Foto de archivo de una central nuclear

Foto de archivo de una central nuclearPxhere

Energía

La compleja transición energética catalana: entre tres reactores y un futuro incierto

El factor de carga de estos reactores, superior al 80 % en todos los casos, demuestra su funcionamiento constante y fiable, proporcionando estabilidad al sistema eléctrico regional

Cataluña se encuentra ante una encrucijada energética sin precedentes. Su sistema eléctrico depende de tres reactores nucleares que aportan casi el 60% de la generación regional, una situación que plantea múltiples desafíos para la transición prevista entre 2030 y 2035.

Un pilar energético indiscutible

Los datos de Red Eléctrica de España revelan la magnitud de esta dependencia. Durante 2024, las centrales de Ascó I, Ascó II y Vandellós II produjeron 22.178 millones de kilowatios hora, equivalentes al 8,8 % de la generación nacional y al 59,1 % de la catalana. Esta producción cubrió las necesidades del 30 % de los hogares españoles.

El factor de carga de estos reactores, superior al 80 % en todos los casos, demuestra su funcionamiento constante y fiable, proporcionando estabilidad al sistema eléctrico regional.

Consecuencias multidimensionales del cierre

Un estudio de PwC analiza las implicaciones del desmantelamiento nuclear previsto. La consultora cifra la pérdida de 10.500 empleos entre directos e indirectos, con una reducción de 900 millones de euros anuales en el PIB catalán.

En términos ambientales, las cifras muestran una dualidad compleja. Mientras estas centrales evitaron la emisión de 8,2 millones de toneladas de CO2 en 2023, PwC advierte que su cierre elevaría las emisiones regionales de 3,8 a 12,8 millones de toneladas anuales, convirtiendo a Cataluña en el territorio con mayor huella de carbono eléctrica de España.

El reto de las energías renovables

La transición presenta desafíos técnicos considerables. Actualmente, Cataluña cuenta con 1.801 MW de potencia renovable instalada, con el objetivo de alcanzar 11.230 MW en 2030. Sin embargo, las proyecciones sugieren que solo se llegarán a 6.515 MW para esa fecha, creando un déficit energético del 29 % si no se posterga el cierre nuclear.

La industria, que consume un tercio de la energía regional, muestra especial preocupación. Un solo reactor podría abastecer a todo el sector industrial catalán, circunstancia que genera inquietud sobre la viabilidad futura de las empresas más intensivas en energía.

Calendario de transición

El cronograma establecido marca tres fechas clave: Ascó I cerrará en octubre de 2030, seguida de Ascó II en septiembre de 2032 y Vandellós II en febrero de 2035. Este proceso se acelerará tras el cierre de Almaraz I, previsto para noviembre de 2027.

Impacto económico dual

PwC estima un incremento del precio eléctrico entre 13 y 30 euros por MWh tras el cierre, sugiriendo que extender la vida útil del parque nuclear diez años supondría un ahorro de 5.400 millones de euros para Cataluña.

Paralelamente, ANAV invierte anualmente 100 millones de euros en modernización y renovación del capital humano, manteniendo la seguridad y fiabilidad de las instalaciones.

Tensiones territoriales y políticas

Los municipios afectados muestran posiciones divididas. Algunos alcaldes presionan para mantener las centrales por su impacto económico local, mientras que el panorama político refleja esta complejidad: ERC y Junts se abstuvieron en una propuesta del PP para alargar el funcionamiento, pero luego votaron con PSC y CUP a favor del cierre en el Parlament.

Un desafío integral

Cataluña debe equilibrar múltiples variables: seguridad energética, empleo, impacto ambiental, costes económicos y opinión pública. Dos tercios de los catalanes favorecen la reducción nuclear, según el CEO, pero las realidades técnicas y económicas complejizan esta transición.

La región enfrenta así un dilema que trasciende lo puramente energético, abarcando dimensiones socioeconómicas, medioambientales y estratégicas que definirán su modelo energético futuro.

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