El presidente de la Generalitat, Salvador Illa
Illa sigue el ejemplo de Sánchez en TikTok
El presidente de la Generalitat convierte un episodio de desconocimiento entre jóvenes en una campaña de imagen en redes sociales, en paralelo a la estrategia digital de Pedro Sánchez
Un corte de radio en el que varios jóvenes eran incapaces de identificar a Salvador Illa como presidente de la Generalitat y lo confundían entre risas con «Salvador Dalí» ha desencadenado una intensa ofensiva de comunicación en redes sociales por parte del líder socialista catalán. Lejos de dejar pasar el episodio, Illa ha utilizado TikTok e Instagram para presentarse como un presidente cercano y adaptado al lenguaje de los más jóvenes, en un terreno donde la política tiende a diluirse en entretenimiento.
Del desconcierto en la calle al vídeo presidencial
El episodio arrancó en un programa de la emisora Flaixbac, cuando el entrevistador preguntó en la calle quién era el presidente de la Generalitat y uno de los jóvenes respondió «Salvador… Dalí», entre bromas y dudas que evidenciaban el desconocimiento de la figura de Illa. El fragmento corrió con rapidez por las redes sociales y se convirtió en un pequeño símbolo de la distancia entre la política institucional y una parte de la juventud catalana.
El entorno del president reaccionó rápidamente: Illa grabó un vídeo en el que se refería al episodio con tono distendido, admitiendo que aún le quedaba trabajo por hacer para ser más conocido y aprovechando la coyuntura para reforzar su presencia digital. Poco después, el joven protagonista del corte fue invitado al Palau de la Generalitat, en una escena pensada para difundirse también en redes y mostrar a un presidente accesible, sin solemnidad excesiva y dispuesto a tomarse con humor el desconocimiento inicial.
Un perfil cada vez más activo en TikTok e Instagram
La apuesta de Illa por las redes sociales no es nueva, pero se ha intensificado y profesionalizado en los últimos meses. Desde hace tiempo dispone de perfiles en Instagram y TikTok, aunque en una primera etapa predominaban los vídeos reutilizados de actos públicos, intervenciones parlamentarias y fragmentos de entrevistas, muchas veces adaptados para el consumo rápido típico de estas plataformas.
A partir de 2025, el president ha empezado a publicar más contenido específicamente diseñado para redes: mensajes grabados a primera hora de la mañana entrando en el Palau con mochila al hombro, avances informales de reuniones del Consell Executiu o vídeos con prescriptores e ‘influencers’ dirigidos a cuestiones como la vacunación. En el plano visual, Illa combina la imagen de dirigente institucional con un tono más cotidiano, procurando encajar en el estilo dominante de TikTok e Instagram sin renunciar al papel de jefe del ejecutivo catalán.
Paralelismo con la ofensiva digital de Sánchez
El refuerzo de la presencia de Illa en TikTok se produce en paralelo al despliegue digital de Pedro Sánchez, que ha convertido esta red social en uno de sus principales altavoces personales y políticos. El presidente del Gobierno comparte vídeos en los que recomienda libros y películas, enseña rincones de la Moncloa o aparece en actividades privadas, como fines de semana en moto o momentos familiares, buscando proyectar normalidad y cercanía.
En este contexto, el encaje de Illa en el mismo formato resulta evidente: ambos mandatarios socialistas explotan la lógica del vídeo corto, el mensaje simplificado y la narrativa emocional como complemento –y a veces sustituto– de los canales informativos tradicionales. La coordinación entre Moncloa y Generalitat se ha escenificado también en piezas conjuntas, como las que muestran a Illa junto a ministros o responsables municipales para subrayar la sintonía política.
La política en el terreno resbaladizo de las redes
La apuesta del presidente de la Generalitat por TikTok e Instagram refleja un cambio de época en la comunicación política: la conversación se desplaza a plataformas donde el algoritmo premia la rapidez, el impacto y la polémica por encima del matiz. En ese terreno, la tentación de convertir la política en un producto más de consumo inmediato es constante, y el riesgo de que el mensaje de fondo quede reducido a apenas unos segundos de imagen es evidente.
El caso de Illa ilustra hasta qué punto un episodio que nace como muestra de desconocimiento ciudadano puede ser reorientado como campaña de imagen personal y de proyección mediática. La cuestión de fondo es si esta exposición constante en redes sirve para fortalecer la autoridad institucional o si, por el contrario, termina alimentando una política cada vez más dependiente del impacto viral y menos del debate sereno.