Hospital de viladecans

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El mal estado de Urgencias en un hospital catalán aumenta la mortalidad de los pacientes, según un informe

La Sindicatura alerta de que las urgencias en Cataluña pueden estar incrementando la mortalidad hospitalaria

La Sindicatura de Cuentas de Cataluña ha hecho público un informe sobre el servicio de urgencias del Hospital de Viladecans, centro del Institut Català de la Salut, en el que concluye que los tiempos de espera excesivos, la falta de recursos y los problemas de gobernanza se alejan de los estándares nacionales e internacionales y pueden tener un impacto directo en la morbilidad y la mortalidad hospitalaria. El estudio, relativo al ejercicio 2022 y enmarcado en una fiscalización más amplia de las urgencias del sistema público catalán, sostiene que una reducción del tiempo de permanencia de los pacientes en urgencias, especialmente entre el alta de este servicio y el ingreso en planta, permitiría disminuir eventos adversos y fallecimientos evitables. Las conclusiones se conocen en un contexto de protestas reiteradas de los profesionales y tras denuncias sindicales por colapso y muertes en urgencias en otros hospitales de Barcelona, lo que vuelve a poner en cuestión el modelo sanitario impulsado por la Generalitat.

Carencias asistenciales y esperas «dilatadas»

El informe de la Sindicatura describe un servicio de urgencias que funciona como puerta de entrada para todo tipo de casos, desde patologías graves hasta situaciones que deberían resolverse en atención primaria, lo que contribuye a la saturación del dispositivo. Según los datos analizados, más de la mitad de las atenciones correspondían a episodios que podrían haberse gestionado en otros niveles asistenciales, distorsionando la planificación y el uso de recursos.

Los auditores subrayan que el tiempo total de permanencia de los pacientes que requieren ingreso es «bastante dilatado» y está lejos de los estándares estatales e internacionales, especialmente el periodo que transcurre entre el alta de urgencias y la llegada a planta. A partir de los indicadores de tiempo y de la evidencia científica disponible, la Sindicatura considera que se podría lograr «una reducción adicional de la morbilidad y la mortalidad» si se acortaran estos plazos de espera en urgencias, advertencia que vincula directamente la actual precariedad organizativa con posibles resultados clínicos adversos

Infrafinanciación y problemas de gobernanza

El organismo fiscalizador también pone el foco en la dimensión económica y en la gestión del centro. La financiación de la actividad de urgencias a cargo del Servei Català de la Salut ascendió a 5,61 millones de euros en 2022, una cifra inferior al coste real calculado a partir del sistema de costes del Institut Català de la Salut, con un déficit estimado de 3,16 millones de euros para ese ejercicio.

Esta brecha presupuestaria se suma a lo que la Sindicatura define como «debilidades o incumplimientos» que afectan a la planificación, la evaluación de necesidades y la transparencia, y que atribuye en buena medida al CatSalut, al propio ICS y a la Conselleria de Salut, es decir, a los principales responsables de la política sanitaria catalana. Según el informe, la orientación del servicio de urgencias de Viladecans se aparta de la finalidad marcada por el Plan nacional de urgencias de Cataluña, diseñado para atender episodios agudos que no admiten demora, y acaba absorbiendo una carga que desborda su misión asistencial.

Las conclusiones de la Sindicatura llegan después de que sindicatos como CGT y FGT-IAC hayan denunciado ante los juzgados el «colapso» de las urgencias del Hospital del Mar de Barcelona, al que atribuyen la muerte de tres pacientes que permanecieron entre 40 y 70 horas en la zona de espera sin ser atendidos. Estas organizaciones hablan de «saturación crónica», falta de camas y demoras administrativas estructurales que, a su juicio, ponen en riesgo la seguridad de los enfermos.

Profesionales describen unos servicios de urgencias desbordados cada invierno, con picos entre diciembre y enero y, de nuevo, en febrero, en los que la carga asistencial se dispara sin que se refuercen plantillas ni se aumenten de forma estable los programas de apoyo. Sanitarios de primera línea relatan situaciones de agotamiento extremo, con material limitado y decisiones clínicas condicionadas por la falta de medios, lo que alimenta un clima de desánimo y «quemazón» que puede repercutir en la calidad de la atención al paciente.

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