Entrada al recinto modernista del Hospital de Sant Pau, en Barcelona

Entrada al recinto modernista del Hospital de Sant Pau, en BarcelonaWikimedia

Cataluña

Cataluña es la segunda comunidad autónoma con las listas de espera más largas para operarse

Lidera las listas también en traumatología, cirugía general y digestiva

Casi 200.000 personas esperan una operación en Cataluña. No es una cifra puntual ni un repunte aislado: es la expresión más clara de un sistema sanitario sometido a una presión creciente desde hace años.

Con 197.768 pacientes en lista de espera quirúrgica a cierre del segundo semestre de 2025, Cataluña se sitúa como la segunda comunidad autónoma con más demora acumulada, solo por detrás de Andalucía. A gran distancia quedan Madrid, con 80.525 personas, y la Comunidad Valenciana, con 51.600.

Los datos del Ministerio de Sanidad confirman una tendencia que no se revierte. En el conjunto del Estado, 853.509 personas aguardaban una intervención a 31 de diciembre, un 0,8% más que un año antes y más de 20.000 por encima de la cifra registrada a mitad de 2025. El tiempo medio de espera se sitúa en 121 días: una ligera mejora interanual, pero un empeoramiento respecto al semestre anterior.

En Cataluña, además, el problema no es solo cuantitativo, sino también estructural. La presión se concentra especialmente en determinadas especialidades. La traumatología lidera la lista con 46.597 pacientes pendientes, seguida de la cirugía general y digestiva, con 41.399. También destacan ginecología (8.620), angiología y cirugía vascular (6.874) y cirugía pediátrica (4.671), ámbitos donde la comunidad encabeza esa clasificación.

Causas

Los profesionales del sector coinciden en el diagnóstico: no hay una única causa, pero sí factores acumulativos que explican la situación. Entre ellos, el crecimiento de la población, más de dos millones de personas en las últimas décadas en Catalunya, sin un incremento proporcional de los recursos sanitarios. «Al final, hay más pacientes, pero no más médicos, ni más enfermeras, ni más infraestructuras. Eso genera un cuello de botella evidente», resumen desde el ámbito sindical.

A esta falta de recursos se suma otro problema clave: la dificultad para retener talento. Muchos profesionales formados en Cataluña optan por marcharse a otras comunidades autónomas o países europeos en busca de mejores condiciones laborales. «Tenemos personal de primer nivel, pero si no se ofrecen condiciones competitivas, es muy difícil mantenerlo», advierten.

La consecuencia directa es un sistema que se ve obligado a priorizar. Los criterios médicos sitúan en primer lugar a los casos más urgentes, pero esto implica que otras intervenciones se retrasen aún más. Una dinámica que, según los expertos, agrava la percepción de colapso entre los pacientes.

El problema, además, no es nuevo. Los sindicatos insisten en que se trata de una situación arrastrada durante años, vinculada en buena parte a la falta de inversión. Reclaman un aumento del gasto sanitario en relación con el PIB para poder sostener el sistema y evitar que la presión asistencial siga creciendo. «Sin presupuesto, cualquier intento de ampliar servicios se queda en papel mojado», señalan.

A este escenario se añade el impacto de la pandemia, que ralentizó la actividad quirúrgica y cuyos efectos aún se arrastran, así como las dificultades en la atención primaria. La falta de acceso ágil al médico de cabecera deriva a muchos pacientes hacia los hospitales, saturando aún más el sistema.

El resultado es una sanidad que, según coinciden los profesionales, funciona al límite de su capacidad. Y aunque el diagnóstico está claro, también lo está la complejidad de la solución: requiere tiempo, planificación y, sobre todo, más recursos para evitar que las listas de espera sigan creciendo y se consoliden como uno de los grandes retos del sistema sanitario público.

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