Salvador Illa y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo, hace unos mesesEuropa Press

El laberinto catalán

La otra cara del acuerdo sobre financiación: Illa aprobará presupuestos pero Sánchez no

El nuevo modelo de financiación, que no se hará realidad, no es más que un asunto de política catalana

El día siguiente a la reunión entre Oriol Junqueras y Pedro Sánchez fue el turno para que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, intentara explicar lo imposible. La aún ministra, y candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, hacía esfuerzos para convencernos de que es posible sorber y soplar a la vez, o sea, que Cataluña reciba lo mismo que paga y que a la vez todas las autonomías sean favorecidas por el nuevo sistema, que jamás verá la luz.

Mientras esto pasaba, lo verdaderamente importante sucedía en Barcelona: no en vano, el nuevo modelo de financiación no es más que un asunto de política catalana. Junqueras se reunía a las 8:30 de la mañana con Salvador Illa en el Palau de la Generalitat, que también se reunió con los Comunes, la marca local de Sumar.

El presidente catalán, Salvador Illa, recibe al líder de ERC, Oriol JunquerasEuropa Press

Tras este encuentro, estos anunciaban su satisfacción por lo pactado por socialistas y republicanos, y con ello daban el pistoletazo de salida a la tramitación de los presupuestos de la Generalitat. ERC hará ver que quedan flecos por negociar como la recaudación íntegra del IRPF por parte de la Generalitat, pero será solo postureo.

El trabajo sucio a Illa

Queda la duda de si Sánchez era consciente de que el jueves hizo el trabajo sucio a Illa o si el éxito del exministro de Sanidad, que antes del verano tendrá –aunque sea con retraso– presupuestos aprobados, puede ser una brecha en la relación entre el secretario general del PSOE y el del PSC., No hay que obviar que en la efervescencia de los días de las detenciones de Koldo García y José Luis Ábalos, Illa no dejó pasar la oportunidad de recordar que el PSC no es el PSOE.

PSC, ERC y Comunes suman mayoría absoluta en el parlamento catalán, y la aprobación de los presupuestos no será más que la reedición de la mayoría de la investidura, una actualización del Tripartito que entre 2003 y 2010 arrasó las finanzas y hundió la calidad de los servicios públicos catalanes.

Un gobierno autonómico con presupuestos garantiza a los partidos de la izquierda catalana llegar hasta el final de la legislatura, en 2028, un escenario deseado por Illa y sus socios que calculan que por aquel entonces la derecha ya estará instalada en el Gobierno central y les permitirá a ellos no ser tan timoratos como ahora en sus negociaciones, echarse a la calle contra el nuevo gobierno de derechas y elevar el tono de sus reivindicaciones.

Victimismo nacionalista

Si hoy ni ERC, ni el PSC, ni los Comunes ven necesario que Cataluña tenga un concierto a la vasca, como exige Junts y la patronal Fomento del Trabajo –la marca catalana de la CEOE– para lograr mejor financiación, cuando Alberto Núñez Feijóo, con o sin Santiago Abascal, esté en La Moncloa, tendrán barra libre para volver a la tradicional política del victimismo nacionalista y exigirle al nuevo presidente lo que no han demandado a Sánchez.

Todo ello será posible gracias a que Sánchez ha cedido en un modelo de financiación que en realidad nunca entrará en vigor, pero en la tradicional política de gestos y de suma de agravios del independentismo catalán la foto y el minuto de gloria es suficiente.

Ocurre lo mismo que cuando se aprobó un Estatuto de Autonomía anticonstitucional: sus impulsores –los mismos que ahora pactan el modelo de financiación– sabían perfectamente que el mismo jamás entraría en vigor por no tener encaje en la Carta Magna.

Ahora saben que el modelo de financiación no se aplicará jamás por falta de mayoría política para hacerlo, pero lo importante es que tienen una nueva excusa para impulsar manifiestos, convocar manifestaciones y exigir a un futuro gobierno de derechas lo que no han demandado al de izquierdas.