Jennifer, del proyecto Maternity
Cataluña
«Ninguna mujer se debería ver en la situación de elegir entre pagar las facturas o la vida de su hijo»
Es el testimonio de Jennifer, que abortó de forma voluntaria, y lo vivió como un «infierno». Para su segundo embarazo buscó la ayuda de la fundación Maternity
En Cataluña tres de cada diez embarazos acaban en aborto. Es lo que nos explica a El Debate Miguel Ángel, responsable de la fundación Maternity en Barcelona. Y lo peor de todo, apunta, es que lo mayoría de mujeres no quiere hacerlo, pero se ven abocadas a ello porque «no les plantean alternativas». Y ahí es donde entra en juego la fundación, que lleva a cabo diferentes programas con el objetivo de «acompañar» a estas mujeres, de enseñarlas «a pescar», como dice, ofreciéndoles formación, inserción, y apoyo médico y psicológico.
El perfil de las mujeres que acuden a la fundación es muy variado. Hay quienes están en riesgo de exclusión social, pero también hay quien cuenta con una red familiar, e incluso con trabajo, otras se han quedado sin pareja. Y a todas «desde la libertad les ofrecemos una alternativa para que puedan elegir», porque he descubierto, decía Miguel Ángel que «las chicas no quieren abortar». El problema es que no se les plantean la posibilidad de que hay otras opciones, no se informan, por ejemplo, de la existencia de este tipo de ONG y otras entidades similares que apoyan a las mujeres embarazadas.
De hecho, PP, Vox y Valents han pedido al Ayuntamiento de Barcelona que informe de las ayudas a embarazadas en lugar de publicitar el aborto, aunque los servicios sociales municipales no parecen estar por la labor. Y apunta a otra cuestión. A menudo el problema no es el aborto en sí, si no el «agobio del momento», todo lo que rodea a esta situación, como la familia, el tener o no un trabajo, «solucionemos primero lo de abajo», dice Miguel Ángel, «y después ya vendrá lo demás». Pero el responsable de Maternity también explica que todo el debate en relación al aborto, no está tanto en si las menores pueden o no abortar, «sino que es terrible, que deja secuelas, y que las mujeres se ven obligadas».
A partir del aborto Jennifer sufrió un «infierno»
Una afirmación que comparte Jennifer, que es una de las mujeres que recibió la ayuda de la fundación Maternity. Ella nos ha explicado que Miguel Ángel es «su ángel de la guardia», una de las personas que supo escucharla en momentos complicados, «la primera», precisa. Repasa los mensajes de WhatsApp que se enviaron. «Yo pensaba que fueron unos cuantos días, pero no. Fueron semanas, ¿eh?», dice Jennifer, que tiene ahora una niña de dos años. Pero ella pasó por la situación de vivir por un aborto voluntario.
Nos explica que, en verano de 2016, con 23 años, se encontraba en un «momento pletórico», recién ascendida en el trabajo y con un chico con el que empezaba a salir. Poco después llegó la noticia de su embarazo. La primera reacción, nos cuenta, fue de alegría, porque pensaba que su malestar se debía a «algo malo». Pero la segunda fue: «tengo que abortar». Y a todo ello hay que añadir la opinión de su entorno, que le decía que «se quitara el problema de encima», teniendo en cuenta su situación laboral, que era mejor; y que llevaba poco tiempo con su pareja. «Me vi sola», explica Jennifer, quien deja claro que el problema no era la falta de recursos económicos, y por este motivo «me vi buscando clínicas para abortar». La primera no le convenció, entre otras cosas porque le ofrecieron practicar el aborto ese mismo día. «Fíjate la doble moral», nos cuenta: abortar sí, pero que parezca «que está bien hecho».
En la segunda clínica sí lo hizo. Recuerda que le pidió a su jefe una tarde libre alegando que tenía que ir al dentista. Y una vez allí, dice, «nunca había tenido un llanto tan desgarrador, con tanta ansiedad». Pero también lamenta que en aquel momento «nadie te dice nada. Y es más, la ginecóloga hasta me giró la pantalla para que no viera la ecografía. mejor que no lo veas», le dijo. Pero el problema no se acaba ahí. «Lo que yo no sabía es que iba a empezar para mí un infierno», explica Jennifer muy emocionada, porque «a partir de ese día todo me empezó a ir mal, y acabé en un bucle de depresiones». Recuerda que buscó ayuda psicológica y que se dio cuenta de que todo por lo que estaba pasando se debía a su aborto, «por el sentimiento de culpa». Un sentimiento que duró unos cinco años.
Sin ayuda de las administraciones
Y cuando empezaba a recuperarse, llegó su segundo embarazo. Jennifer reconoce que también pensó en abortar, porque estaba «sola y sin trabajo». Pero esta vez sí, alguien le dio información sobre el proyecto Maternity. «Me dieron esperanza», dice, y «por primera vez hubo alguien que me dio la mano». Y ese alguien fue Miguel Ángel.
Y este primer apoyo, apunta, es muy importante, porque a menudo la mujer embarazada tiene que decidir «entre pagar las facturas o la vida de su hijo», teniendo en cuenta que la administración «no te da ayudas para nada». Para Jennifer es fundamental que se planteen a las mujeres alternativas, información, que sepan que el «síndrome post-aborto existe», «que un aborto te deja tocada psicológicamente. No es un pasa nada y ya está». Y a ella le pasó, era lo que le comía por dentro: «yo pensé no merezco vivir. Por qué yo sí, y mi hijo no».
Y por todo ello, Jennifer se ha volcado también en ayudar a otras mujeres que se encuentran en su misma situación dentro del proyecto Maternity. Quiere dirigir su mensaje a las personas pro-aborto. «Parece que se compra todo el paquete completo, porque si eres feminista tienes que estar a favor del aborto», dice Jennifer, que deja claro que para ella esto no es así. De hecho, ella se considera feminista de la primera ola, del que «verdaderamente luchaba por la igualdad, por la inclusión de la mujer», pero también recuerda que «el feminismo me dejó abandonada cuando más lo necesitaba».
Ahora Jennifer disfruta de su pequeña de dos años y también se vuelca en ayudar a la fundación Maternity, en intentar ayudar a otras mujeres que se encuentran en la misma situación que ella. Unas mujeres a las que pide que «busquen ayuda» y que no tengan miedo a la hora de afrontar la situación porque «un embarazo, un niño, es lo más bonito que hay en el mundo».