Ernest Lluch

Ernest Lluch, en una imagen de archivoEFE

Historia

La polémica de Ernest Lluch, asesinado por ETA, sobre si hubo 11.000 carlistas en Cataluña

Con motivo del 25º aniversario de su muerte, rescatamos una polémica historiográfica en la que se vio envuelto el exministro asesinado por los terroristas

El 21 de noviembre del año 2000, a las 21:50, en el aparcamiento de su casa, en la Avenida de Chile número 36, era asesinado por ETA Ernest Lluch, doctor en Ciencias Económicas, catedrático de Historia de las Doctrinas Económicas y ministro de Sanidad y Consumo entre 1982 y 1986. Un año antes de su asesinato publicó un artículo en La Vanguardia que, como a él le gustaba, provocó polémica y diálogo. El artículo se titulaba ¿Hubo 11.000 carlistas?, y se publicó el 15 de julio de 1999.

Era una crítica historiográfica al relato tradicional que, según él, había exagerado la importancia y el respaldo popular del carlismo, en especial en Cataluña. Utilizó el número 11.000 de manera intencionadamente provocadora, para argumentar el apoyo real, constante y militante del Carlismo, a lo largo de la historia, fue mucho menor de lo que la época histórica o las propias fuentes habían transmitido. Su objetivo era desmitificar la idea de un gran movimiento de masas.

El artículo en cuestión

El artículo en cuestión

Lluch aplicó en su artículo un enfoque de historia social y demográfica, para intentar medir con mayor rigor la verdadera base social del Carlismo en diferentes momentos. Sugirió que la magnitud de los ejércitos carlistas y el número de sus seguidores activos era limitado.

Da diversos ejemplos de historiadores, destacando el estudio de Joan Camps i Giró sobre Tomás Bertrán Soler, afirmando que «nacido el catalanismo político, ello obligó a una parte minoritaria del carlismo a sustentar posiciones catalanistas, aunque la mayoría persistió en el españolismo y absolutismo más claros». Y finalizaba su artículo preguntándose:

¿Dónde están los carlistas de antaño? Casi ni en Montserrat ni en el Tercio que llevaba su nombre, pese a las vidas que entregaron. La transformación en un partido catalanista y socialista ya no fue posible en los años setenta y los que permanecieron inmóviles continuaron en la extrema derecha violenta. Las piernas de las bailarinas al abrirse parecen de goma, pero no son infinitas. Los aplecs de miles de personas de Poblet, un recuerdo tan nebuloso que lleva a que dudemos de que existieran alguna vez con tanto peso: ¿existieron alguna vez 11.000 carlistas? Sí, y fueron muchos más.

Los de 11.000 carlistas era una metáfora basada en la leyenda medieval, musicada por la abadesa Hildegard von Bingen en Ordo Virtutum (1151), de Santa Úrsula y las once mil vírgenes que se debían presentar ante el Papa Ciriaco en Roma.

El artículo desató una fuerte polémica, en un momento en el cual miembros del Carlismo que vivieron la guerra civil aún vivían y lucharon durante el franquismo para salvaguardar esos ideales que se quiso anular con el Decreto de Unificación, 19 de abril de 1937. Veinticinco años después, la mayoría de los que contestaron a Lluch han fallecido y esta polémica ya es historia.

Cartas de los lectores

La polémica quedó impresa en las «cartas a los lectores» de La Vanguardia. La primera se publicó el 27 de julio de 1999 y estaba firmada por Joan Fornós Mariné. Este concluía diciendo «a pesar de la resistencia del carlismo catalán al franquismo -encamado en la figura de don Mauricio de Sivatte- el carlismo sufrió avatares como pocos grupos en la historia política de España que llevaron a su división y debilitamiento. Todo ello no resta importancia al papel del carlismo en nuestra reciente historia. Esperemos que los historiadores se conciencien antes de que se pierdan los testimonios de muchos protagonistas de aquellos tiempos».

Luego vinieron las de Claudio Colomer Marqués, exdirector de El Correo Catalán; Cecilia Vives Brescó; Ramón María Rodón Guinjoan; Carles Salvador Muntané; Rosa Ribes Montané; Francisco Molins; Luis Portabella Fábrega; Antonio Doménech Massuet; Josep Maria Planas Pascual; Francisco Sitià Príncipe; Felip Vives Suriá; Miquel Larrotcha Belsué; Ramón Felipó Oriol; Josep Bertrán Borrás; César Alcalá. Siendo la última, 24 de agosto, la de Carlos Labori Gaudier. En total se escribieron 86 cartas al director. No todas fueron publicadas, pero sí las recibió Ernest Lluch. Las contestó todas en un papel amarillo, con el membrete de la Universidad de Valencia, y escritas a mano.

Pasada la polémica, volvió a publicar un nuevo artículo, esta vez en El País, en su edición de la Comunidad Valenciana, con el mismo título, el 28 de mayo del 2000. En este nuevo artículo sigue las mismas tesis que en el anterior, centrándose en la Comunidad Valenciana. Su tesis principal, influenciada por historiadores como Josep Fontana, es que el Carlismo inicial no fue un movimiento de masas homogéneo o tan amplio como se ha afirmado.

Lluch sostiene que el apoyo al Carlismo en muchas zonas, incluyendo el País Valenciano, fue inicialmente muy minoritario y, a menudo, impulsado por élites rurales y sectores muy específicos de la sociedad, en lugar de una insurrección popular generalizada.

Sugiere que gran parte de los carlistas se sumaron por coacción, por interés local o por la desorganización liberal, y no por una convicción ideológica de amplio espectro. Con respecto al Carlismo y Valencia escribe:

La provincia de Valencia, junto con las de Navarra, Tarragona y Barcelona, era la única que superaban en 1896 el número de 20 Círculos Tradicionalistas aunque Castellón y Alicante le iban a la zaga con más de diez. Si pasamos de los números a las personas nos encontramos con personalidades que han tenido enorme influencia, como es el caso de Antonio Aparici y Guijarro, que poseía un certero estilo, algo barroco, como cuando definió, con Shakespeare, a Isabel II como ‘la reina de los tristes destinos’. Una referencia específica es indispensable añadir a todo el Maestrazgo que tan decisivo fue con la figura del tortosino Ramón Cabrera, que acabó recibiendo el título de Conde de Morella.

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