Cordón policial de los Mossos d'Esquadra, en una imagen de archivo
Cataluña
Radiografía del yihadismo en Cataluña: más joven y se radicaliza en plataformas de ‘streaming’ y videojuegos
Cataluña es el principal foco del terrorismo islámico en España
El yihadismo en Cataluña ha entrado en una nueva fase: perfiles cada vez más jóvenes, procesos de radicalización acelerados y un escenario de captación que se ha desplazado a plataformas de ‘streaming’, redes sociales y videojuegos en línea.
Cataluña concentra una parte destacada de las detenciones por terrorismo islamista en España y los expertos alertan de que el fenómeno se ha vuelto más difuso y más difícil de detectar, además de estar profundamente ligado al consumo digital de los menores.
Esta semana, mandos policiales y académicos analizaron el fenómeno en una jornada de trabajo en Barcelona, confirmando la tendencia que explicaban fuentes especializadas a El Debate hace unos días: cerca del 40 % de las operaciones contraterroristas en Europa en 2025 estuvieron dirigidas contra menores de edad, y los reclutadores utilizan las plataformas de gaming como cebo para el reclutamiento online.
En los últimos años, España ha registrado en torno al centenar de detenidos anuales vinculados al yihadismo, con Cataluña situada de forma recurrente a la cabeza por número de arrestos. Una parte relevante de estas intervenciones policiales se concentra en la provincia de Barcelona, lo que mantiene a la comunidad autónoma como uno de los principales puntos de atención de la lucha antiterrorista.
Las fuerzas de seguridad advierten de que estas cifras no se deben tanto a grandes tramas organizadas como a procesos de autorradicalización detectados en fases tempranas. Se interviene cuando el sospechoso ya se ha autoadoctrinado y ha iniciado un camino de capacitación, aunque aún no exista un plan concreto de atentado, lo que obliga a actuar con más anticipación y con un mayor esfuerzo de inteligencia.
De las células estructuradas a los «lobos solitarios» digitales
Tras el declive del autodenominado Estado Islámico y la pérdida de territorio en Siria e Irak, los servicios de seguridad constatan un cambio de patrón: disminuye el peso de las grandes células y crece el de individuos o pequeños grupos que actúan de manera autónoma.
Los analistas describen un terrorismo con menos capacidad de causar atentados masivos, pero con una mayor «capilaridad», que se extiende por el tejido social y se materializa en potenciales atacantes solitarios difíciles de prever.
Número de operaciones contra el terrorismo yihadista desarrolladas por provincias en 2024
En este contexto, los atentados del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils siguen siendo un punto de referencia inevitable. La célula de Ripoll, integrada por jóvenes que habían pasado por el sistema educativo, contaban con empleo y hablaban catalán, fue presentada en su día como un ejemplo aparente de integración, pero las investigaciones posteriores evidenciaron fracturas identitarias y resentimiento que el imán Abdelbaki Es Satty supo aprovechar para conducirlos hacia la violencia.
Radicalización exprés entre adolescentes
Los especialistas consultados en los últimos informes advierten de un rejuvenecimiento notable del perfil del radicalizado, con franjas de edad que se sitúan ya en los 20-22 años y casos detectados incluso en menores de 14. Se han identificado adolescentes que exhiben y comparten simbología relacionada con la violencia extrema en entornos escolares, lo que apunta a una internalización precoz de estas narrativas.
El proceso, además, se ha acelerado. Lo que antes podía tardar años en consolidarse ahora puede completarse en cuestión de meses, especialmente cuando se combina una situación personal de vulnerabilidad con un consumo intensivo de contenido radical en internet.
Una de las principales novedades es el escenario donde se produce la captación. La propaganda yihadista ha desplazado parte de su actividad desde foros cerrados y páginas clandestinas hacia plataformas de streaming, comunidades de videojuegos en línea y redes sociales de uso masivo entre adolescentes.
Los propagandistas adaptan su mensaje al lenguaje y la estética juvenil: referencias al mundo gamer, uso de emojis, vídeos cortos, música y formatos visuales muy directos. El objetivo es simplificar el discurso, generar impacto emocional y reducir el espacio para el análisis crítico, con contenidos que muchas veces se consumen de forma solitaria, sin mediación de adultos ni de referentes educativos.
Esta estrategia rompe el cliché del yihadista reclutado únicamente en entornos de marginalidad. Los expertos subrayan que el elemento decisivo no es tanto el nivel económico como la sensación de no pertenencia, la falta de horizonte y la exposición continuada a mensajes de odio, sin un acompañamiento familiar o escolar que ejerza de contrapeso.
Gaza, Irán y el efecto acelerador de la polarización
El contexto internacional actúa como combustible adicional. La guerra en Gaza, las tensiones en Oriente Medio o actuaciones militares recientes, como los ataques de Estados Unidos sobre objetivos en Irán, no generan por sí mismos nuevos terroristas, pero sí acortan el tiempo de radicalización de quienes ya se encuentran en un proceso de deterioro.
A ello se suma un clima interno de polarización, alimentado también por discursos de odio en redes, en la calle e incluso en espacios deportivos o educativos. Insultos y cánticos de tono racista o islamófobo, junto con expresiones que cuestionan la pertenencia plena de ciertos jóvenes a la sociedad, son utilizados por los reclutadores como prueba de rechazo, reforzando el relato victimista que presentan a estos menores.
Los analistas advierten de que la confluencia entre mensajes extremistas de distinto signo —tanto yihadistas como de odio desde posiciones radicales opuestas— genera un caldo de cultivo que facilita la captación de adolescentes sin referentes sólidos.
El caso Ripoll y el tabú en los centros educativos
Ripoll, la localidad gerundense marcada por los atentados del 17-A, ilustra bien las dificultades para abordar el fenómeno a nivel local. Según testimonios recogidos en los últimos años, el instituto del municipio no ha desarrollado una estrategia clara y continuada sobre yihadismo, islamofobia o racismo, pese a haber sido el epicentro de la célula que atentó en Barcelona y Cambrils.
Profesionales del ámbito educativo y social señalan que el tema se ha convertido en un tabú. El temor a estigmatizar a la comunidad musulmana y la corrección política han conducido a evitar debates de fondo, con el resultado de que apenas se nombran conceptos como radicalización o yihadismo en documentos y actividades oficiales.
Esta situación deja en gran medida en manos de la policía y de la justicia una tarea que también exige prevención, pedagogía y acompañamiento social. Diversos expertos reclaman que el fenómeno se aborde de forma abierta, con materiales específicos y con formación para docentes y trabajadores sociales, para detectar señales de alarma sin criminalizar a comunidades enteras.
Abandono escolar, desarraigo y falta de recursos
Las entidades que trabajan sobre el terreno alertan de otra variable clave: el abandono escolar. Asociaciones con experiencia en barrios vulnerables de Cataluña señalan que, en algunos centros de menores, las tasas de abandono superan la mayoría del alumnado, dejando a muchos adolescentes fuera de cualquier itinerario formativo estable.
Quienes abandonan el sistema educativo y no encuentran un empleo estable quedan expuestos a la delincuencia común, a pequeños tráficos o a entornos donde los discursos extremistas encuentran espacio para arraigar. La falta de recursos específicos para la inserción laboral, el acompañamiento familiar y la prevención de la radicalización agrava esta situación, especialmente en municipios con menos tejido asociativo.
Llamamiento a una estrategia integral
Ante este panorama, voces del ámbito policial, académico y social coinciden en reclamar una estrategia integral frente al yihadismo en Cataluña. Subrayan que la respuesta no puede limitarse a la intervención policial, necesaria pero insuficiente si no va acompañada de políticas de cohesión, refuerzo educativo y trabajo específico con menores en riesgo.
Los expertos insisten en la importancia de nombrar el problema y abordarlo sin complejos, diferenciando con claridad entre la inmensa mayoría de ciudadanos musulmanes, ajenos al extremismo, y una minoría que pretende instrumentalizar la religión con fines violentos. Al mismo tiempo, reclaman recursos estables para los centros educativos, los servicios sociales y las entidades de proximidad, capaces de detectar a tiempo los procesos de radicalización acelerada que hoy se incuban, cada vez más, en las pantallas y no en la calle.