Varios tions de Nadal, en la Fira de Santa Llúcia
Navidad
Las tradiciones más curiosas de la Navidad en Cataluña: del tronco que ‘caga’ regalos al Hombre de las Narices
El Tió, el caganer, el rostit o el festivo por San Esteban son algunas tradiciones propias de este territorio
Cada región de España cuenta con sus particularidades a la hora de celebrar la Navidad, y en Cataluña encontramos una serie de tradiciones curiosas en este sentido que exploraremos en este artículo, empezando por el Tió de Nadal, o «tronco de Navidad»: un tronco grande que se coloca dentro de la casa y al que se le golpea para que cague regalos.
Aunque hoy en día lo habitual es verlo con una cara pintada y tocado con una barretina, originalmente no era así. Tras el ritual de hacerlo cagar –la noche del 24 de diciembre, antes de la cena– el tronco se quemaba. Esto simboliza la luz y el calor en el solsticio de invierno; sus cenizas servían para fertilizar la tierra.
No es una tradición única en Cataluña. En el norte de Europa, por estas fechas las familias se reunían en casa durante más de diez días, sin salir, y celebraban aquel evento, quemando troncos de árboles y comiendo en abundancia carne. Con los años los árboles dejaron de quemarse, se adornaron y se encendieron luces para conmemorar aquella ancestral tradición.
Antes de que el Tió se convirtiera en un entretenimiento infantil, el ritual tenía un componente mucho más solemne y religioso. En muchas casas los niños rezaban un Padrenuestro o una oración específica antes o durante el acto de darle con el bastón. Se enviaba a los niños a rezar a otra habitación para que no vieran lo que iba a ocurrir debajo de la manta, pues los padres escondían dulces o turrones.
Hoy en día se hacen otro tipo de regalos. Mientras se le golpea se canta una tonadilla que dice: «Caga, tió, ametlles i turrons; si no cagues bé, et donaré un cop de bastó!» («Caga, tió, almendras y turrones; si no cagas bien, ¡te daré un bastonazo!»). Con todo, existen variaciones en la letra dependiendo de la zona de Cataluña.
El caganer
Sin dejar lo escatológico, otra figura famosa de la Navidad en Cataluña –esta vez como parte del pesebre– es el caganer. Su origen se remonta al siglo XVIII, y causó un gran revuelo eclesiástico. La Iglesia y parte de la sociedad lo consideraban una falta de respeto. Sin embargo, su significado de buena suerte, salud y fertilidad era tan fuerte en el imaginario popular que fue imposible erradicarlo.
Un 'caganer'
Para evitar la censura se le colocaba siempre en un lugar discreto del pesebre, escondido detrás de un arbusto, como si estuviera a hurtadillas. En su origen era un pastorcillo, pero ha evolucionado a modo de sátira humorística. Una actividad divertida para los niños es buscar y encontrar la figura del caganer dentro del pesebre. Su presencia recuerda que todas las personas comparten las necesidades básicas de la vida cotidiana, uniendo lo sagrado con lo humano.
San Esteban
La razón por la que el 26 de diciembre –fiesta del protomártir san Esteban, o Sant Esteve– es festivo en Cataluña, se remonta a la época del Imperio Carolingio, en el siglo IX. Por aquel tiempo los viajes eran largos y lentos. Para las grandes celebraciones familiares de Navidad, era necesario un día extra para que todos los miembros de la familia que se habían desplazado, a la casa patriarcal, pudieran volver a sus propios hogares.
Con lo cual, se concedía un día completo para el viaje de vuelta a casa, sin tener que interrumpir las celebraciones el día de Navidad, ni tener que trabajar al día siguiente. Por eso el refrán popular dice «por Navidad, cada oveja a su corral; por San Esteban, cada uno a su casa».
Esta fiesta fue instituida por Carlomagno y se celebra solo en aquellas regiones con una fuerte tradición carolingia, como Cataluña, Baleares y algunos otros países europeos. Nunca se extendió al resto de España.
El Rostit de Nadal
La preparación de la carne del rostit de Nadal («asado de Navidad») tenía un gran ritual de mercado que culminaba en San Esteban. Este ritual se conocía como las Fires dels galls («ferias de gallos»), y se iniciaba el 21 de diciembre, coincidiendo con Santo Tomás. Su origen se remonta al siglo XII.
Era habitual ver gallinas y pavos vivos apilados en jaulas en los balcones y terrazas de Barcelona y otras ciudades, los días previos a la Navidad, esperando el momento de ser sacrificados y asados. Las ferias terminaban el día de Sant Esteve. Al respecto de esto hay una curiosidad que recoge Joan Amades en su Costumari Català.
El día 25 de diciembre era de máxima solemnidad religiosa, por el nacimiento de Jesús. En el pasado, esto implicaba restricciones en la vida social. El día 26, al ser la fiesta del protomártir, significaba el inicio de un periodo de desenfreno o de baile y juego antes de que empezara el Año Nuevo.
El Home dels Nassos
Y hablando del Año Nuevo, el 31 de diciembre encontrábamos al Home dels Nassos («hombre de las narices»), con tantas narices como día tiene el año. No es un personaje con 365 narices, sino con sólo una, porque es el último día del año. Con lo cual todos somos este personaje,
Un cabezudo que representa al Home dels Nassos en Barcelona
Amades creía que era la degeneración de un personaje mítico que representaba el año. Hablaba de Fumera, el espía de los Reyes Magos, encargado de vigilar el comportamiento de los niños durante las vacaciones de Navidad. De él se dice que «todo lo ve, todo lo oye, y todo lo habla».
Según Joan Amades, el Home dels Nassos y Fumera son figuras emparentada o probables degeneraciones del dios romano Jano o del espíritu de la vegetación. Ambos simbolizan el ciclo anual y la transición del tiempo al finalizar el año, representando la totalidad de sus días.
Ninou
Finalmente, tenemos el término catalán Ninou, que es una derivación de la locución latina Annum Novum (Año Nuevo). Esta expresión era utilizada tradicionalmente en ciertas áreas de Cataluña para referirse al día 1 de enero.
Lo más característico, sin embargo, es su asociación con la estrena, que era un pequeño obsequio, a menudo en forma de dinero o dulces, que los familiares o padrinos daban a los niños, para celebrar y dar la bienvenida al nuevo ciclo anual que comenzaba. También era un gesto de generosidad y buena suerte.