El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, en el Palacio de la Moncloa

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibió al presidente de ERC, Oriol Junqueras, en el Palacio de la MoncloaEuropa Press

Análisis

ERC, un 1 fijo en la quiniela del sanchismo

Sánchez recibe a Junqueras por primera vez desde su indulto y le suplica apoyo a los presupuestos de Illa

Cuatro años y medio después de ser indultado a cambio de su apoyo al Gobierno, Oriol Junqueras fue recibido este jueves por Pedro Sánchez en La Moncloa. Ambos son benefactores y beneficiados de sus acuerdos: uno, Junqueras, consigue un trato privilegiado que le facilita no cumplir los 3.400 días de condena que le quedaban en el momento de su excarcelación, mientras que el otro, Sánchez, logra apoyo parlamentario para mantenerse en el poder.

Sánchez tiene ahora el camino expedito para desplazarse a Waterloo, a las afueras de Bruselas, para agasajar a Carles Puigdemont. Lo que Sánchez tiene claro es que lo que otorga a uno tiene que dárselo al otro para no romper en equilibrio.

Lo de ayer se parecía mucho al día de la marmota, que tan cerca tenemos en el calendario. Tal como ha recordado en un post en X el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, ya en 2009 el entonces presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero; el por aquellos días presidente de la Generalitat, el también socialista José Montilla, y el líder de ERC, Joan Puigcercós acordaron «una financiación singular para Cataluña». Entonces se habló de 3.855 millones más; ahora la cifra asciende a 4.700.

Reunión con Illa

Hoy, viernes, a primera hora, Junqueras será recibido en el Palau de Generalitat por Salvador Illa. Con este abordará el calendario para que Cataluña pase a recaudar el 100 % del IRPF mediante la Agencia Tributaria de Cataluña (ATC). Esta exigencia es, aparentemente, el último escollo, para que ERC acepte negociar –y votar favorablemente– tanto los presupuestos del Estado como los de la Generalitat.

La situación de Illa es más cómoda que la de Sánchez, dado que los Comunes, la franquicia catalana de Sumar, una vez más han actuado como marca blanca del PSC y de los independentistas y han celebrado el acuerdo entre Sánchez y Junqueras.

Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, reunidos este jueves en la Moncloa

Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, reunidos este jueves en la MoncloaEFE

Sin embargo, unos y otros saben que el mismo es solo palabrería, dado que los socios de investidura –Junts, Chunta Aragonesista y Compromís– están en contra del trato privilegiado para Cataluña, y para que lo acordado entre Junqueras y Sánchez se lleve a la práctica son precisos 176 votos en la cámara baja.

Ordinalidad, insolidaridad

En la reunión se habló de «ordinalidad» que en boca de separatistas y socialistas no es más que un eufemismo de insolidaridad. ERC y el PSOE han acordado que Cataluña recibirá lo mismo que aporte.

Dicho de otro modo, aunque es la segunda comunidad en PIB de España, no aportará nada a la caja común. Esto creará de facto –si el pacto llegará a ponerse en práctica– un recorte de prestaciones y servicios al resto de los españoles y un nuevo incremento fiscal, dado que Cataluña es después de Madrid y Baleares, la tercera comunidad que más recursos aporta.

Para Sánchez, la reunión de ayer es un balón de oxígeno. Lo pactado con ERC se debatirá en el Congreso allá por el mes de abril, después de Semana Santa, y eso en el plan de Sánchez –que se resume en resistir en la presidencia del Gobierno a cualquier precio– es mucho: acaba de ganar cuatro meses.

Mientras, Junts ya ha anunciado que se opone al acuerdo. Los de Míriam Nogueras acusan a ERC de renunciar al concierto económico a la vasca y de no exigir la publicación de las balanzas fiscales. En realidad, Junts no solo quiere la publicación de las balanzas, sino que las mismas sean a medida de sus intereses.

Es decir, pretende que sea solo contando la cantidad invertida en Cataluña, pero obviando los 166.000 millones que Cataluña ha recibido del Fondo de Liquidez Autonómica desde su implantación en 2012, el 34 % del total aportado por el Estado a las autonomías, ni el déficit de la Seguridad Social.

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