Comunidad de Mamá G

Evento de la comunidad de MamaGCedidas por MamaG

Entrevista

La madre de Barcelona que creó una red de familias para compartir recursos y aprender a «cuidar en comunidad»

Maria Folch, impulsora de MamaG, defiende la ayuda
mutua entre familias como herramienta de
transformación social

MamaG es más que una asociación de barrio: es un experimento social que demuestra el poder de la cooperación durante los primeros años de crianza.

Esta red de ayuda mutua, nacida en el barrio barcelonés del Guinardó hace más de una década, ha logrado crear una comunidad donde las familias comparten recursos, conocimientos y apoyo emocional.

Su fundadora es Maria Folch, artista y educadora especializada en crianza positiva, nos explica cómo un blog personal se convirtió en un proyecto que trasciende fronteras.

Folch es artista, educadora y asesora educativa, formada en crianza y comunicación positivas y pedagogías de la creatividad. Ha participado en la creación de diversos proyectos de apoyo a la familia en Barcelona, Nueva York e Italia. Comparte su experiencia a través de su Instagram @MariaFolchArt, su blog www.ebeca.org y el podcast «Creatividad consciente».

¿Cómo surgió MamaG y cuál fue su evolución desde los inicios hasta su configuración actual?

MamaG surgió por una doble necesidad: por un lado, mi necesidad de compartir con otras familias los retos de la crianza que estaba experimentando por primera vez. Por otro, la alegría de compartir aquello que intuía que era sumamente importante. Mis conocimientos de educación y crianza eran limitados al principio, pero todo lo que se abría ante mí me daba la sensación de ser un conocimiento que realmente podía cambiar la vida de una familia.

El proyecto nació dentro de Rocaguinarda, una cooperativa cultural del barrio de Guinardó donde yo había participado durante años, tanto en su vertiente cultural como en el grupo de consumo ecológico. Fue mi escuela de cooperación. Cuando fui madre, toda esa experiencia cooperativa me llevó a pensar que tenía que hacer algo para canalizar esa necesidad de compartir.

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Clase de la comunidad de MamaG en la que padres y madres también participanCedidas por MamaG

Comencé creando un blog llamado «MamaGuinardó» donde compartía recursos prácticos, y organizaba encuentros entre familias para un aprendizaje horizontal, alternando con charlas de profesionales: asesores de lactancia, expertos en sueño...

Al principio era solo un grupo dentro de Rocaguinarda, pero pronto Irene y Elisabeth, las cofundadoras, se unieron a esta energía y pudimos convertirlo en una entidad con forma legal propia. Acortamos el nombre a MamaG: la G puede significar Guinardó, el barrio donde nació, o Guía, porque denota no solo la condición de madre, sino lo maternal, el cuidar como comunidad.

¿Cómo definiría MamaG? ¿Qué la hace especial?

–Oficialmente somos una red de ayuda mutua e intercambio de conocimientos en torno a la crianza. Pero para mí MamaG es un experimento, una demostración de lo que podemos hacer los seres humanos cuando hay una motivación grande. Creo que uno de los momentos más sensibles en los que tenemos suficiente juventud, esperanza y deseamos verdaderamente dejar el mundo un poquito mejor, es cuando tenemos hijos pequeños.

Es una ventana de oportunidad para sensibilizar a las personas sobre muchos temas, para la creación de salud dentro de la familia y para establecer las bases de un apego sano. Todos sabemos, a través de los estudios sobre la teoría del apego de John Bowlby, que lo que marca la diferencia es haber tenido apegos seguros.

A esto le sumo la importancia de criar en comunidad. Viviendo la crianza en ciudades como Barcelona y después Nueva York, entendí perfectamente que cuando la crianza se vive acompañada y en comunidad, tanto a nivel logístico como personal, es mucho mejor. Tenemos más oportunidades de que esos vínculos sean sanos porque nos vemos apoyados, aprendemos de otras familias y nos ayudamos a nivel práctico.

¿Se dedica a tiempo completo a MamaG?

–No, para nada. La fase inicial, «MamaGuinarda», nació cuando mi hija tenía cuatro meses. MamaG como entidad con NIF propio se constituyó año y medio después. En este momento estay en la Junta Directiva, pero vivo fuera desde que mi hija tiene tres años. Esto me ha permitido, gracias a las nuevas tecnologías, estar en contacto con las personas que han ido rotando en la entidad.

Es un proyecto basado 100% en voluntariado que continúa en pie. Siempre digo que es un pequeño milagro. Es una cadena de solidaridad que no se ha roto, donde las personas van aportando desde el lugar que pueden en el momento de vida en el que están.

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Charla de la comunidad de MamaGCedidas por MamaG

¿Cómo se articula esta red de colaboración? ¿Cómo se organizan?

–Somos como una especie de grupo donde hay personas más implicadas que hacen más horas, por antigüedad, conocimiento o tiempo disponible, y otras que colaboran en diferentes cantidades. Tenemos una persona en redes sociales, alguien en diseño gráfico que nos hace carruseles esporádicamente, personas que gestionan inscripciones de talleres...

Hay trabajos fijos como la gestión de talleres y cursos: masaje infantil, música en familia, psicomotricidad, yoga donde puede ir el niño, espacios colaborativos de juego... Son grupos de trabajo fluidos con un pequeño núcleo de coordinación que es la Junta Directiva.

Estamos atentos a pequeñas aportaciones que las personas puedan hacer según sus habilidades. Por ejemplo, tenemos una voluntaria que cataloga nuestra biblioteca una vez al año y hace de cuentacuentos en actividades de calle. Es como una familia: hay cosas que todos deben hacer, pero cuando toca cocinar, estás atento a quien hace sushi o tiene otras habilidades.

La organización tiene fluidez porque es así la vida. Tratándose de voluntarios con familia, la flexibilidad es absoluta: «No puedo hacer esto. Bueno, no importa, lo coge otro». Somos como una tortuga, vamos despacio, hacemos las cosas importantes sin ambicionar cosas demasiado complicadas, aunque la verdad es que hacemos muchas cosas para ser una entidad pequeña.

¿Qué proyectos y actividades desarrollan actualmente?

–Tenemos varios miniproyectos. Primero, nuestro local social donde pagamos alquiler y desarrollamos una labor de reciclaje de ropa de bebé y niños, y enseres. Uno de nuestros criterios principales es la sostenibilidad: algunos fundadores veníamos del mundo de la ecología y el reciclaje en productos de corto uso y nos parece muy importante.

El local tiene ropa de segunda mano y un pequeño espacio donde las familias pueden reunirse, hablar, estar con sus hijos. Es como el comedor de casa pero donde puedes encontrar otras personas. Solo pueden adquirir productos las personas que forman parte de la entidad pagando una cuota anual, con precios de donación voluntaria orientados, como un mercado de pulgas.

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Clase interactiva de la red de ayuda MamaGCedidas por MamaG

Tenemos convenios con servicios sociales y otras entidades del barrio como la Llar Mare Teresa, que trabaja con madres solteras durante los primeros años. Las personas derivadas de estos proyectos vienen al local y cogen lo que necesitan.

En lugar de una bolsa de ayuda asistencial, reciben ayuda de otra madre. Es una experiencia diferente y significativa que puede ser muy bonita tanto para quien recibe como para quien ofrece.

Realizamos actividades en familia para los primeros años de vida: psicomotricidad, música en familia con instrumentos y voz, yoga, espacios colaborativos de juego... Todo en grupos reducidos para que haya intercambio real.

También hacemos divulgación: charlas sobre comunicación no violenta, equilibrio familiar, juego infantil, gestión de conflictos, sueño, lactancia, pantallas e infancia, hipersexualización... Hemos tenido la suerte de contar con algunas conferencias incluso con ponentes muy formados. Algunas las ofrecemos para todo el barrio en el casal de entidades Mas Guinardó.

¿Cuáles son los principales retos de futuro para MamaG?

–Muchos. El relevo de la coordinación es difícil: es más complicado que las personas cojan mayores responsabilidades. Siempre hace falta un núcleo, aunque dividas el voluntariado en partes pequeñas.

También observamos cambios sociales: más dificultad para concretar fechas, tendencia a decidir las cosas de última hora debido al uso de tecnologías.

Hemos pensado en remunerar algunos trabajos si no conseguimos cubrirlos con voluntariado, o tener voluntarios que no estén en esa etapa de crianza. El enigma está en que MamaG se sostiene por esa voluntad de ayuda mutua que hay durante la crianza.

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Niños jugando en claseCedidas por MamaG

Sueño con otras cosas. Recientemente hemos empezado a ofrecer plazas becadas en talleres y charlas para familias derivadas de entidades que están pasando por momentos difíciles, y está saliendo súper bien.

También queremos abrirnos más al apoyo externo. Cuando uno cree en una causa puede ayudar con ideas, tiempo o dinero. Estamos abiertos a que personas que conozcan nuestro proyecto y piensen «qué bonito que exista», puedan darnos apoyo aunque no vivan en el mismo barrio de Barcelona. Proyectos como el nuestro son una especie de cantera de experiencias cooperativas que pueden crecer o llevarse a otros contextos.

Algunos proyectos que nacieron como cooperativos se han convertido incluso en empresas. No digo que tenga que ser nuestro caso, pero sí que nuestra experiencia puede ser muy útil, para ser estudiada, o ser de inspiración para otros. Por ello, pienso que, en ese sentido, vale la pena que sea sostenido por quien crea en nuestra misma causa.

¿Qué ha aprendido de esta experiencia?

–Lo que he aprendido es la confianza absoluta en lo que las personas podemos hacer si nos unimos. Podemos hacer mucho más de lo que pensamos, pero todavía no nos lo creemos porque estamos en una sociedad muy individualista.

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Charla de la red de ayuda mutua e intercambio de conocimientos MamaGCedidas por MamaG

MamaG ha conseguido llegar hasta aquí gracias a la generosidad y amor de muchas personas, comenzando por las cofundadoras a quienes debemos agradecer su empuje inicial. Gracias a todos los que han ayudado con aportaciones pequeñas o grandes, formando parte de la junta, en grupos de trabajo o participación puntual, con su voluntad de construir un futuro mejor para su familia, pero también para otras familias y su comunidad.

La propia vivencia de MamaG me ha ayudado a aprender muchísimo, no solo a nivel familiar sino también personal y profesional. MamaG es un proyecto bellísimo, independientemente de que lo conservemos pequeño o de que crezca, pues puede cambiar, igual que las personas que formamos parte de él. Es una entidad viva, que ha nutrido y nutre a muchas personas, y que siento que todavía tiene mucho que ofrecer.

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