Ibáñez fue el creador de los míticos personajes «Mortadelo y Filemón»
La mente maestra que impulsó las carreras de Ibáñez y Vázquez mientras redefinía el cómic español
El dibujante barcelonés que revolucionó el humor gráfico con un estilo minimalista y una mente inagotable
Si en Francia existen los Cuatro Mosqueteros del tenis con Lacoste, Cochet, Borotra y Brugnon, en España teníamos los 5 Magníficos en el mundo de las historietas y del humor, vinculados a la Editorial Bruguera. Uno de ellos fue Carlos Conti Alcántara, nacido en Barcelona el 28 de agosto de 1916. Conocido como Conti, se le considera el arquitecto de un estilo gráfico que sigue asombrando por su capacidad de decir mucho con lo mínimo.
En sus cómics introdujo una sofisticación única, apartándose de la bofetada y la persecución. Sus dibujos eliminaban cualquier adorno innecesario para centrarse en la expresividad pura. Esto le permitió ser un dibujante ubicuo. Esto le permitió, aparte de las publicaciones de Bruguera, trabajar en el diario ABC, la revista ¡Hola! y el deportivo Dicen. De Conti se ha dicho que era una máquina de pensar. Era capaz de generar decenas de ideas de chistes por hora. Su mente funcionaba con una lógica que le permitía conectar con el lector a través de la ironía y el absurdo cotidiano.
Empezó a colaborar en la revista Pulgarcito en 1949 con El Loco Carioco, un loco con residencia habitual en el manicomio, del que se escapa frecuentemente para correr estrafalarias aventuras. En su apariencia física destacaba sobre todo su mata de pelo, con una obstinada tendencia a erizarse. Solía vestir traje y corbata. En 1951 aparecieron en El DDT los personajes Mi tío Magdaleno; Apolino Tarúguez, un prototipo de director de una pequeña compañía que probablemente ha logrado su fortuna en el mercado negro; y Don Eulalio. En 1952, en la misma revista, apareció La vida adormilada de Morgeo Pérez, en la que ponía en escena las alocadas ensoñaciones del mediocre protagonista. El siguiente personaje no se publicó hasta 1959, en Ven y Ven, llamado Aquí tienen a Marcelo con su hermanito gemelo. En la revista El Campeón de las Historietas, en 1961, apareció Don Fisgón. En 1969 y 1970 empezó a publicar Don Alirón y la Ciencia-Ficción y El Doctor No y su ayudante Sí, en la revista El DDT.
Conti, junto con sus compañeros de Bruguera, los 5 Magníficos, fundó la cooperativa Dibujantes y Editores Reunidos (DER), creando la revista Tío Vivo. En esta revista ocupó el cargo de director artístico. De aquella etapa dejó una huella imborrable en la lucha por los derechos de los artistas. En ella empezó a publicar Tarúguez y Cía, que era el mismo personaje que ya publicaba en El DDT desde 1951. Aparte de Apolino Tarúguez, otro de los protagonistas era el empleado Celedonio, un hombre pequeño y débil, algo torpe y que aguantaba estoicamente el mal genio de su empleador y los retrasos en el pago. Apolonio Tarúguez empezó su andadura en 1944 en la revista Cucú, semanario festivo.
A partir de 1974 se encargó de los guiones de Superlópez, que firmaba con el seudónimo de Pepe, mientras que otros los dejó sin firmar. El dibujante era Juan López Fernández «Jan». Conti aportó el tono humorístico a la que se convertiría en una de las sagas más importantes del cómic español. Su labor como redactor y cazatalentos permitió que figuras como Francisco Ibáñez o Vázquez fueran contratadas en Bruguera, pues Conti era conocido por su ojo clínico para detectar la gracia allá donde otros solo veían trazos descuidados.
Imagen de Francisco Ibañez
Se ha dicho repetidamente que sin Conti el tebeo español no sería el mismo. En los libros de historia del cómic se le describe como un hombre de principios. Sobre su personaje más famoso, El Loco Carioco, los analistas señalan que Conti utilizaba la «locura» del protagonista para ejercer una crítica social sutil. Se dice que Carioco era, en realidad, el personaje más cuerdo de la revista, pues sus reflexiones absurdas ponían en evidencia las contradicciones y la rigidez de la sociedad de la posguerra.
Cuando otros dibujantes tenían que entregar una portada y no encontraban una idea graciosa, acudían al despacho de Conti. Se cuenta que él, sin dejar de dibujar lo suyo, les soltaba tres o cuatro ideas brillantes en segundos. Por eso, muchos dicen que medio Bruguera se construyó sobre las ideas de Conti. Con respecto a la censura, sus chistes eran tan intelectuales y sutiles que, a menudo, los censores no llegaban a captar la carga de profundidad o la crítica social que contenían, permitiéndole decir cosas que a otros autores les censuraban.
Conti falleció en Barcelona el 15 de septiembre de 1975, a los 59 años. Sus allegados y compañeros siempre lo describieron como un hombre de una serenidad y elegancia natural. A pesar de ser uno de los cinco grandes, nunca tuvo un ego desmedido. Era un hombre profundamente culto que dignificó el oficio de dibujante, viéndolo no solo como un trabajo de entretenimiento, sino como una forma de arte y filosofía. Su obra es objeto de estudio por su modernidad gráfica, situándolo como un humorista gráfico de talla europea comparable a los de la revista The New Yorker, como Juan-Jacques Sempé o Saul Steinberg.