José Ignacio Castelló con su nuevo libro

José Ignacio Castelló con su nuevo libro «Historias a todo galope»Cedida. José Ignacio Castelló

Entrevista

José Ignacio Castelló: «El buen periodismo exige esfuerzo, tiempo y especialización»

Hay bastante parte personal, pero en periodismo la vida y el trabajo van muy pegados: vivimos las 24 horas detrás de la información

El periodista y profesor universitario José Ignacio Castelló reúne en Historias a todo galope veinte años de reportajes sobre carreras de caballos publicados entre 2005 y 2025, convertidos ahora en un diario personal y profesional sobre un deporte minoritario y una profesión en transformación. El libro combina crónica hípica, memoria de redacción y pequeñas lecciones de oficio para estudiantes y periodistas en un tiempo marcado por la prisa, las apuestas y la irrupción de la inteligencia artificial.

- ¿Cómo empieza tu relación con las carreras de caballos y cuándo ves que ahí hay material para 20 años de trabajo?

- Empieza con el juego: de joven me enganché a las carreras que se emitían por televisión ligadas a una quiniela muy barata, y esa mezcla de apuesta y espectáculo me fascinó. A partir de ahí empecé a escribir en revistas hípicas sobre distintas disciplinas, pero las carreras eran lo que más me apasionaba. Más tarde, ya trabajando en revistas náuticas, el director de la edición en catalán de El Periódico me abrió la puerta a publicar mi primer reportaje sobre carreras, gustó, y desde 2005 hasta 2025 he ido firmando decenas de piezas, de las que he seleccionado veinte para el libro.

- El juego y las apuestas están en el centro de muchos debates. ¿Cómo se escribe sobre carreras con rigor sin hacer apología ni caer en el morbo?

- Las carreras de caballos tienen historias oscuras: mafias, dopaje, apuestas sucias… y eso el cine lo ha explotado mucho. A los aficionados nos molesta que solo se cuente esa cara negra y no las historias buenas que también existen. Yo he tratado temas complicados, pero siempre con rigor, profesionalidad y un lenguaje muy natural, de forma que cualquier lector entienda el riesgo de las apuestas y, a la vez, la belleza del deporte.

- El subtítulo habla de un periodista, una profesión y 20 relatos. ¿Cuál es el hilo conductor?

- He ordenado los reportajes cronológicamente y los he convertido en una especie de diario personal y profesional. Antes de cada texto explico las circunstancias en las que nació ese reportaje, el contexto del momento y algunas decisiones periodísticas que pueden servir a otros colegas o freelances. Publico el texto tal como apareció en El Periódico y reproduzco también la página, porque quiero reivindicar el reportaje como género: buen titular, buena foto, inicio y final pensados.

- ¿Por qué decides publicar este libro ahora?

- Por gratitud y por oficio. El Periódico ha visibilizado durante años un deporte minoritario y sentí que debía agradecerlo de alguna forma. Al mismo tiempo, llevo más de treinta años en la profesión y casi dos décadas como profesor, y quería volcar esa experiencia en forma de consejos reales sobre lo que se vive en una redacción: sueldos bajos, titulares cambiados, viajes familiares con el ordenador a cuestas, noticias que caen a última hora. Varios periodistas me han dicho que se han visto muy reflejados.

Entre confesión y manual de oficio

- Qué peso tiene la parte personal y qué peso la parte de manual para quien empieza?

- Hay bastante parte personal, pero en periodismo la vida y el trabajo van muy pegados: vivimos las 24 horas detrás de la información. Cuento vivencias familiares, incluso el hecho de que mi mujer y mis hijos casi nunca leen mis reportajes, pero siempre atravesadas por la mirada del periodista. Para los alumnos, el libro funciona como una prolongación de clase: les hablo de encontrar una buena percha, mantener un hilo conductor, no desesperarse si te cambian el título y entender cómo funciona realmente una redacción.

- Dices que las carreras de caballos son un deporte invisible, sobre todo en Cataluña. ¿Por qué y qué se pierde España al ignorarlo?

- Económicamente se pierde mucho: se calcula que un caballo genera siete u ocho puestos de trabajo, y en países como Francia o Reino Unido es un motor económico importante. Aquí el problema empieza por la falta de hipódromos: tenemos La Zarzuela en Madrid, el de verano en San Sebastián y el de Dos Hermanas en Sevilla; falta, por ejemplo, un hipódromo en Barcelona que impulse este deporte. Se suma la imagen de deporte de élites, la asociación casi exclusiva con la apuesta —que muchos identifican con ludopatía— y una regulación de apuestas fragmentada por comunidades que no ayuda a la visibilidad.

También nos falta un referente: un gran jinete o un caballo ganador que ponga este deporte en el mapa mediático, como ocurrió con Fernando Alonso en el automovilismo. En Cataluña, prácticamente soy el único periodista especializado y eso lo dice todo. Y, por supuesto, en un país tan volcado en el fútbol, el resto de deportes quedan en minoría.

- ¿Cómo haces para que el lector que no sabe nada de carreras no se sienta fuera?

- Tomando decisiones de lenguaje muy claras. Por ejemplo, en ochenta reportajes nunca he utilizado la palabra «turf», aunque sea la más habitual entre los especialistas. Prefiero hablar de carreras, pruebas, competición; si uso «turf», el lector general no me entiende y al aficionado tampoco hace falta explicárselo. Creo que esa claridad ha ayudado a que durante veinte años varios jefes de Deportes y directores hayan seguido apostando por estos textos y dándoles buena colocación en el diario.

- Qué idea de periodismo quieres transmitir a tus alumnos con este libro?

- Que el buen periodismo exige esfuerzo y especialización. Mi caso demuestra que se puede escribir durante veinte años sobre un deporte minoritario si se trabaja con rigor y buenas fuentes. A mis alumnos les digo que está bien saber de muchas cosas, pero que siempre hay que ser un poco friki en algo: un día alguien en la redacción pedirá a un especialista en ajedrez, o en carreras de caballos, y eso te puede abrir la puerta.

- ¿Está en peligro el reportaje reposado?

- Por desgracia, sí. La prisa, las redes sociales y la obsesión por la inmediatez están arrinconando al periodista que contrasta, cuida las fuentes y se toma tiempo. El libro es una invitación a no perder ese periodismo reposado que permite contar bien las cosas y firmar reportajes que se recuerdan. Lo que veo cada vez más es información «vomitada» sin estilo ni trabajo de fondo.

- ¿Qué es para ti el periodismo?

- Aunque también soy profesor, para mí hay una sola profesión: periodista. Me siento periodista y, en todo caso, hago de profesor. Ser periodista es vivir de lunes a domingo con los ojos abiertos, detrás de la información, sabiendo que unas veces la noticia se da y otras no, pero que tu misión es mirar y contar.

- Dices que el libro habla de ganar cuando escribes sin que nadie te mire. ¿Qué quieres decir?

- Hablo de la satisfacción íntima del trabajo bien hecho. No sé cuánta gente me va a leer, pero si yo siento que he hecho una buena pieza, para mí ya es una victoria. Todos los periodistas tenemos algo de ego y agradecemos que un colega nos diga «qué bien ha quedado», pero al final uno sabe si ha ganado o no al ver su propio trabajo.

- En plena expansión de la inteligencia artificial, ¿qué dirías a los periodistas tentados de usarla para escribir?

- La IA me preocupa mucho, sobre todo en la universidad. Veo alumnos que la usan para tareas que deberían hacer ellos y les digo que así están haciendo un aprendizaje muy pobre: no piensan, no buscan, no trabajan el título. Creo que su uso indiscriminado es perjudicial para el periodismo y desnaturaliza incluso la función del profesor, aunque también es verdad que muchos docentes caen en la tentación de usarla para preparar exámenes.

Imagino que, como pasó con Wikipedia, acabaremos adaptándonos y encontrando un equilibrio. Mi consejo es mantenerla lo más lejos posible del núcleo creativo del relato y usarla solo como herramienta auxiliar para comprobar algún dato o pulir algo concreto.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas