una pedanía de poco más de cien habitantes donde viven los abuelos del mejor guardameta del mundo, Carmen y Juan, y donde Unai pasó los veranos de su infancia y adolescencia jugando al fútbol en el frontón de la plaza y recorriendo el pueblo como un vecino más, San Marcial.

La relación de Unai con San Marcial es profunda y constante, aunque los compromisos profesionales de Simón, cada vez más exigentes, apenas le dejan acudir a ver a sus abuelos un par de días al año.

Unai Simón, durante la ceremonia del Balón de Oro celebrada en Londres

Unai Simón, durante la ceremonia del Balón de Oro celebrada en LondresEFE

Su padre, Daniel Simón, nació en la localidad zamorana antes de trasladarse al País Vasco por su trabajo como guardia civil. Aunque la familia se asentó en Álava, el vínculo con Zamora nunca se perdió, ya que cada verano regresaban al pueblo, donde Unai compartía juegos, amistades y tardes de fútbol que fueron, sin saberlo, el primer capítulo de su carrera bajo los palos.

Reunidos en el bar del pueblo

Los vecinos, que recuerdan al niño, y hoy siguen sus partidos con una mezcla de orgullo y emoción, se reúnen aún hoy en el bar El Cruce para seguir sus andanzas sobre el verde.

Sus paredes exhiben camisetas, fotografías y recuerdos del guardameta, y allí se reúne la Peña Unai Simón, que celebra cada intervención del portero como si fuera un gol propio. Durante el Mundial, de hecho, el bar se transformó en un pequeño estadio improvisado, vibrando con cada parada del guardameta.

Tras la gala de Londres, además, los zamoranos muestran su orgullo por el premio, que ha sido histórico, pero también por su discurso, que la prensa española coincidió en señalar como uno de los momentos más emotivos de la gala.

Simón habló de valores, de legado, de las personas que han marcado su vida. Recordó a sus padres, a su cuadrilla de amigos de toda la vida, a sus entrenadores, a sus compañeros… y dedicó palabras especialmente sentidas a Koldo Asua, figura clave en su formación, y a José Ángel Iribar, el mítico 'Chopo'.

Su frase más citada («Lo importante de verdad es el legado que uno deja cuando esto acabe») se convirtió en el eje emocional de la noche. Los diarios deportivos han destacado la sencillez y la emoción de sus palabras, y cómo logró que el auditorio conectara con él desde el primer minuto.

Para muchos periodistas, Simón no solo ganó el Trofeo Yashin: ganó también la ovación más sincera de la noche.

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