El presidente del PP en Cataluña, Alejandro Fernández
Entrevista
Alejandro Fernández, sobre pactar con Junts: «No puedes someterte a quien te llama fascista o te insulta»
El líder del PP en Cataluña descarta grandes pactos con los de Puigdemont, y reclama un trato «de igual a igual»
Alejandro Fernández (Tarragona, 1976) consiguió en las últimas elecciones autonómicas una remontada histórica, reanimando un partido exangüe hasta conseguir 15 diputados. El presidente del PP en Cataluña atiende a El Debate en un despacho del Parlament de Cataluña, cámara en la que propios y extraños celebran su contundencia y agilidad retórica.
En una semana marcada por el caos ferroviario –los populares siguen pidiendo dimisiones– y por las negociaciones entre Pedro Sánchez y sus socios, Fernández reflexiona en la entrevista sobre todo ello, y mantiene su negativa a alcanzar grandes pactos con Junts.
–Empecemos hablando de trenes. Esta semana la Generalitat prometió normalidad en el servicio, pero seguimos con tramos en autobús y retrasos. ¿Le sorprende?
–Lo que resulta muy sorprendente –e indignante a la vez– es que se hayan tenido que producir accidentes mortales para que salga a la luz el estado lamentable de mantenimiento de las infraestructuras. ¿Qué pasa? ¿Que antes de que muriera gente teníamos el mejor sistema ferroviario de Occidente, según Óscar Puente, y como ahora ha habido un accidente resulta que tenemos el peor? Eso significa que ha habido una ocultación masiva de información, y por eso hemos pedido la dimisión de Sílvia Paneque y de Óscar Puente.
–Dimisiones que no están sobre la mesa…
–Evidentemente. Ya sabemos que un socialista de esta época no dimite ni aunque le pillen robando en el supermercado.
–Ud. ha reconocido la falta de ejecución presupuestaria en infraestructuras como Rodalies. ¿Qué parte del relato independentista es cierta y qué parte es lectura interesada de la situación?
–Cierta no es ninguna, porque el nacionalismo catalán ha sostenido prácticamente todos los gobiernos de España y ha condicionado todos los gobiernos de España. Por lo tanto, han sido corresponsables de todo lo que ha ocurrido. Por otro lado, los gobiernos de Cataluña han tenido unos porcentajes de ejecución de su mismo presupuesto, el de la Generalitat, muy parecidos a los del Gobierno de España: es decir, bajos.
Por tanto, no es un problema de España contra Cataluña. Es un problema en general de todos los gobiernos –los autonómicos y el de España– en relación a la ejecución del presupuesto. Y, por cierto, los peores años han sido los de Pedro Sánchez, porque el papel lo aguanta todo, incluso partidas presupuestarias irreales que no se pueden ejecutar. Necesitamos dosis de realismo y de gestión eficaz.
–Josep Mª Cruset, diputado de Junts en el Congreso, defendía hace unos días el silencio de Eduard Gràcia, que representa la cuota de Carles Puigdemont en el consejo de administración de Renfe.
–Pretenden soplar y sorber a la vez, y que encima les compremos la mercancía averiada, pero ellos han decidido participar siempre de los gobiernos de España. Y de una forma especialmente intensa en esta etapa reciente, colocando representantes en las grandes organizaciones estatales: Renfe, Aena, RTVE, Red Eléctrica…
El presidente del PP de Cataluña, Alejandro Fernández
A la hora de la verdad, llevan ocho años sosteniendo a Pedro Sánchez, y resulta bastante inmoral que miren a quién gobernaba hace 12 o 15 años. También empezamos a detectar que parte de su electorado se da cuenta del timo, y ya no tragan lo de que sean españolazos para cobrar las dietas de las instituciones pero «visca Catalunya lliure» cuando hay un problema, para quejarse.
–Si hacemos caso a las encuestas, se abre un cambio de ciclo electoral. Cuando lleguen las elecciones generales y haya que configurar mayorías, ¿cuál cree que debe ser la relación del PP con Junts?
–Pues una relación de igual a igual, como con cualquier otro partido. Uno de los graves problemas que ha tenido históricamente mi partido es no haber construido un proyecto alternativo. Mucha gente contempla al PP catalán en relación a su sometimiento o no a Junts, o a la antigua Convergencia. Yo me niego.
No creo que la relación con Junts tenga que ser un asunto prioritario dentro de la estrategia del PP. Es más, creo que lo que tenemos que hacer es plantear un proyecto distinto al de Junts, no trabajar para ver si nos llevamos bien con ellos, como si hubieran sido bendecidos por una varita mágica de superioridad moral y los demás tuviéramos que ir de rodillas a pedirles clemencia. Tampoco me creo por encima de ellos: una relación de igual a igual, como cualquier otro partido.
–Sí, pero déjeme que insista: en el caso de que fuera necesario pactar con Junts para un hipotético futuro gobierno nacional, ¿cómo lo vería?
–No me gusta hablar sobre hipótesis, pero creo que el acuerdo no es sometimiento. El pacto no es sometimiento. El pacto, cuando se hace de igual a igual, con respeto a tu interlocutor, es positivo para una sociedad. Lo que no es positivo es someterte al que dice que eres un fascista y te insulta, y ese sigue siendo el modus operandi de Junts.
[Esta respuesta ha sido actualizada a posteriori a petición del entrevistado, que ha contactado con El Debate para aclarar su posición respecto a este tema]
–¿Cuál cree que debe ser la relación del PP con Vox?
–Lo digo desde el respeto personal y orgánico hacia Vox, pero a mí nunca me ha interesado la política para hablar entre partidos, sino para hablar a la sociedad. Nosotros hemos sido capaces de resucitar al PP en Cataluña cuando estaba a punto de desaparecer porque nos olvidamos de someter nuestra estrategia al resto de partidos y nos dirigimos a la sociedad.
–Permítame que le pregunte de nuevo por los pactos, dado que en este momento aún se está negociando en Extremadura y, previsiblemente, será necesario hacerlo también en Aragón.
–Le diré lo que me gustaría que ocurriese en estas comunidades autónomas donde el PP no tiene mayoría absoluta y tiene que llegar a acuerdos con Vox, también porque los demás han dicho que no quieren saber nada. Por supuesto, no han de haber cordones sanitarios y se ha de llegar a acuerdos, pero Vox también tiene que asumir que no puede exigir al partido que tiene casi el triple de escaños que adopte todo su ideario.
Como te decía, un pacto se tiene que hacer entre iguales, y debe ser proporcional al apoyo de cada uno en las urnas. En mi etapa en Tarragona llegué a acuerdos con fuerzas políticas asumiendo que en ocasiones mi posición era de enorme fortaleza y en otras, muy minoritaria. En Extremadura, no pueden pretender que María Guardiola haga suyo enterito el programa de Vox, y da la sensación de que quieren convertir la negociación en un «trágala». Creo que todo el mundo debe tener generosidad y poner de su parte.
–Acabo ya las preguntas sobre otros partidos, pero ¿qué opina de la reunión de Sílvia Orriols con un grupo de empresarios, de la mano de Emilio Cuatrecasas?
–Creo que será positivo que la señora Orriols se dé cuenta de que entre toda esa gente que ellos llaman botiflers y colonos hay gente normal, y que no pasa absolutamente nada por relacionarte con ellos. No tengo nada que decir sobre que ella se reúna con quién le dé la gana, y si eso le sirve para entender que Cataluña es plural, bienvenido sea.
Fernández, en una imagen de archivo
–Volvamos a la política catalana. Este mes hay protestas de Rodalies, huelgas de médicos, de profesores y hasta de galeristas de arte. ¿Está en problemas la vitola de ‘gestor’ de Salvador Illa, que además prevé aprobar Presupuestos en marzo?
–El gobierno de Salvador Illa es sanchismo con mimitos, pero sanchismo puro. Es una mezcla de corrupción política, gestión nefasta y fracaso absoluto de todos los servicios públicos. Eso es lo que está ocurriendo y por eso la gente protesta.
La única diferencia, que yo he reconocido siempre, es que mientras Sánchez lleva actuando toda la vida como un macarra, Salvador Illa tiene la deferencia de no insultar al personal. Y sobre los Presupuestos de la Generalitat, sí, puede que los haya porque en Cataluña funciona un tripartito disimulado, que es la suma de los Comunes, ERC y el PSC.
–Su formación ha criticado la regularización extraordinaria de medio millón de inmigrantes, que en Cataluña alcanzará a entre 120.000 y 150.000 personas. ¿Cree que la gente entiende la postura del PP?
–Primero, cuando alguien señala que Aznar regularizó inmigrantes, [recordemos que] todos venían con contrato de trabajo. Nosotros siempre hemos defendido que ni papeles para todos ni todos expulsados, y que el que venga aquí a trabajar y a cumplir la ley es bienvenido pero que el que venga a incumplirla será expulsado.
La reforma que plantea el PSOE es un papeles para todos encubierto, que solo permite limitar la regularización a aquel que tenga antecedentes penales «relevantes». Es decir, que con esta reforma un multirreincidente con 37 detenciones por hurtos y que esté pendiente de juicio será regularizado. Es una inmoralidad increíble.
–Hace unos días Impulso Ciudadano denunciaba ante la Unión Europea las trabas al 25% de español en las aulas de Cataluña. ¿Comparten su preocupación?
–Para hacer cumplir una sentencia judicial en Cataluña se necesita un plus de coraje político, pero es éticamente adecuado y moralmente necesario. No puede existir impunidad en Cataluña, porque, entre otras cosas, a los que han pensado así –y aquí todos los gobiernos han cometido errores, también de mi partido– no les ha ido bien. Una actitud blandengue respecto al cumplimiento de la ley no calma al separatismo: lo envalentona.
Lo que acabó con el procés y trajo el orden a Cataluña fue el imperio de la ley, todo lo demás es parole, parole. Yo debo decir una cosa: cuando recuperemos el Gobierno de España, vamos a hacer cumplir la ley. Es más, sería catastrófico si no lo hiciéramos. No puede haber colectivos sociales, territoriales e identitarios que vivan en la impunidad constante.
–Una última pregunta. Ha dicho que no le gusta opinar sobre hipótesis, pero –si no hay sorpresas– falta poco más de un año para la próxima cita electoral en Cataluña, las municipales de mayo de 2027. ¿Cómo las encara el PP?
–Evidentemente, cada municipio tiene aspiraciones distintas: la aspiración en Badalona y Castelldefels es mantener el gobierno, por ejemplo, y en otros las aspiraciones son seguir creciendo, poco a poco. También queremos presentar más candidaturas. Los años del procés fueron muy difíciles, porque presentar una candidatura en un municipio pequeño suponía prácticamente la muerte civil del candidato. Hoy, que esto no debería suceder, nuestra vocación es presentar más candidaturas que nunca, y conseguir ser decisivos en algunos municipios muy importantes.
–¿Por ejemplo...?
Hay varios sitios. Vemos que podemos dar un salto importante en las capitales de provincia, donde el PP es más fuerte, y también en el área metropolitana, en la Costa Dorada de Tarragona y en la costa de Gerona.