Imagen de archivo de Carmen Broto

Imagen de archivo de Carmen BrotoCaptura de pantalla ABC

El misterioso asesinato de Carmen Broto: un crimen que marcó una época y alimentó leyendas

Su elegancia le abrió muchas puertas, especialmente en los locales de moda de la época

María del Carmen Brotons Buil nació en Guaso (Huesca) el 9 de abril de 1922. De muy joven decidió trasladarse a Barcelona con la intención de prosperar económicamente. Comenzó trabajando en una casa, pero pronto comprendió que ese camino no le permitiría salir de la pobreza. Era una mujer bella, rubia, sin escrúpulos y con ansias de cambiar su destino. Así, adoptó el nombre de Carmen Broto, abandonó su empleo y se dedicó a la prostitución.

Su elegancia le abrió muchas puertas, especialmente en los locales de moda de la época. Uno de los primeros que se fijó en ella fue Ramón Pané, quien le proporcionó un piso a cambio de una renta mensual. Otro fue el empresario Juan Martínez Penas, dueño del teatro Tívoli y residente en el hotel Ritz, para quien Carmen sirvió como discreta cobertura de su homosexualidad. Pronto, Carmen se convirtió en un personaje conocido dentro de la alta burguesía catalana, recibiendo dinero y joyas a cambio de favores, y dejando atrás la pobreza para vivir la vida que siempre había deseado.

Carmen Broto mantuvo amistad con Julio Muñoz Ramonet, dueño de los almacenes El Águila y casado con Carmen Villalonga, hija del presidente del Banco Popular. Su nombre está vinculado a la casa de la calle Muntaner 282, que, tras su muerte en 1991, fue legada a una fundación creada en su honor, junto con un jardín y una valiosa colección de arte. Este legado generó conflictos con los herederos, aunque en 2012 el Tribunal Supremo ratificó que la fundación era la legítima propietaria. El caso incluso saltó a los medios por la desaparición de varios cuadros de la colección.

Muñoz Ramonet también facilitó a Carmen un piso en la calle Padre Claret. En público, ella lucía las joyas que sus admiradores le regalaban. Pero su vida disipada se cruzó fatalmente el 10 de enero de 1947 con Jesús Navarro Manau. Ese día aceptó una invitación para salir de copas con él y un amigo suyo, Jaime Viñas. El problema no era solo el hijo, sino el padre: un delincuente habitual que planeaba robarle las joyas a Carmen, y que creía que ella le abriría puertas hacia sus influyentes conocidos. Su plan era emborracharla, sonsacarle información y asesinarla.

Mientras paseaban o iban en coche, llegaron cerca del Hospital Clínico, donde la golpearon con una maza de madera. Asegurándose de que estaba muerta, le robaron las joyas y la enterraron en un huerto en la calle Legalidad, en el barrio de Gracia, propiedad de Jesús Navarro Gurrea, conocido como Cal Comte. La presencia del coche, un Ford sedán manchado de sangre, es clave para entender lo ocurrido.

Jesús Navarro Manau confesó el asesinato sin negarlo ni culpar a sus cómplices, lo que sorprendió a la policía. Por su parte, Jaime Viñas y Jesús Navarro Gurrea se suicidaron ingiriendo pastillas de cianuro antes de ser detenidos. El único culpable fue condenado a muerte el 1 de mayo de 1950, aunque luego le conmutaron la pena a 30 años de prisión. Durante su estancia en la cárcel, escribió un libro y dio una entrevista a la revista Interviú donde insinuaba la implicación de figuras poderosas y chantajes, sembrando dudas sobre el verdadero motivo del crimen. Tras más de una década en el penal de Ocaña, fue liberado por buena conducta.

La verdad es que nunca se resolvió con certeza el motivo del asesinato de Carmen Broto. La hipótesis más probable es que la citaron para robarla y, al conocer a sus atacantes, la mataron para no ser descubiertos. Jesús Navarro Manau tenía novia y estaba a punto de casarse, por lo que su relación con Carmen habría sido más sexual que sentimental. Existen también numerosas teorías conspirativas: que traía chicas gallegas para la prostitución; que era amante de personalidades influyentes; o incluso que era confidente de la policía. En definitiva, especulaciones que intentan explicar un suceso macabro.

El caso de Carmen Broto inspiró novelas como Si te dicen que caí, de Juan Marsé, Cabaret Pompeya, de Andreu Martí, y un capítulo de la serie La huella del crimen protagonizado por Silvia Tortosa y Sergi Mateu. Más allá del misterio, el caso evidenció las graves carencias del sistema judicial español de la época. La presión social llevó a un cierre precipitado sin una investigación transparente. Carmen Broto era simplemente una mujer asesinada, vinculada a personajes demasiado influyentes en la sociedad civil de entonces.

El caso se cerró con la condena a Jesús Navarro Manau y su posterior conmutación de pena, ya que los otros implicados habían muerto. Así, el régimen evitó cargar con la muerte de un posible inocente. Nunca se investigó cómo consiguieron el cianuro ni por qué lo usaron para suicidarse. Para las autoridades, era un delincuente menos y un expediente listo para archivarse. Hoy, la muerte de Carmen Broto sigue siendo un enigma tanto social como policial.

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