El obispo de Vic, Romà Casanova, frente a los dos nuevos sacerdotes

El obispo de Vic, Romà Casanova, frente a los dos nuevos sacerdotesAna Montiel Villar

Religión

Esperanza en Vic, paradigma de laicismo y separatismo: el obispo ordena nuevos sacerdotes cinco años después

«Están muy orgullosos de estar en España y de sus raíces hispánicas», explica el profesor Saranyana

La catedral de Sant Pere de Vic (Barcelona) ha sido el escenario de la ordenación presbiteral de dos nuevos sacerdotes, la primera en cinco años en la diócesis vicense, una de las más perjudicadas por la secularización en Cataluña.

Los nuevos presbíteros son colombianos: Mario Pallarés Páez, procedente de El Piñón, con 26 años, y Camilo Camargo Tovar, del departamento de Santander y 37 años. Recibieron la orden sagrada del sacerdocio de la mano del obispo de Vic, Romà Casanova, que presidió la celebración eucarística.

La ceremonia fue concelebrada por numerosos sacerdotes de la diócesis y contó con la asistencia de familiares, amigos y fieles que llenaron la catedral a rebosar. La ordenación de los nuevos sacerdotes es vista con alegría y esperanza en la diócesis y supone la confirmación de que la vocación sigue viva en tiempos en que prevalece el discurso del desierto vocacional.

La ceremonia se llevó a cabo en la catedral de Sant Pere de Vic

La ceremonia se llevó a cabo en la catedral de Sant Pere de VicAna Montiel Villar

Tras la lectura del Evangelio, los dos candidatos fueron llamados por su nombre y presentados al obispo. El rector de la catedral, Jaume Casamitjana, confirmó la idoneidad de los ordenados, tras lo cual, el prelado los eligió para la orden de los presbíteros en un acto que fue acompañado con el asentimiento de la asamblea.

Durante la homilía, pronunciada en castellano y catalán, el obispo Casanova subrayó que el sacerdocio nace en el corazón de Dios y recordó a los nuevos presbíteros que su ministerio no se basa en sus propias fuerzas sino en la fuerza de Dios: «No recibís un don por vosotros mismos. Es el Señor que os da ese don por la Iglesia y la humanidad entera». El prelado insistió en que el ministerio sacerdotal es imprescindible para la iglesia.

Dar el corazón

Apoyándose en San Pablo, Romà Casanova recordó la afirmación del apóstol de las naciones en Gálatas, donde describe su vocación divina: «Dios me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia», incidiendo así en que la llamada no depende de los propios méritos sino de la iniciativa soberana de Dios.

«Ahora empieza el camino y no tiene otra lógica que seguir la Santidad del Pastor», continuó el obispo Casanova, quien recordó que el ministerio sacerdotal «no es una mera función social» y que «solo tiene sentido si se da el corazón a Jesús». El prelado exhortó a los dos nuevos sacerdotes a perseverar y «llevar una vida muy unida a vuestro obispo y al presbiterio».

Casanova finalizó la homilía pidiendo a Camilo Camargo y Mario Pallarés que no olvidaran que recibían en sacramento sacerdotal en la festividad de San Pedro y San Pablo: «Una fiesta en la que descubrimos lo grande que es el amor gratuito e incondicional de Cristo a sus apóstoles. Que la intercesión de estas dos columnas de la Iglesia y la de la Virgen María os acompañe cada día de vuestra vida para que seáis fieles al don de esa obra de Dios».

Tras la homilía, los nuevos sacerdotes manifestaron su disponibilidad para asumir el ministerio y prometieron de rodillas obediencia y respeto al obispo y sus sucesores mientras ponían sus manos entre las del prelado vicense. Postrados en tierra ante el altar durante el canto de las letanías de los santos, los ordenados imploraron la intercesión de la Iglesia Universal.

El momento álgido de la ceremonia fue la imposición del sacramento de manos del arzobispo en completo silencio, seguida por la de todos los sacerdotes presentes, que pronunciaron la oración consagratoria que erige a los elegidos en el orden sacerdotal. Los ritos explicativos culminaron la celebración: la imposición de la estola al modo presbiteral y la casulla, signos del nuevo ministerio, acompañados del abrazo del obispo y del presbiterio, que acogió fraternalmente a los dos nuevos sacerdotes.

Los dos nuevos presbíteros, postrados

Los dos nuevos presbíteros, postradosAna Montiel Villar

La celebración eucarística prosiguió, ahora con la concelebración de los nuevos ordenados junto al obispo y el presbiterio vicense. El rito concluyó con unas palabras de agradecimiento de los dos nuevos sacerdotes.

Servir en Vic

Los ya sacerdotes Mario Pallarés y Camilo Camargo han mostrado su disponibilidad absoluta para servir en la diócesis de Vic a los más vulnerables con espíritu de humildad, obediencia y alegría. El primero lo hará desde la iglesia de Sant Josep de las Hermanas Josefinas de la Caridad en Vic, mientras que el segundo desarrollará su ministerio en Igualada, donde celebrará su primera misa en la parroquia de la Mare de Déu de la Soledat.

Quieren centrar su labor y ministerio sacerdotal sobre todo en los jóvenes, los pobres, los mayores y las personas que viven en soledad no deseada. «Siento una enorme gratitud con Dios y la Iglesia de Cataluña que me ha acogido», explicaba a El Debate Pallarés en la catedral de Vic, un día antes de la ordenación.

Momentos antes se había producido el reencuentro con sus padres, Jorge Mario Pallarés y Yasmín Páez, que eran recibidos en la catedral por Romà Casanova en medio de los ensayos previos a la ceremonia de ordenación. «Venimos a la ceremonia con gran emoción y agradecimiento a Dios. Se hace en la vida de Mario la voluntad de Dios», aseguraba Yasmín a este diario.

Hay en Camilo Camargo y Mario Pallarés un camino paralelo hasta llegar al Seminario Interdiocesano de Cataluña, con la humildad y alegría que les caracteriza, siempre a prueba de vanidades. Su vocación al sacerdocio no nació de ningún hecho extraordinario, sino del trato sencillo y constante con lo sagrado. Y con el ejemplo de los párrocos de sus pueblos de los departamentos colombianos de Santander y Magdalena, respectivamente.

Contacto con lo sagrado

Los dos fueron acólitos, los dos tuvieron contacto cercano con lo sagrado. Y poco a poco prendió en sus corazones la llama de la vocación que los ha llevado al sacerdocio. En Mario, en enero de 2016. En Camilo, desde muy joven, cuando ya formó parte del Camino Neocatecumenal. «En mi familia se vive con ambiente de fe y se vive con fervor la eucaristía. Estas son las bases que motivaron mi camino vocacional», tercia Camilo Camargo.

Ambos iniciaron sus estudios en el seminario mayor San José, en Santa Marta (la ciudad más antigua de Colombia, 1525) y el primer asentamiento español estable en América Continental). Y posteriormente estudiaron Filosofía y Teología: Pallarés, en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (uno de los centros más prestigiosos de Latinoamérica), y Camargo en el seminario misionero San José de la capital antioqueña.

«En mi vida el único responsable de todo es Dios», afirma Mario Pallarés. «¿Es lo que quieres para mí?», le dijo al Señor ante la oferta de venir a Cataluña.

En Camilo, sin embargo, se encendió el ardor misionero cuando le ofrecieron completar su formación en Vic. «La realidad que afronta Cataluña y muchas partes del mundo es la necesidad de vocaciones. Así que he venido con ardor misionero».

Los dos nuevos sacerdotes, junto al obispo de Vic

Los dos nuevos sacerdotes, junto al obispo de VicAna Montiel Villar

Vic es una de las diócesis catalanas más diezmadas por la secularización, un fenómeno que creció de forma exponencial con los pontificados de Ramón Masnou i Boixeda y Josep Maria Guix. El ambiente independentista predominante en la ciudad no ha sido ajeno a este proceso laicista de la sociedad.

Con la incorporación de Camilo Camargo y Mario Pallarés el presbiterio vicense alcanza los 118 miembros para asistir espiritualmente a una población de casi 500.000 habitantes de las comarcas centrales de Cataluña: Osona, Bagues, Ripollès, Moianès, Lluçanès, Anoia y parte del Vallès Oriental y La Selva. En total comprende 250 parroquias.

Romá Casanova es un obispo muy fiel al principio de Iglesia Universal y no ha tenido ningún problema en importar religiosos y religiosas de cualquier lugar del mundo. Y un buen ejemplo son las hermanas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), de origen argentino, que tienen el encargo de la custodia de la catedral de Vic.

«Es una forma de suplir las vocaciones de aquí», apunta para El Debate Josep-Ignasi Saranyana, catedrático emérito de Historia de la Teología de la Universidad de Navarra, quien rechaza que estemos ante una forma de «nueva evangelización. No lo planteo como que América comienza a evangelizar a Europa». «Aquí tenemos un problema: el laicismo, gente que se ha educado cristianamente y luego hace un punto y aparte».

«Estos sacerdotes colombianos están muy orgullosos de estar en España y de sus raíces hispánicas. En el proceso formativo, se entienden muy bien con sus colegas de aquí. En el caso de Vic se puede decir que ha funcionado como dos candidatos de la diócesis que llegan al presbiterio», tercia el profesor Saranyana, uno de los expertos más importantes de Europa en Historia de la Teología y profundo conocedor de la realidad hispanoamericana.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas